La feria que se hizo grande

En 1991 se estrenó Feten con nueve compañías, mucho entusiasmo y una escena muy diferente a la de hoy

Los niños crecen tan deprisa que, en un abrir y cerrar de ojos, se hacen mayores. Tanto que quienes en 1991 estrenaban sus ojos teatrales con ocho o nueve años en la recién nacida Feria Europea de Teatro para Niños y Niñas (Feten), hoy acuden con sus bebés a dejarse embobar por la magia del teatro. Veinte años cumple la feria que hoy arranca en Gijón (oficialmente lo hará mañana, aunque hoy se abre el programa) con más de un centenar de funciones y 65 compañías nacionales e internacionales tomando casi por completo la ciudad. Aquella primera vez eran nueve los grupos que mostraban su trabajo.

Carmen Gallo, una de las personas que dio a luz la feria, recuerda perfectamente cómo se gestó: «La idea nace de Santiago Sueiras, entonces director del Instituto del Teatro y las Artes Escénicas (precedente de la actual Escuela Superior de Arte Dramático), un buen día estando en Madrid y después de unas reuniones en el ministerio tuvo la idea de crear una feria para niños, porque no existía ninguna». Ella recibió la primera llamada con el runrún entusiasmado de Sueiras en la cabeza y ella dijo sí. Se formó un equipo y empezaron a trabajar. Los pioneros fueron Suerias, Gallo, Arturo Castro y Rosa Garnacho, tardaron cuatro o cinco meses en elaborar el programa y consiguieron convencer a las instituciones para que les dieran su apoyo. El Principado asumió el liderazgo económico, Cajastur no se quedó atrás y el Ayuntamiento de Gijón se convirtió en colaborador. Y se levantó el telón en la ya desaparecida sala Quiquilimón, el Barjola, la Cátedra Jovellanos... hasta que cuatro años después se bajó durante un año entero por un cambio de Gobierno en el Principado. Después, el Ayuntamiento de Gijón, a través de la Fundación Municipal de Cultura, se hizo cargo de la organización y desde entonces hasta hoy no ha parado de crecer. Tan deprisa como los niños. Mucho han cambiado las cosas desde aquel año 1991.

El teatro para niños como tal prácticamente no existía más allá de los títeres y las producciones eran otra cosa. «Las programaciones que había estaban hechas con mucho voluntarismo, había muy pocas salas y no había espacios dedicados a los niños», desvela Carmen Gallo, que recuerda producciones hechas «con muchas ganas, con mucho esfuerzo y con muy poco dinero». También es testigo de ese cambio Marián Osacar, que dirige Feten desde 1996. «Calcula que hemos pasado de tres o cuatro mil espectadores a más de 27.000 que tuvimos en la edición pasada». Las cifras hablan de un crecimiento brutal. En 1996 estuvieron en Gijón 15 o 16 compañías y unas cuarenta presentaron sus proyectos para estar; en esta última edición, más de 500 optaron a plaza y 65 la tienen reservada durante toda la semana. Todas quieren estar aquí porque es el mejor escenario para vender su trabajo, para tener funciones durante todo el año. Pero más allá de las cifras está el teatro. O mejor dicho, están las artes escénicas, porque esté año de celebración Feten, que más que unas siglas «es una marca», en palabras de Osacar, ha cambiado de apellidos.

Sigue siendo Feria europea para niños y niñas pero ahora cambia el término teatro por el de artes escénicas. Hay danza, magia, musicales, títeres, ópera, calle, objetos, clown... El abanico se ha abierto de la misma manera que las compañías se han especializado y la demanda de este tipo de espectáculos ha crecido de forma exponencial y se ha cambiado el concepto de público. Antes, se llevaba a los niños a las salas, se les dejaba allí y se iba a por ellos finalizada la función; hoy se busca que los adultos acompañen a los peques y disfruten tanto como ellos. Marián Osacar pone un ejemplo muy elocuente de esa transformación. Aracaladanza, una compañía madrileña que el año pasado se llevó el premio gordo de Feten, está especializada exclusivamente en danza para niños y «eso era algo impensable hace veinte años». También lo era hacer teatro para bebés. Hoy es una realidad que triunfa en toda Europa. Es también llamativo cómo la ciudad ha ido haciendo suya la feria. «Yo recuerdo que los primeros años, en las funciones abiertas a todo el público (las hay concertadas con escolares), nos costaba llenar, recuerdo algún espectáculo maravilloso en el que éramos muy poquitos», dice Marián Osacar. Eso ya no ocurre: «La ciudad ha acogido la feria como un evento propio». El público lo espera, lo sigue y llena las salas. Quizá sin darse cuenta de que niños y mayores tienen la oportunidad de ver a las mejores compañías nacionales e internacionales (aunque sea europea, en alguna ocasión han viajado a Gijón espectáculos canadienses o latinoamericanas). Los niños de Gijón son no solo los primeros ojos para un buen número de estrenos sino también los soberanos que decidirán con sus risas y sus aplausos.

«Nuestros niños de alguna manera deciden qué van a ver otros niños», dice Osacar. Los programadores desplazados a Gijón miran sus gestos y deciden en función de lo que ellos dicten tras cada espectáculo. Es la primera y mejor feria para la infancia y eso que con el tiempo le ha salido competencia. Lo que no cambiado es la magia. El teatro es pura artesanía. Vende momentos únicos que no están en la pantalla de un ordenaador o en un videojuego. «Lo importante es la mirada ilusionada de un niño que, aunque tiene al alcance las nuevas tecnologías y muchísimos estímulos audiovisuales, de pronto alguien se le pone en frente con un muñeco o con una bola y es capaz de engancharse, de sentir el imán, esa es la magia del teatro, eso es lo que hace que cada año cuando llegan estas fechas diga eso de 'una y no más Santo Tomás' y al año siguiente vuelva otra vez», afirma Marián Osacar. Claro que la magia también se sirve de esas nuevas tecnologías, de esos recursos audivisuales, de todo lo nuevo, que se ha ido incorporando a los espectáculos. Porque la escena ha evolucionado con los tiempos y se adaptado a ellos.

Detrás, con más o menos tecnología, siempre hay lo mismo, un equipo que trabaja día y noche para poner en marcha doce o trece funciones diarias durante siete días en horario de mañana, tarde y noche. «Feten se ha hecho durante estos veinte años gracias al trabajo de un colectivo, de los que lo iniciaron, que siguen apoyándonos, y de todo el equipo de la Fundación, de los técnicos que curran muchísimo, del personal de Jovellanos... Es el resultado del esfuerzo de mucha gente». A veces también tiene mucho de milagro el teatro. Hay anécdotas para aburrir de veinte años y cientos de funciones, como aquella vez que Iberia perdió una escenografía y en menos que canta un gallo se improvisó un caballo para un don Quijote de una compañía canaria. El espectáculo debe continuar siempre.