Cascos no retornables

JAIME PONCELAARTÍCULOS DE SALDO

Hasta ahora sólo conocíamos los cascos de vidrio no retornable. También usamos bastante los cascos de plástico y hasta los 'tetrabrik', pero el PP de Asturias ha hecho una sustancial aportación al mundo de los envases: el Cascos no retornable. Tras la furibunda nota emitida el lunes por varios 'hoolingans' encapuchados tras el anónimo (aunque con siglas del PP), Francisco Álvarez-Cascos suma a su ya dilatado currículo vital el de envase no retornable, uniendo así condición humana a las aguas de Solares o Mondariz, La Casera o el aceite 'La niña de mis ojos', por poner algunos ejemplos.

En tiempos en que todos los envases son reciclables, llama la atención que el PP de Asturias siga apostando por el clásico botijo electoral, lleno de tipismo pero de una fragilidad contrastada, en vez de apuntarse a la sana costumbre de reutilizar lo que aún puede tener algún valor. El PP de Asturias tiene una estrategia política muy poco sostenible, nada ecológica, no hace más que generar residuos a su paso. Si Manuel Fraga hubiera sido militante del PP en Asturias, no habría pasado de ministro de Información y Turismo.

Cascos fue siempre el frasco de las mejores esencias de la derecha asturiana, la botella que contenía la pócima de la fuerza imparable. Fue muy apreciado por su continente y su contenido, por su diseño de estadista y por el fino perfume a poder que emanaba. Durante años, Cascos estuvo colocado en los mejores expositores de las trayectorias políticas a imitar, en las vitrinas mejor iluminadas, lanzando destellos elegantes y cálidos que atraían a toda una legión de admiradores.

Lo que son las cosas. Ahora, Cascos es un envase sin retorno, rechazado por sus antiguos discípulos que prefieren beber en vasos de cartón.