La retirada del pecio y una escultura de Rubio Camín, colofón reciente al siniestro

Fomento decidió sacar los últimos restos del agua tras comprobar que eran origen de contaminación en la playa

E. C.GIJÓN.

Tras el accidente del 'Castillo de Salas', el temporal persistente en los días siguientes hizo fracasar los intentos de reflotar el barco y acabó por partirlo en dos. Los responsables del rescate o, si se prefiere, de minimizar los efectos del siniestro, optaron por remolcar la parte de proa para hundirla en una sima a más de 4.000 metros de profundidad y a unas 40 millas de Cabo Peñas, tras una polémica maniobra consistente en alijar parte de la carga arrojándola a la mar.

La popa fue desguazada y sacada de la mar en su mayoría, pero las autoridades consideraron que la parte inferior del barco podía servir de biotopo artificial y, para mantenerla sumergida, se llegó a aumentar el importe del contrato de desguace, según la citada crónica de Juan Carlos Arbex .

El caso es que el tiempo demostró que las piezas no extraídas, correspondientes a la 'zapatilla' del barco, serían un foco periódico de problemas por la aparición de manchas de fuel y carbón en la playa de San Lorenzo.

El convencimiento de que los episodios de contaminación procedían de los restos del 'Castillo de Salas' propició que el Ministerio de Fomento, en 2001, aprobara la limpieza del pecio y su posterior extración, como única forma de acabar definitivamente con esos problemas. Todo ello constituyó un importante reto técnico y presupuestario que no concluyó hasta el 10 de julio de 2003, con la extracción de la última de las diez piezas en las que había sido previamente dividido el pecio todavía hundido.

La primera parte de la operación deparó imágenes auténticamente espectaculares, por lo embadurnados en fuel que aparecían los trajes de los submarinistas que participaron en las labores de limpieza al final de cada inmersión.

El éxito de las operaciones hizo plantearse la posibilidad de que la extracción del contaminante fuera suficiente para evitar nuevos problemas en la playa. Sin embargo, la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima decidió al final proceder a la remoción. La grúa Cormorant trabajó frente al Muro de San Lorenzo desde el 3 de junio de 2003, día en que salió del agua la primera de las piezas (de 320 toneladas), hasta el 10 de julio del mismo año, cuando se extrajo la décima y última, de 450 toneladas.

Hubo que actuar con prisa para evitar el periodo principal de la temporada de baños, aunque la previa limpieza de la 'zapatilla' hacía improbables vertidos contaminantes.

Las impresionantes piezas fueron desguazadas en El Musel, pero, con una de ellas, el escultor Joaquín Rubio Camín dio forma a un escultura que recuerda, junto a la senda del Cervigón, un accidente que tiene ya difícil repetición.

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