«Sólo ensayo cuando tengo ideas»

El violonchelista, que actúa hoy a dúo con el músico Carlos Prieto, define al Niemeyer como «un medio cultural ideal» Yo-Yo Ma se gana al público avilesino con su sentido del humor en la clase magistral en el Palacio Valdés

RAFA BALBUENAAVILÉS.
Ximena Vera (izquierda), con Yo-Yo Ma (centro ) y Carlos Prieto (derecha), en la clase magistral de ayer en el Teatro Palacio Valdés. ::                             MARIETA/
Ximena Vera (izquierda), con Yo-Yo Ma (centro ) y Carlos Prieto (derecha), en la clase magistral de ayer en el Teatro Palacio Valdés. :: MARIETA

De Yo-Yo Ma se suele exaltar su virtuosismo, su abultado currículo de actuaciones, premios y éxitos discográficos y su atrevimiento a la hora de conjugar músicas de todo el mundo en una sola interpretación. Pero ayer el violonchelista de origen chino sacó su arma más demoledora para ganarse al público: el humor. A la espera de que hoy vuelva a fascinar con su soltura a la hora de tocar el violonchelo, de lo que también ofreció una pequeña muestra, el músico ya ha logrado que el público avilesino se rinda a una simpatía capaz de solventar cualquier problema técnico.

La clase magistral organizada por el Centro Niemeyer, e impartida en un Palacio Valdés lleno hasta la bandera, tuvo que sortear varias 'jugarretas' de los micrófonos y la traducción simultánea, que no funcionó al comienzo de la sesión. Por ello, la actriz avilesina Ximena Vera, encargada de presentar el encuentro, hubo de repetir la primera pregunta formulada al músico, al hilo de su actuación en la toma de posesión del presidente Obama. Yo-Yo Ma había arrancado dicharachero ante una audiencia en respetuoso silencio. Tan respetuoso que al ver cómo un técnico le acercaba un micrófono, el violonchelista se dio cuenta de lo que ocurría. «Deben disculparme, es una de las razones por las que creo que la tecnología nos atrasa a otras épocas». Fueron las primeras risas de una hora de animada charla. Y retomó la cuestión planteada asegurando estar «muy orgulloso» de haber tocado ante el presidente americano junto a músicos como Itzhak Perlman, Gabriela Montero y Anthony McGill en una ceremonia con partitura de John Williams.

Yo-Yo Ma estuvo acompañado en Avilés por el también violonchelista Carlos Prieto, mexicano de padre ovetense que dio el contrapunto pausado a las respuestas rápidas del que es considerado la cumbre del instrumento a nivel mundial.

Yo-Yo Ma toca un Stradivarius fabricado en 1712, y que fue propiedad del mítico Carl Davidoff, y que pasó a manos de la instrumentista británica Jacqueline du Pré en los años 70 del pasado siglo. Por ello, se considera «privilegiado» por poseer una pieza «cuyo valor no tiene precio». Prieto relató que él también posee un Stradivarius, y que hace años, en otro encuentro con Yo-Yo Ma, estuvieron tocando «una música dulce, como sólo estos instrumentos pueden ofrecer». Fruto de ello, esperaron nueve meses «y quisimos que naciese un hijo de dos Stradivarius», refirió Prieto, con un alusivo gesto de acunar por parte de la estrella de la tarde, que propició más risas. El resultado, 'Suite para dos violonchelos', del compositor Samuel Zyman, sonará hoy en el Palacio Valdés como parte de un programa en el que no faltarán piezas de Johann Sebastian Bach, una especialidad de este dúo de músicos.

Lección universal

Otra pregunta formulada por Ximena Vera versó sobre lo más importante que Yo-Yo Ma ha aprendido a lo largo de toda su carrera por el mundo. La respuesta fue meridianamente musical y filosófica: «El gran Pau Casals dijo en una ocasión que primero eres hombre, luego músico y después violonchelista. Eso es lo importante, una lección universal». En lo que discreparon Prieto y Yo-Yo fue en el método para ser un buen intérprete. Mientras el mexicano afirmó que «estudiar un mínimo de cuatro horas al día», el chino-estadounidense no dudó en definirse como «enemigo de los esquemas prefijados», razón por la cual «sólo ensayo cuando tengo una idea en la mente».

Dicho eso, ponderó «el ensayo sin instrumento, sólo con la cabeza», y bromeó al referirse a que «esos músicos que tocan diez horas al día tienen mucho mérito, pero se pierden la lección más importante de todas: vivir».

El resto de la clase magistral, ya convertida en charla desenfadada, estuvo conformada por las preguntas del público. A este efecto, se planteó qué se podía hacer para hacer de la música clásica una disciplina popular, no ceñida sólo a ambientes cultistas. «Para eso se han creado centros culturales», respondió el músico, rematando con gracejo si «¿alguno de ustedes ha oído hablar del Niemeyer?». El centro avilesino, en su opinión «es una propuesta ideal y que debe ofrecer cultura y artes, en su más amplia concepción, a coste cero para los ciudadanos». Esto es extensible al proyecto 'Ruta de la seda' con el que Yo-Yo Ma ha unido a historiadores y artistas para recuperar música medieval hecha entre el Mediterráneo y el Pacífico.

La lección finalizó con un avance del concierto de hoy: un movimiento de la citada suite, interpretada de modo dulce y melancólico. Los aplausos y la ovación cerraron el acto, que hoy promete revalidarse con el concierto.