El hallazgo de una tumba romana confirma la época de la necrópolis de Argandenes

Los investigadores habían encontrado hasta la fecha sepulcros de siglos posteriores

INFIESTO.
La tumba hallada que, por sus características iniciales, pertenece a la época romana. ::
                             NEL ACEBAL/
La tumba hallada que, por sus características iniciales, pertenece a la época romana. :: NEL ACEBAL

Siempre hubo indicios sobre la época a la que pertenecía, pero ahora parece que aquellas sospechas iniciales están fundadas. «Hemos encontrado una tumba claramente romana», sentenciaba ayer el arqueólogo Rogelio Estrada, responsable de las excavaciones que se han llevado a cabo durante los últimos tres meses en la necrópolis de Argandenes, en la parroquia de San Román (Piloña). El nuevo hallazgo «confirma lo que habíamos apuntado inicialmente», recuerda. Esto es, que «estábamos ante un edículo romano que había sido recuperado en los siglos posteriores». De hecho, hasta el pasado domingo los restos, tanto funerarios como óseos que se habían encontrado en Argandenes, pertenecían, calculan, «al siglo VI, VII y VIII». Ahora «podemos hablar del siglo IV», indica el arqueólogo.

Estrada afirma con rotundidad los hechos, que podrá probar más adelante, cuando se lleven a cabo las pruebas del Carbono 14 que confirmen las dataciones, ahora aproximadas. Sin embargo, las características de la tumba hallada este fin de semana coinciden plenamente con los sepulcros utilizados por los romanos. «Son tumbas mucho más cuidadas, hablamos de placas de pizarra encaladas». Una característica inexistente en el resto de túmulos que se encontraron en Argandenes hasta la fecha. «Algo inusual para otras épocas que no sean la romana ya que entonces había un ritual de enterramiento» casi elegante y que no tiene nada que ver con el resto de sepulturas descubiertas en territorio piloñés. «Hasta la estructura de la tumba es distinta», apunta Estrada. «Hay un cierto nivel de refinamiento a la hora de ejecutar todo lo que es inherente a la construcción de la tumba de los individuos, los morteros, el lucido...». Todo ello, claudica, «avala plenamente el planteamiento inicial que teníamos, que estamos ante un edículo funerario romano».

Y dentro de la última tumba hallada en este panteón, explica el responsable de la excavación, ultimaban ayer los trabajos para concluir, previsiblemente hoy, la recuperación del esqueleto enterrado en su interior. «Sólo nos queda desenterrar a un individuo y a una reducción de otro», explica Estrada. Porque dentro del sepulcro, «y esto era algo muy habitual», se desarmó un esqueleto para ponerlo a los pies de un nuevo difunto a enterrar. Ahora, ambos cuerpos, uno con el esqueleto completo y otro «reducido con todos los huesos mezclados» serán examinados también para datarlos.

Los últimos descubrimientos coinciden con la última fase de excavación en Argandenes. De hecho, las investigaciones de campo iban a terminar este mismo fin de semana, pero el importante yacimiento hizo prorrogar un par de días más los trabajos del equipo, hasta que se termine de desenterrar el hallazgo. Es cierto que desde hacía tiempo «afloraban restos romanos», reconoce Estrada. Pero no había nada tan claro hasta el momento como «los restos de esta última tumba que, seguro, pertenece a este panteón romano».

Un panteón en el que se hallaron varios sepulcros que sirvieron para enterrar a decenas de personas. Y aunque originariamente el edículo perteneciera a la época romana o tardorromana en Asturias, esto no impide que los individuos enterrados en su interior fueran posteriores a la fecha de creación del propio panteón. De hecho, «las tumbas que fuimos encontrando creemos que corresponden a épocas posteriores», algo que certifica que el mausoleo «fue utilizado a lo largo de varios siglos». Y es que, recuerda Estrada, hasta ahora «nos habíamos movido con individuos posteriores, señores que fueron a recuperar el panteón creado por los romanos (siglos VI, VII y VIII)». Concretamente se refiere al hallazgo de huesos de al menos una decena de cadáveres cuya fecha exacta de enterramiento está aún por determinar.

El paso siguiente será un trabajo minucioso en el laboratorio «donde tendremos que ordenarlo todo» y en la Universidad Autónoma de Madrid a donde «trasladaremos los esqueletos para que hagan el estudio correspondiente».

El equipo de Estrada «agotó» los trabajos que tenían planteados desde el principio. «Llegamos para documentar los vestigios» que aparecieron en la superficie a raíz de un movimiento de tierras previo a la construcción de un depósito de agua en la zona. Y se van después de «hallar varios enterramientos, agotando los depósitos arqueológicamente fértiles, donde existen evidencias de actividad trópica -restos de tumbas-». Su último hallazgo, además, certifica sus hipótesis iniciales. El panteón que ha sobrevivido a los siglos bajo la tierra de Argandenes se creó en la época romana, fue recuperado en los siglos siguientes y ahora sale a la luz para certificar un hallazgo único en Asturias. «No estábamos errados», sentencia Estrada.

Y podrían haber tirado mucho antes la toalla. Sobre todo por la inexistencia de financiación. Saben que alrededor del edículo destapado hay más tumbas, pero mantener una investigación sobrepasa los límites económicos personales. La Consejería de Cultura del Principado de Asturias tan sólo aportó 2.500 euros, una cantidad irrisoria que se agotó a las horas de iniciar la excavación.

Así que, para «quien quiera continuar», dejan Estrada y su equipo encaminada la investigación en «un edificio de época romana» que hoy taparán y sellarán con arena y una manta geotextil para proteger los restos». Argandenes es una mina de oro, un auténtico pasaje de la historia. Sólo necesita un empujón, económico, como siempre, para que todo lo que guarda entre la tierra sea sacado a la luz. Sólo hace falta que se incluya entre las prioridades del departamento de Cultura.