Cuando el juego salva vidas

El servicio cinológico del cuartel de la Guardia Civil de Gijón trabaja con ocho perros adiestradosLos animales son expertos en rescate de personas, seguridad, búsqueda de explosivos y localización de estupefacientes

OLAYA SUÁREZGIJÓN.
Perrera del cuartel de la Guardia Civil de Gijón. ::                             LUIS SEVILLA/
Perrera del cuartel de la Guardia Civil de Gijón. :: LUIS SEVILLA

Para ellos su vida es un juego. Para el resto, algo muy serio. Los ocho perros que forman parte del grupo cinológico de la Guardia Civil, lo que habitualmente se denomina la unidad canina, son los agentes con más olfato de toda la comandancia. Y también probablemente los que más atenciones reciben. «Es como tener un niño. Hay que estar todo el día pendiente del animal: darle de comer, asearlo, sacarlo a pasear, entrenarlo, jugar con él... pero compensa», asegura uno de los guías caninos del cuartel.

Son Archie, Fico, Ducky, Anka, Frodo, Charly, Deny y Darko. Expertos en rescates, detectores de droga o especialistas en la localización de explosivos. No se les pasa ni una. Lo mismo encuentran droga en una maleta que determinan el lugar en el que se halla una persona, como fue el caso recientemente del pastor alemán Archie. Localizó el cadáver de un vecino de Cangas de Onís desaparecido seis meses antes. «Después de dos horas de batida lo encontró semihundido en un arroyo. Cuando el resultado es positivo es muy satisfactorio», dice su guía. Y casi siempre lo es. El grado de resolución de casos por parte de los animales es altísimo. «Son muchas horas dedicación y de entrenamiento», explican.

No todos los perros sirven. «Tienen que ser equilibrados, templados y sociables», principalmente los dedicados a la búsqueda de explosivos y de seguridad, acostumbrados a frecuentar aeropuertos, centros comerciales, eventos multitudinarios.

Por razas las más numerosas en el cuartel de Gijón (que tiene todo el Principado como ámbito de actuación) son los pastores alemanes y belgas. Hay también una 'sabuesa' (la única hembra) y un 'golden retriever'. «La vida de estos perros suele ser más corta que los de compañía. Se gastan más por el intenso trabajo», especifican los guías.

Son adiestrados en el centro especializado que la Guardia Civil tiene en Madrid. Les enseñan jugando. Buscando la recompensa de un rodillo mordedor. El estímulo-respuesta es repetido incansablemente hasta que los animales son capaces de ladrar si detectan sustancias estupefacientes, personas perdidas o cadáveres, y de señalar si huelen explosivos. «Jamás de los jamases se les droga para conseguir que tengan síndrome de abstinencia y busquen la sustancia. Eso es una leyenda urbana», aclaran.

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