Carta abierta a Francisco Álvarez-Cascos

JAIME FERNÁNDEZ-PAINO SOPEÑA

Muy estimado señor Álvarez-Cascos: No puedo evitar dirigirme a usted de forma pública después de ver y leer en prácticamente todos los medios -nacionales y locales- sus declaraciones del 30 de diciembre en Oviedo.

Lo primero que tengo que decirle, y lo hago desde el corazón pero también desde la cabeza, es que ha tomado usted la decisión correcta. La correcta, que, evidentemente y como suele suceder, es la más difícil, pero la correcta al fin y al cabo. Usted, no como nuestro ya antiguo presidente, ha tenido en cuenta la opinión de miles de personas, miles de asturianos, que creemos que es necesario un cambio en Asturias, y no sólo en Asturias. Digo 'nuestro' porque hasta el día 30 de diciembre yo también le consideraba mi presidente -así se lo manifesté por escrito, por supuesto sin recibir más respuesta que el silencio-, y digo 'antiguo' porque después de la indecente patada que ha propinado, a usted y a Asturias, no considero que sea digno de tal consideración por mi parte. El señor Rajoy ha llevado al Partido Popular a un pasotismo absoluto mientras espera a que el presidente del Gobierno se reduzca a cenizas por sí mismo; y eso no es política, es jugar al escondite. Además, por si esto fuera poco, desde 2004 se ha empezado a construir un partido acomplejado de su pasado, y eso es lo peor que le puede pasar a una formación como el PP. De lo que no se ha dado cuenta el señor Rajoy es de que el pasado, con el presente, es el que acaba forjando el futuro.

Usted ha tenido en cuenta lo que los asturianos consideramos urgente, y además lo ha interpretado muy bien. Porque es verdad que queremos poner fin a la hegemonía del Partido Socialista después de doce años de gobiernos nefastos y tragedias económicas, políticas y sociales. Pero no es menos cierto que los asturianos, más concretamente los simpatizantes del Partido Popular, también queríamos un cambio a nivel partidario. Coincido totalmente con usted en que no es de recibo en una democracia como la española, en un siglo como en el que estamos y en un partido que se rige por el «respeto a las personas» -así lo dicen sus Estatutos, tan vilipendiados e incumplidos últimamente- se hayan tolerado, aceptado y premiado calificaciones como las que ha tenido que soportar no sólo usted, sino todos los que le apoyamos. Pero los intereses de las altas esferas no suelen ser de cambios sino de apoltronamiento en escaños y sillones, y así nos va en Asturias y en España. No se torture, señor Álvarez-Cascos, el PP ha desaprovechado la oportunidad, y esa es una responsabilidad totalmente suya. Ya pagarán las facturas de este inmenso error.

Quiero manifestarle por escrito, ya que no puedo hacerlo en persona, aunque me gustaría, mi más sincero apoyo en la decisión que finalmente adopte con respecto a la candidatura a la Presidencia del Principado de Asturias. Cuenta usted con un entorno de personas sobradamente preparadas, como es el caso de la alcaldesa de Peñamellera Alta o los diputados regionales que le han apoyado, para acometer esta tarea. Soy consciente de que una decisión de este calado debe ser ampliamente meditada y ponderada. Pero hago mías sus palabras de estos días en Oviedo: pertenezco a «una generación de jóvenes que viven en la incertidumbre, que están bien formados pero que están abandonados a su suerte, impulsados a emigrar, olvidados por los poderes públicos, sin presente ni futuro en la tierra que aman». Así es. Y vemos en usted una esperanza para cambiar esta triste realidad.

Yo soy el máximo representante de más de 1.200 alumnos. Si bien es cierto que ni la mitad de ellos tienen, ni deben tener atendiendo a su edad, ideales políticos firmes, sí soy consciente de la realidad que muchos jóvenes viven hoy en día con respecto a la política. Es una realidad de desencanto, casi de repulsión, hacia una casta que ven corrupta, infame y ante todo inaccesible. Usted, después de su alegato del 30 de diciembre, está llamado a dirigir sus esfuerzos a cambiar esta percepción que, como apasionado de la política que soy, me apena y me duele. Usted está llamado a liderar un cambio político en Asturias sin precedentes en la historia contemporánea de España.

Cuente conmigo en todo aquello en lo que le pueda ayudar, para contribuir a que este cambio pase de las palabras a las realidades. Por Asturias.