Juan Ochoa, periodista y escritor

RAMÓN BARAGAÑO
Casona de Valdecarzana, en la que nació Juan Ochoa. / ARCHIVO RAMÓN BARAGAÑO/
Casona de Valdecarzana, en la que nació Juan Ochoa. / ARCHIVO RAMÓN BARAGAÑO

Al igual que les ocurrió a otros escritores, artistas y científicos avilesinos, la temprana muerte, a los treinta y cuatro años de edad, truncó la vida y la obra de un literato bueno y sensible que, pese a la fatalidad, nos legó una producción literaria corta pero de gran calidad en sus novelas cortas y en sus cuentos. Figura, con todo merecimiento, en varias antologías del relato corto no sólo asturiano sino también español.

Escritor y periodista, Juan Ochoa y Betancourt nació en Avilés, en la casona de Valdecarzana (hoy sede del Archivo Histórico Municipal), el 4 de noviembre de 1864. Era hijo de la cubana María Cleofé Betancourt y del avilesino Fernando María de Ochoa, matrimonio de acomodada posición económica. Su padre fue abogado, político y escritor, colaborador de varios periódicos, alcalde de Avilés desde el 12 de enero de 1861 al 31 de diciembre de 1864 y diputado regional de 1874 a 1877. Cuando Juan Ochoa contaba diez años de edad la familia trasladó su residencia a Oviedo, donde estudió Bachillerato y Derecho, al tiempo que comenzó a colaborar en varios periódicos regionales (entre ellos 'La Luz de Avilés', en el que publicó su primer trabajo) con temas de contenido político, aunque posteriormente la literatura ocupó toda su actividad.

Entabló amistad con Leopoldo Alas, 'Clarín', al que siempre admiró y que se convirtió con el paso del tiempo en su confidente y amigo del alma, y en el otoño de 1892 se instaló en Madrid, donde desempeñó la crítica literaria en el diario 'La Justicia', que dirigía su amigo Rafael Altamira. En la capital de España convivió con los asturianos Tomás Tuero, Pío Rubín y Armando Palacio Valdés, que mantenían una tertulia, conocida como el Bilis Club, en la Cervecería Inglesa. Pero su estancia en Madrid no duró mucho, ya que, quebrantada su débil salud, regresó a Oviedo en febrero de 1893. En la capital asturiana, enfermo de tuberculosis, se dedicó a dar largos paseos por el Campo de San Francisco en compañía de su entrañable amigo 'Clarín', aunque continuó colaborando en la prensa ('Madrid Cómico', 'La España Moderna', 'Barcelona Cómica"'..) y en 1894 publicó su primera novela corta. Pero su enfermedad siguió avanzando implacablemente, a pesar de los múltiples consejos sanitarios que Armando Palacio Valdés le dedicó, desde Madrid, en la correspondencia que ambos mantuvieron.

El 26 de abril de 1899 falleció, consumido por la tuberculosis, Juan Ochoa, buen escritor y mejor persona, muy apreciado por cuantos le conocieron. Dado que algunos autores, entre ellos su mejor biógrafo Manuel Fernández Rodríguez-Avello, fechan erróneamente la muerte del escritor avilesino, conviene reproducir la partida de defunción que se conserva en el Libro 76 de Defunciones del Juzgado Municipal de Oviedo: «En la ciudad de Oviedo a las diez y media de la mañana del día veintisiete de abril de mil ochocientos noventa y nueve (...) manifestando que don Juan José Ochoa Betancourt, natural de Avilés, término municipal de idem, provincia de Oviedo, de treinta y cuatro años de edad, y domiciliado en la calle de Campomanes número 18, falleció a las seis de la tarde del día de ayer a consecuencia de tuberculosis, de los que daba parte en debida forma como encargado del finado». Sólo dos años más tarde fallecía 'Clarín'.

Pese a su efímera vida, Juan Ochoa es autor de una producción literaria no muy extensa, pero sí de gran calidad y muy personal estilo. Además de un centenar de interesantes textos críticos ('Parola', 'Minuta' y 'Madrileñas') publicados en la prensa, algunos de ellos firmados con los seudónimos 'Miquis' y 'Madrid', publicó, con una prosa de enorme sensibilidad y fino humor, doce cuentos y tres novelas cortas. Estas últimas son: 'Su amado discípulo' (1894), 'Los señores de Hermida' (1896) y 'Un alma de Dios' (1898). La segunda de ellas, aparecida inicialmente en la revista 'La España Moderna', fue publicada después en volumen en Barcelona en 1900, en el número 21 de la bella Colección Elzevir Ilustrada, junto con varios cuentos, con un prólogo de Leopoldo Alas, 'Clarín', un artículo biográfico de Rafael Altamira e ilustraciones de Arturo Carretero. Recientemente, en 2008 fue reeditada en edición facsimilar por la Fundación Caja Rural de Asturias, con una presentación de Román Suárez Blanco y una introducción de José Antonio Mases.

Por lo que respecta al cuento, género en el que Juan Ochoa destacó especialmente como maestro del relato de lo cotidiano y lo íntimo, es autor de los doce siguientes: 'Cómo fue herido un héroe' (1889), 'Los días del padre Mirandón' (1891), 'Un genio' (1893), 'Historia de un cojo' (1893), 'Una flauta' (1893), 'Ramírez, poeta lírico' (1893), 'La última mosca' (1897), 'El vino de la boda' (1897), 'Rodríguez Chanchullo (D. Próspero)' (1898), 'Nube de paso' (1898), 'Información moderna' (1898) y 'Libertad' (1898). A esto hay que añadir una pequeña obra poética compuesta por dos poemas en prosa y catorce cantares, estos últimos incluidos en la edición póstuma de 'Los señores de Hermida'.

En 1987 el Instituto de Estudios Asturianos publicó, en su Biblioteca Literaria Asturiana, volumen IV, la obra 'Juan Ochoa. Novelas y cuentos', antología, edición, introducción y notas de Manuel Fernández Avello, en la que se incluyen las tres novelas cortas y diez cuentos de Ochoa, a cuya memoria el Ayuntamiento de Avilés dedicó una calle el 29 de septiembre de 1922.