Cuando tu próximo está tan lejos

RUBÉN FIGAREDO
Grupo folclórico del pueblo Pankararu/
Grupo folclórico del pueblo Pankararu

De la misma forma que las mareas dibujan sus huellas en la arena, las personas oscilamos entre seguir las modas que nos acercan al grupo, o marcar nuestro propio camino haciendo prevalecer nuestra personalidad por encima de las contingencias. Sin embargo hay muchos colectivos que no tienen la posibilidad de sumarse a la masa y dejarse llevar por su flujo. Ellos son diferentes, no visten igual, no hablan igual, la vida no les ha ofrecido la posibilidad de acceder a la cultura o no tienen la suerte de poder ver, oír, o moverse sin una silla de ruedas. Para todas estas personas la posibilidad de elección es mucho menor, en un mundo que rigen las mayorías, aplastando con su lógica numérica a los que son menos, o no tienen voz en este concierto de vanidades e intereses que es la vida. Estoy en Río de Janeiro, pero hoy no toca hablar de fútbol y samba. Es el momento de dar la palabra a mujeres como doña María das Neves, una campesina del Estado de Marañón que pensaba que jamás sabría manejar un ordenador porque, como dice ella, el sapo viejo ya no aprende a cantar. Hoy la tenemos sentada en un Encuentro de Diversidad e Independencia Cultural, que organiza el gobierno brasileño dentro del marco del Mercosul Cultural, y nos cuenta con lágrimas en los ojos como Ricardo, un joven director de cine, fue la primera persona que movió su mano gastada de trabajar en la tierra sobre el ratón del computador, abriendo para ella un mundo nuevo que le permite comunicarse con personas de todo el país en su misma situación. Este no es un encuentro como otros muchos, en los que sesudos conferenciantes o políticos de mentes vacías venden a la opinión lo que habría que hacer. Aquí profesores, artistas y trabajadores sociales nos sentamos a escuchar y aprender de los pescadores, las prostitutas, las costureras o los campesinos. El proyecto se llama Vidas Paralelas e intenta unir las experiencias de quienes aprendieron a través de sus manos y las de quienes nos formamos gracias a los libros. En el programa de actividades lúdicas es posible disfrutar de un concierto de hip-hop indígena, en el que los muchachos del Matto Grosso cambian las gorras de beisbol por tocados indígenas, o ver actuar a grupos musicales de sordos o de personas en tratamiento psiquiátrico. En este mosaico de colores, con perfumes de macumba y selva, bailan todas las minorías. Danzan los travestis cariocas reclamando su derecho a ser diferentes y también los grupos que investigan en las raíces del folclore afro-brasileño que provienen de los puntos más aislados del país, donde la sociedad de consumo aun no ha conseguido contaminar totalmente las fuentes del folclore y la tradición oral. El punto culminante llega cuando toma el escenario la Compañía Gira Dança de Natal, que practica la danza contemporánea con bailarines ciegos, con deficiencias psíquicas o en unas sillas de ruedas que saltan en pedazos y se olvidan ante la calidad de un arte con mayúsculas, que nada tiene que ver con la compasión o el paternalismo. Mientras, en España, se dedica en exclusiva todo un ministerio a propiciar políticas de igualdad para la mujer, olvidándose de la gran mayoría de excluidos que la sociedad deja fuera, además de fracasar en su finalidad a juzgar por su incapacidad para atajar el número de casos de violencia doméstica. Detrás de unos loables principios, que se podrían aplicar perfectamente desde cada comunidad autónoma, se descubre un ministerio de propaganda, que piensa ingenuamente, o de manera calculada, que con unas campañas de concienciación se va impedir que el maltratador repita unos comportamientos salvajes que en muchos casos aprendió en la niñez. Podemos llenarnos la boca con mensajes de tolerancia cero, pintar de morado los ojos de las actrices de moda o encarcelar a todos esos supuestos hombres y tirar la llave, pero si en vez de invertirlo todo en judicializar la vida, el estado mejorara una educación que da la espalda a los valores, el respeto y la lucha contra los prejuicios, tal vez esta sangría que nos llena de vergüenza se fuera reduciendo hasta llegar a nada. La dependencia emocional y la baja autoestima no tienen una solución jurídica, y la mujer maltratada dibuja su perfil con obstinación, formado por unas cuantas variables que se repiten en la inmensa mayoría de los casos. No existen sociedades perfectas, pero algunas lo intentan ser con todas sus fuerzas, mientras otras se emplean en exclusiva en la disputa con el vecino. Ese prójimo que está tan lejos.

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