Avilés, 1918: la trágica muerte del actor Jambrina (y II)

RAMÓN BARAGAÑO
El multitudinario cortejo fúnebre del actor, a su paso por la calle de La Cámara. :: ARCHIVO NARDO VILLABOY/
El multitudinario cortejo fúnebre del actor, a su paso por la calle de La Cámara. :: ARCHIVO NARDO VILLABOY

Era el día que la compañía de Jambrina se despedía de Avilés, con la función de beneficio a su esposa, Eloísa Muro, y el estreno de la obra 'La tragedia del amor', original del propio actor. Las entradas estaban completamente agotadas y el público dispuesto a despedir cariñosamente a la compañía. Ese miércoles 6 de marzo de 1918, después de almorzar en el Gran Hotel, el apoderado de la Casa Ballesteros, Eduardo Hidalgo, propuso a Jambrina realizar una breve excursión por los alrededores de Avilés en el automóvil de la Casa, un Hispano-Americano de 60 caballos y matrícula 475 de Oviedo. Les acompañaban el gerente de la empresa del Iris, Serafín Álvarez García, y el chófer Ramón Pardo Prida.

El accidente

Tras visitar Salinas y Arnao, tomaron al regreso la carretera de Avilés a Piedras Blancas por El Caliero (hoy denominada carretera de La Plata). LA VOZ DE AVILÉS del día siguiente contaba con todo detalle el trágico suceso a sus lectores: «entre los kilómetros 2 y 3, a la salida de la curva donde se inicia la pendiente, en subida, sea para salvar algún accidente u obstáculo, o porque le faltase la dirección al auto, éste avanzó unos cuantos metros por el talud de la izquierda hasta perder la estabilidad y ser lanzado al campo contiguo, más bajo que la carretera». Serafín Álvarez, dándose cuenta del peligro, pudo lanzarse fuera del coche y resultó ileso; los otros tres viajeros cayeron con el auto y salieron despedidos a la primera vuelta. Eduardo Hidalgo recibió fuertes contusiones en pecho y espalda. Jambrina tuvo la desgracia de ser alcanzado «en su vuelco por el coche en la cabeza, y sufrió fractura de la mandíbula y del frontal del lado derecho con hundimiento del pómulo y toda la región lateral derecha, quedando muerto en el acto». El chófer continuó rodando con el vehículo unos ocho metros, sufrió la rotura de una costilla, magulladuras en una pierna y tuvo que ser sacado de debajo del coche por dos mujeres que pasaban por allí.

Los accidentados fueron socorridos en primer lugar por el doctor García López y poco después por el doctor Pérez, siendo trasladados a sus domicilios, donde los atendió el doctor López Ocaña. El cadáver de Jambrina, tras ser levantado por el juez, fue llevado al Teatro Iris, en cuyo vestíbulo se instaló la capilla ardiente. Allí fue velado toda la noche por sus compañeros y al día siguiente hubo que abrir las puertas y permitir el acceso al numerosísimo público que acudió, conmocionado y dolorido. La familia y la empresa de la Sociedad de Espectáculos acordaron que el entierro tuviese lugar en la tarde del jueves 7 de marzo, y al día siguiente, a las 10 de la mañana, celebrar el funeral en la iglesia de Santo Tomás de Cantorbery.

El entierro

La conmoción que produjo la muerte del joven actor en Avilés e incluso en Asturias fue inmensa. Los comercios y algunas industrias de la villa cerraron para facilitar la asistencia de sus empleados al entierro, al que acudió también muchísima gente de los alrededores (Salinas, Villalegre.), de Gijón (donde había actuado anteriormente) y de Oviedo (donde tenía previsto actuar después). Según LA VOZ DE AVILÉS, a las cinco de la tarde se puso en marcha el cortejo fúnebre desde el Iris, «siendo tal la concurrencia que sólo los que la hayan visto pueden formarse idea de su magnitud e importancia». El ataúd, precedido por todo el clero de las dos parroquias avilesinas y llevado a hombros por los actores de su Compañía y varios empleados de la Sociedad de Espectáculos, ostentaba tres magníficas coronas, una de la familia, otra de sus compañeros (dedicada 'a su hermano') y la tercera de la empresa del Iris.

Estaban presentes el alcalde de Avilés, José Antonio Guardado, los empresarios del teatro, una comisión del Círculo de la Unión Mercantil, otra del Stadium Avilesino, los empresarios de los teatros Robledo, de Gijón, y Jovellanos, de Oviedo, así como una representación del diario gijonés 'El Comercio', presidida por el conocido periodista Adeflor. Una inmensa muchedumbre acompañaba al cortejo y los balcones se hallaban repletos de gente llorosa. Fueron muchísimas las personas que, una vez despedido el duelo, acompañaron al cadáver hasta el cementerio de La Carriona.

Muchos de los espectadores que no pudieron presenciar la última actuación de la Compañía renunciaron a recobrar el importe de la entrada para ayudar a los artistas. El impacto de la trágica muerte de Bernardo Jambrina fue tan intenso en Avilés que perduró en la memoria colectiva de los avilesinos durante largo tiempo. Gracias a la buena memoria de mi amigo Fernando Álvarez Balbuena, puedo ofrecer una coplilla popular que él oyó cantar en su casa a una costurera llamada Luz, y que decía así: «Por las calles de Avilés / iba Jambrina en un auto; / cayó por un terraplén / y allí se quedó sin vida». El lugar en que se mató el joven actor fue conocido como la curva de Jambrina.

Como homenaje póstumo, su suegro César Muro editó el libro 'Repaso mis versos' (La Coruña, 1919), de 96 páginas, en el que el escritor gallego Ramón Fernández Mato recogió los poemas que había escrito y recitado Bernardo Jambrina con tanto éxito en los escenarios.

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