«No descarto volver a Aída»

La actriz llega al Jovellanos con la obra 'Almuerzo en la casa de los Wittgenstein', y anuncia en primicia la posibilidad de regresar a la serie televisiva Carmen Machi. Actriz

ALBERTO PIQUEROGIJÓN.
Actriz. Carmen Machi dejó el papel de Aída hace dos años y medio («era ella o yo») y ahora se ve preparada para recuperarla. ::                             BERNARDO CORRAL/
Actriz. Carmen Machi dejó el papel de Aída hace dos años y medio («era ella o yo») y ahora se ve preparada para recuperarla. :: BERNARDO CORRAL

Hace dos años, Carmen Machi (Madrid, 1963) decidió abandonar la serie de televisión de mayor audiencia, 'Aída', con enorme disgusto de los millones de fieles que la seguían. Dos años que le han servido para emprender otras iniciativas, como la que trae el próximo sábado al Teatro Jovellanos o las muy elogiadas 'La tortuga de Darwin' o 'Platonov', al tiempo que ha ido reposando la idea de no negarse radicalmente a la reincorporación del personaje con el que obtuvo un éxito extraordinario. Aquí habla de los proyectos en los que vive actualmente inmersa, dejando para el final esa eventualidad que haría felices a cientos de miles de telespectadores. Cordial, lúcida y espontánea. Así es ella.

-La obra que llega al Jovellanos tiene la firma de Thomas Bernhard y aborda la vida del filósofo Ludwig Wittgenstein. ¿Un texto difícil para un público que no esté familiarizado con estos autores?

-El texto no es sencillo, pero hace que lo ames igualmente. Te envenena. Y Thomas Bernhard es contundente. Para quien no lo conozca, será una sorpresa y una oportunidad de acercarse a uno de los grandes autores contemporáneos, fallecido no hace mucho. Es un autor especial, único, diferente. Y su complejidad está llena de un sentido común aplastante.

-Como se sabe, Bernhard dejó escrito en su testamento que sus obras no pudieran representarse en el país donde nació, Austria. La relación fue de odio y da cuenta de que la vigencia de las obras es mucha. Trata el ser y el alma humanas en una dimensión intemporal, que en este caso se manifiestan alrededor de la esclavitud familiar, más en el aspecto espiritual que en el material. La gente sale de la función diciendo: «Así es la vida». Entienden el conflicto de un hogar enfermo, al que Wittgenstein acaba de regresar de un sanatorio psiquiátrico, reencontrándose con dos de sus hermanas. En la vida real, fueron ocho hermanos, tres de los cuales se suicidaron.

-¿La sabiduría hace sufrir más?

-Probablemente. Quizá el candor y la ingenuidad te permiten escapar de algunos dolores. Bernhard trata el personaje al modo de un alter ego y arremete contra todo, sin dejar de lado el rencor. Puede que ese rencor no sea indispensable para ser sabio...

-¿Qué dificultades ofrece su papel?

-Es un papel muy claro, que tiene como dificultad la memorización, porque Bernhard no emplea signos de puntuación, ni interrogaciones ni interjecciones y ninguna acotación. Hay que interiorizar a los personajes, lo que al final logra que los comprendas mejor. Yo soy la hermana mayor, una segunda madre, que renuncia a la vida por el hermano, quien a su vez no la soporta. Es un personaje triste que cree ser dichoso.

-La crítica la ha comparado con Amparo Rivelles...

-Es un piropo que me ha puesto colorada. Amparo Rivelles me ha enviado invitaciones a tomar el té y jugar al parchís por medio de una amiga común, lo que deseo hacer cuanto antes. A mí me parece una gran dama inglesa a la que admiro profundamente.

-¿Se le puede preguntar por Aída o hay sueños que se convierten en pesadillas?

-Nunca he tenido ningún problema con mi bendita Aída. Ocurre que soy una actriz a la que le gusta cambiar de personajes, que no se parezcan unos a otros. Y Aída no se acababa nunca, era ella o yo. Aunque la serie era supercreativa, con público en directo y una gente a la que quiero con el alma. Pero la popularidad era tremenda, no la puedes controlar y tenías que vivir las veinticuatro horas del día con el personaje. Hubo momentos asfixiantes y lo he pasado mal, aunque idolatro a esa mujer. Ahora, dos años y pico después, no descarto volver. Mantengo una excelente relación con Globomedia, que lo hace más fácil. Y ha llegado el instante en el que ya no siento rechazo, no plantearía una negativa rotunda. Incluso me haría gracia, porque tengo la impresión de que dejé la serie en un tiempo más remoto que los dos años de ausencia. Podría suceder que saliera de la cárcel (donde desembocó el pretexto para que interrumpiera el papel protagonista). Quién sabe...

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