«La creatividad viene en el ADN»

El escultor lamenta que el consumismo haya hecho que el arte no se distinga en muchas ocasiones de la moda Richard Serra Premio Príncipe de las Artes

REDACCIÓNOVIEDO.
Richard Serra, ayer en el Reconquista tras su rueda de prensa. ::                             MARIO ROJAS/
Richard Serra, ayer en el Reconquista tras su rueda de prensa. :: MARIO ROJAS

El pintor que se hizo escultor por obra de Velázquez, el artista que miró a las Meninas y quiso dominar el espacio, el domador del acero y las formas recogerá hoy en Oviedo el Príncipe de Asturias de las Artes, un galardón que le acerca aún más a la España en la que nació su padre y en la que encontró la inspiración en una sala del Museo del Prado. Richard Serra habló ayer de su obra de hoy y de ayer, del arte con mayúsculas, del consumismo, las modas y el mercado, de espacios públicos, de crisis, de pedestales, pinceles y de las revoluciones artísticas del pasado y las que están por venir.

Fue ante las Meninas cuando decidió dejar la pintura para acercarse a la escultura. Fue entonces, a finales de los sesenta, cuando descubrió cómo Velázquez implicaba al espectador en el espacio, le hacía partícipe de la obra, cuando decidió dejar los pinceles. Entonces se puso a manos a su propia obra, con el espacio como material indispensable. Claro que si en Madrid vio la luz, la inspiración, la creatividad, le llegó ya mucho antes. «La idea de la creatividad viene en tu ADN», dijo ayer en Oviedo, antes de explicar que piensa que «puede que se produzca una sinapsis neuronal que nos permite hacernos cuestionar nuestro entorno, entender otras formas de formular ideas», confesaba, buscando también en su madre judía el origen primigenio de su arte. Un arte que, como recordaba, le ha acercado en numerosas ocasiones a España para presentar su obra en distintas muestras, con especial mención a la que se expuso en el Museo Guggenheim de Bilbao. «Mi relación con España ha sido continua en 25, 30 años, y puedo decir que el apoyo que he recibido de este país y la posibilidad de trabajar ha sido sobrecogedora, no estaría aquí si no fuera por ese respaldo», señaló el artista.

Tampoco estaría en Oviedo si no estuviera considerado el escultor vivo más importante del momento, si los críticos no hubieran visto en él un antes y un después en el mundo de la escultura. Reconocía ayer Serra su papel en la revolución de la escultura que se abrió a los espectadores, pero el mérito, dijo, es compartido con toda su generación. «Hubo un punto de inflexión que supuso quitar el pedestal y poner la obra en igualdad de condiciones con las personas, con los lugares, introducir el tiempo y el movimiento», recordaba, y lo hacía hablando en un pasado que para él sigue siendo presente, pero no para todos los artistas. «Ahora hemos regresado a los cómics, a los dibujos en los pedestales, a las superficies brillantes, hay un mercado del intercambio que tiene que ver con la convención, con el valor que tiene la obra y que yo creía que había desaparecido».

Ocultan sus palabras una crítica al consumismo que domina el mundo del arte en los últimos tiempos. De la invención y la experimentación se ha pasado a la creación de una industria cultural inmensa que mueve cifras millonarias y que supone una caída del potencial artístico. «El arte se ha convertido en parte de los intercambios que se producen en esta cultura consumisma y en cierta medida no se distingue de la moda», dijo. Él es de otra tradición, él piensa que «la vida es un nanosegundo», que hay que aprovechar las oportunidades y ser obsesivo para crear. «Yo me veo más como un constructor».

Pese a todo lo dicho, pese a que el mercado impera sobre el ánimo de innovar, Serra no es pesimista respecto al futuro del arte. Siempre habrá gente joven dispuesta a dar un vuelco. Esa es su misión. «Creo que lo inesperado siempre va a cambiar la situación tenga o no valor de mercado, y esperemos que eso suceda, que los jóvenes tengan su propia experiencia, que creen nuevos precedentes, que más que tener en cuenta el valor del mercado busquen una manera interesante de proceder como individuos», señaló. «Es mi esperanza, creo que va a suceder».

Habló también Serra de la relación del arte con el urbanismo y tampoco escatimó críticas. Señaló que determinadas intervenciones en espacios urbanos no han dejado de ser en ocasiones más que «decoración, un pequeño barniz» y en otras no han sabido convivir de forma acertada con la arquitectura del lugar, pero no significa que no siga apostando por ellas: «Estoy a favor de que exista el arte, bueno o malo, en espacios públicos».

No es momento para grandes intervenciones en espacios públicos. Son tiempos de crisis y eso se nota también en el arte. «Claro que la crisis afecta al arte, porque hay una realidad económica determinante, pero para los jóvenes esto no es importante», señaló. Quería expresar Serra su confianza en quienes apuestan por ser creativos y transgresores, que es ese, a su juicio, el papel del arte, y son capaces de encontrar la manera de crear.

Confesó ayer Serra no conocer las esculturas que adornan a Oviedo y que, a bote pronto, no parece que vayan a resultar de su agrado. «Sólo conozco la de Woody Allen», dijo, antes de reconocer públicamente su admiración por otros dos artistas con obras en Asturias y Premio Príncipe ambos, Eduardo Chillida y Jorge Oteiza.

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