La doble muerte de Daijiro Kato

Shoya Tomizawa, el piloto japonés que falleció en Misano, lucía en su mono el dorsal de la que hasta ahora era la última víctima del mundial de velocidad

BORJA OLAIZOLA
Homenaje a Daijiro Kato. Llevaba el dorsal de su ídolo, que falleció en otro accidente en el circuito de Suzuka, en 2003./
Homenaje a Daijiro Kato. Llevaba el dorsal de su ídolo, que falleció en otro accidente en el circuito de Suzuka, en 2003.

Era una pequeña mancha amarilla prendida en su mono a la altura de la protección del hombro izquierdo. Para la mayoría de los aficionados, aquel enigmático número que lucía el joven piloto japonés Shoya Tomizawa, que oficialmente tenía asignado el dorsal número 48, formaba parte de la estrategia publicitaria de alguna de las muchas multinacionales que patrocinan el mundial de motociclismo. Sólo unos pocos estaban al corriente de su auténtico significado. Heredero pese a su juventud -19 años- de la arraigada tradición japonesa de respeto a los muertos, Tomizawa rendía con ese pequeño gesto un homenaje a Daijiro Kato, el gran ídolo del motociclismo nipón, que hizo del dorsal 74 su principal seña de identidad en su breve pero intensa carrera deportiva. Kato murió en abril de 2003 tras estrellarse con su moto a más de 200 por hora en el circuito de Suzuka. Tenía 26 años y hasta el pasado fin de semana era la última víctima mortal de las carreras del mundial. Lo que a buen seguro nunca llegó a imaginar el fogoso Tomizawa es que siete años después su nombre iba a quedar encadenado para siempre al de su ídolo en las listas negras de la estadística.

La muerte de Tomizawa ha sacudido al mundo del deporte y ha hecho recordar que el motociclismo de competición, más allá de su 'glamour', es una actividad de alto riesgo. Como en los toros, la tragedia despoja a las carreras de motos de sus ropajes de oropel y las sitúa en su verdadera dimensión: un circo en el que vence el que más y mejor sabe coquetear con la muerte. Puede que el perfeccionamiento de las medidas de seguridad permita que los accidentes mortales se espacien cada vez más en el tiempo, pero está claro que nunca conseguirá que desaparezcan. La tragedia del joven piloto japonés en Misano devolvió a la memoria de los aficionados más veteranos las imágenes de la terrible salida de pista que condenó de por vida a una silla de ruedas al estadounidense Wayne Rainey, entonces tres veces campeón de 500.Corría el año 1993 pero el circuito era el mismo.

Supersticiones

Tomizawa se aferraba al número del ídolo de su infancia -tenía 12 años cuando murió Kato- para conjurar los riesgos de bailar la danza de las dos ruedas a casi 300 por hora. Aún no había tenido tiempo de acuñar sus propios amuletos. Los pilotos se arman con el tiempo de un catálogo de supersticiones que convierten el momento previo a cada carrera en una compleja ceremonia. Valentino Rossi, que siempre lleva el dorsal 46, el mismo que lucía su padre Graziano cuando también corría en motos, se viste siempre en el mismo orden y antes de ponerse el casco se moja los dedos, se frota los ojos y comprueba que el pendiente está en su sitio. Además de estrenar en cada circuito un juego completo de cascos -cada uno de ellos con su propia decoración-, Rossi acostumbra a permanecer unos segundos agachado junto a la estribera derecha de su moto antes de empezar a rodar.

Dani Pedrosa hizo cambiar su dorsal de siempre -el 26- por el número 2 que le correspondía como subcampeón del mundo después de caerse durante una prueba en Malasia. Al catalán no le gusta que sea una azafata la que sujete el paraguas en la parrilla de salida y suele encomendar la tarea a algún miembro de su equipo. Una de las costumbres más extendidas consiste en llevar prendas con las que se han obtenido buenos resultados. Se dice que Alex Crivillé vistió por debajo del mono, durante la mayor parte de su carrera deportiva, la misma camiseta con la que había obtenido su primera victoria. En eso no se diferenciaba mucho del también ex piloto Kimi Raikkonen, que en sus muchas temporadas en la F-1 usó siempre el mismo par de calcetines porque le daban suerte. Tampoco falta el recurso a los motivos religiosos: Toni Elías no puede enfundarse el mono si antes no se cuelga una medalla de la Virgen de Montserrat, cuya efigie luce también en el manillar de todas sus motos de carreras.

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