Gijón toma el pulso a los océanos

La Expedición Malaspina permitirá elaborar un catálogo biológico y físico de los océanos con un nivel de detalle sin precedentes Los investigadores del Oceanográfico circunnavegan la Tierra en la Expedición Malaspina

GIJÓN.
Juan Bueno y Laura Alonso, a unos pasos de la sede del Centro Oceanográfico de Gijón, apenas llegados de la Expedición Malaspina. ::                             ÁLEX PIÑA/
Juan Bueno y Laura Alonso, a unos pasos de la sede del Centro Oceanográfico de Gijón, apenas llegados de la Expedición Malaspina. :: ÁLEX PIÑA

La gran apuesta española en investigación oceanográfica, la primera edición de la Expedición Malaspina, cuenta con una destacada participación de investigadores del Centro Oceanográfico de Gijón. En cada una de sus etapas, al menos un científico del centro asturiano participa en este viaje que pretende circunnavegar la Tierra a bordo del buque oceanográfico Hespérides y crear el primer inventario coherente y de alta resolución del impacto del cambio global en el ecosistema del océano, así como explorar su biodiversidad, particularmente en el océano profundo.

Esta semana acaban de volver a Gijón Laura Alonso y Juan Bueno, que formaron parte de las aproximadamente cuatro decenas de científicos que cubrieron la etapa de la Expedición Malaspina de Río de Janeiro (Brasil) a Ciudad del Cabo (Sudáfrica), entre el 17 de enero y el 6 de febrero. Alonso desarrolló estudios de biodiversidad microbiana en toda la columna de agua, desde la superficie hasta profundidades de unos 4.000 metros, en una zona del Atlántico Sur que, según explican ambos, «por el momento era un sorprendente desierto de datos científicos».

Éste es, precisamente, uno de los grandes valores de Malaspina. Los muestreos científicos oceánicos se centran habitualmente en estaciones de toma de muestras ubicadas en costas y en islas (en ocasiones en mitad del Pacífico o el Atlántico), pero hasta el momento «los registros del océano abierto y de las zonas mesopelágica (entre los 200 y los 2.000 metros de profundidad) y batipelágica (de ahí hasta el fondo) son prácticamente inexistentes», subraya Alonso.

Sobre estas líneas, la propia Laura Alonso aparece junto a uno de los ingenios con los que se recogen las muestras microbiológicas: la roseta. Se trata, explica la investigadora, de un conjunto de «23 botellas y la 'Nachobotella', que se van cerrando a distintas profundidades desde la superficie hasta los 4.000 metros» y recogen testigos de agua con sus diversas poblaciones de microorganismos. La 'Nachobotella' tiene un conjunto de redes de filtración altamente especializadas que permite una recogida mucho más selectiva. Además, la roseta va equipada con sensores de salinidad, de saturación de oxígeno, de temperatura, de fluorescencia yvarios parámetros biológicos y físicos adicionales. Y cuenta con una cámara que operaba Juan Bueno con la que se filmaba la columna de agua para analizar lo que se conoce como 'nieve marina', las partículas orgánicas en suspensión, que son básicamente agregados de materia orgánica y microorganismos que se nutren de ellos.

Universidad de Oviedo

El estudio de la 'nieve marina', con un software que está desarrollando la Universidad de Oviedo, permitirá evaluar parámetros con repercusión a nivel mundial. Por ejemplo, en qué medida los microorganismos remineralizan el carbono de dichos compuestos orgánicos o lo liberan en forma de CO2. ¿Por qué es esto relevante? Porque la masa de agua profunda en la que esto ocurre es tan ingente que una modificación de dicha liberación de CO2 o de la remineralización del carbono puede tener consecuencias a nivel planetario, tanto en el calentamiento global como en la acidificación del mar. Y esto se aplica no sólo al ciclo del carbono, sino a otros muchos elementos.

No sólo eso. Mientras el equipo en el que se integra Alonso recoge y evalúa información genética y metagenética, otros equipos científicos a bordo del Hespérides efectúan sus propios estudios. Por ejemplo, el de Juan Bueno, cuyo campo de estudio es el zooplancton, en particular el gelatinoso (medusas, salpas, ctenóforos, cnidarios...). Y aunque el enunciado sea árido, los efectos de estos estudios son básicos para los intereses humanos. Por ejemplo: En la cercanía de la costa sudafricana, en la zona aún atlántica, una corriente de agua fría procedente de la Antártida hace que afloren a la superficie masas de agua fría con muchos nutrientes. Y en la Expedición Malaspina se han encontrado cantidades de medusas y salpas superiores a lo esperado, lo que es indicativo de que se han sobreexplotado los caladeros, puesto que las medusas sustituyen a las especies de interés pesquero en cuanto se encuentran una zona de nutrientes no suficientemente utilizada.

Ahora, el Hespérides navega hacia Perth, donde se incorporará el gijonés Fernando Piñón, para estudiar también el zooplancton. En Oakland será Mikel Latasa quien tome el relevo gijonés, para analizar el fitoplancton, y en Honolulu se embarcará Paqui García, para estudios microbianos, en tanto que Sofía Salnavega en el otro barco de Malaspina, el Sarmento de Gamboa, con un proyecto de análisis de metabolismo.