Nunca más a la orilla de San Lorenzo

Expertos en seguridad marítima consideran poco probable que en la actualidad pueda repetirse un caso semejante Hace 25 años que el 'Castillo de Salas' embarrancó y se hundió en Gijón

E. C.GIJÓN.
Hundimiento del puente y la popa del 'Castillo de Salas', después de que la mar rompiera el barco en dos a pocos metros del cerro de Santa Catalina. ::                             E. C./
Hundimiento del puente y la popa del 'Castillo de Salas', después de que la mar rompiera el barco en dos a pocos metros del cerro de Santa Catalina. :: E. C.

El 11 de enero de 1986 se produjo uno de los accidentes marítimos de consecuencias más indelebles en aguas asturianas, aunque con la fortuna de que no ocasionó daños personales. El embarrancamiento del granelero 'Castillo de Salas', con cerca de 100.000 toneladas de carbón siderúrgico a bordo, se dejó notar periódica y claramente en la arena de la playa de San Lorenzo, hasta que en 2003 fueron retirados sus restos de la bahía.

Aún así, todavía pueden aparecer algunas partículas de carbón que la marea oculta y hace aflorar a su capricho.

Lo ocurrido hace ahora 25 años está mucho más claro que las causas últimas del accidente y las responsabilidades que pudieran derivarse, ya que el acuerdo económico entre naviera (estatal) y Ayuntamiento, por una parte, y una nueva ley portuaria que derogó la vigente en el momento en que se produjeron los hechos que habrían de ser juzgados, por otra, sacaron el asunto de los tribunales.

Lo que es evidente, en todo caso, es que el 'Castillo de Salas' se encontraba el 11 de enero de 1986 fondeado en aguas portuarias de El Musel, que el temporal hizo que el barco garreara y que acabó encallado y partido en dos a pocos metros del Cerro de Santa Catalina.

Los expertos en navegación y seguridad marítima consideran poco probable que en la actualidad pueda repetirse un caso semejante, pero también hacen hincapié en que un accidente nunca es descartable y en que los medios modernos son más eficaces, ante un caso similar al del 'Castillo de Salas', a la hora de prevenir que a la de curar.

La misma zona de fondeo está ahora más alejada que entonces. No se trata ya de una cuestión de seguridad, sino de operativa portuaria, ya que El Musel ha crecido. Hace 25 años, sin embargo, los barcos que se veían forzados a fondear por falta de atraque se aproximaban lo más posible a la costa para propiciar que la tripulación de origen local pudiera desembarcar en pequeños botes para pasar unas horas con sus familiares.

El caso es que el 'Castillo de Salas' fondeó en un lugar perfectamente autorizado, pero a pocas millas del litoral, y el temporal que azotó la zona hizo que sus dos anclas fueran insuficientes para sujetar el barco en un fondo arenoso.

El libro 'Castillo de Salas, diecisiete años después' -escrito por Juan Carlos Arbex y editado por el Ministerio de Fomento tras extraer el pecio, en 2003- indica que «no hay demasiadas noticias de lo que pasó con la máquina principal del buque, pero resulta bastante probable que se gripara por falta de aceite. Si llegó a arrancar, no estaría en marcha durante mucho tiempo». El resultado de todo ello fue el embarrancamiento, que acabaría con el barco partido en dos pocos días después.

Los riesgos

Expertos consultados por este periódico indican que los remolcadores hoy disponibles, tanto los del puerto como los propios de Salvamento Marítimo, son mucho más potentes que los existentes en 1986, pero, aún así, no es seguro que pudieran sacar al 'Castillo de Salas' de las piedras una vez encallado.

Las mejoras que proporcionan la evolución tecnológica y una importante inversión del Estado en medios materiales y humanos se presumen más eficaces, en el campo de la prevención, ante un caso parecido.

Hoy existe en El Musel un Centro de Coordinación del Salvamento y Seguridad Marítima que vigila la posición de cada barco y puede avisar de forma inmediata si nota la mínima variación, de forma que la reacción de los tripulantes puede ser inmediata. Además, en el puerto gijonés tiene base un remolcador de altura que en más de una ocasión se situó al lado de barcos fondeados porque las condiciones marítimas lo aconsejaron. Los medios para predecir el tiempo son más fiables y la Capitanía Marítima vela para que los barcos fondeados tengan la «máquina lista», como llaman los marinos a «tener el motor caliente para que arranque a la primera», en cuanto las circunstancias sean mínimamente adversas.

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