Energía y claridad

RAMÓN AVELLOCRÍTICA MUSICAL

La directora estoniana Anu Tali es, como dice el fandango, «chiquita y bonita». Una mujer de rasgos físicos muy armoniosos y más bien pequeña de estatura. Tal vez por ello aparenta, antes de empuñar la batuta, una cierta imagen de elegante fragilidad. Pero no nos equivoquemos. Anu Tali no sólo sabe mandar a una orquesta como Napoleón a un ejército, sino que lo hace, por una parte con una energía volcánica en la que la batuta parece el bastón de un mariscal, y por otra, con una precisión de gestos transmitidos con sobriedad y sobre todo nítidos. Esta claridad de gestos es sólo el reflejo de la claridad de sus concepciones musicales. Anu Tali es, si no me equivoco, la única de las candidatas a la OSPA que interpretará dos conciertos de abono seguidos, y, además, con programas bastante diferentes. El primero de los programas -Bartok, Mozart- se escuchó el jueves en Avilés y ayer, en Oviedo. El segundo, se interpretará el próximo jueves, 9, en el Teatro de la Laboral y al día siguiente en Oviedo, estará dedicado a Elgar -el 'Concierto para Violonchelo y orquesta', interpretado por Adolfo Gutiérrez Arenas -hijo del gran organista afincado en Asturias Adolfo Gutiérrez Viejo-, y a Arvo Pärt, compatriota de la directora. En el 'Concierto para piano N.º3', obra póstuma de Bela Bartok, la tensión interna está más soterrada, es menos hiriente, disonante y expresionista que en otras composiciones de Bartok. Esta contención expresiva la captó con claridad y encanto, el pianista húngaro Dezsö Ránki, de fina, transparente y precisa ejecución. Entre los puntos culminantes de la versión, destacaría especialmente, el segundo movimiento, en el que se deslizan alusiones al tiempo lento del Cuarteto para cuerdas en la menor, de Beethoven. El carácter intimista del tema inicial, cantado como una oración en medio del campo, fue sublime. La cuerda de la OSPA consiguió en este pasaje, una tersura en la cuerda de una absoluta perfección. He disfrutado de una versión de contrastes, de detalles, y, sobre todo, de una sorprendente y contenida emoción. La Sinfonía 'Jupiter', de Mozart, fue la primera obra que dirigió Valdés como titular de la OSPA. ¡Ojo con las coincidencias! Respecto a la versión de Anu Tali, lo más evidente fue la solidez estructural y formal, que le llevó a sacrificar las subjetividades y ensoñaciones de la agógica -oscilaciones internas del tiempo - en aras de una versión enérgica y monumental. Tiempos más rápidos que los convencionales, fraseos cortados a cuchillo, y, sin embargo, una versión sorprendentemente tensa y no exenta de emotividad.