«El efecto de la guerra es el mismo hace 75 años en Gijón que hoy en Libia»

«Gijón fue una de las primeras ciudades de España en ser bombardeada, sólo tres días después del inicio de la guerra civil» Héctor Blanco Historiador, comisario de la exposición 'Gijón bajo las bombas'

O. ESTEBANGIJÓN.
Héctor Blanco, ante uno de los paneles, con imágenes de las bombas SC-250. ::                             JOAQUÍN BILBAO/
Héctor Blanco, ante uno de los paneles, con imágenes de las bombas SC-250. :: JOAQUÍN BILBAO

El Teatro Dindurra en ruinas, como el Palacio de Revillagigedo. Edificios destruidos por toda la ciudad. También los depósitos de Campsa. Heridos en decenas de camillas en el Hospital de Caridad. Bombas SC-250 utilizadas por la Legión Cóndor sobre Gijón. Carteles con instrucciones a seguir en caso de bombardeo aéreo. El sonido de las sirenas... 75 años después, la ciudad rememora por primera vez los quince meses que vivió bajo el terror de las bombas: entre julio de 1936 y octubre de 1937. Y lo hace con una exposición, en la Biblioteca Jovellanos, comisariada por Héctor Blanco y organizada por la Concejalía de Memoria Social, la Consejería de Bienestar Social y Ateneo Obrero de Gijón. La inauguración, hoy, a las 19.30 horas.

-¿Por qué hasta ahora se ha hablado tan poco de los bombardeos que sufrió Gijón y tanto de otras cuestiones de la Guerra Civil?

-Primero, porque el propio régimen intentó ocultarlo e, incluso, atribuirle la autoría al bando republicano. Un ataque militar sobre poblaciones civiles indefensas no era motivo de vanagloria. También, porque es la parte de la guerra que se refiere a la vida cotidiana de la gente corriente... No hay aquí grandes nombres, ni gente conocida, ni grandes gestas militares... Es gente corriente y la gente corriente pasa por la vida como puede...

-Pero incluso en los años siguientes no ha sido un tema a investigar. Ni siquiera los refugios, que quedaron abandonados.

-En los años inmediatos a la posguerra ya no se difunde este tema. Sólo se difunden las gestas, lo que el Estado considera oficialmente memorable. En el caso de Gijón, hay cantidad de información sobre Simancas, pero el resto no interesaba, no se iba a incluir en ningún libro de la gloriosa guerra del Movimiento Nacional. Y, por otro lado, en cuanto se reconstruye la ciudad y la gente vuelve a la vida normal, lo que no ves, no lo tienes presente. Había refugios que tenían antes de la guerra, y recuperaron, luego usos concretos, como los sótanos y portales. Y los que se construyeron específicamente para ese fin, como búnqueres y túneles, desaparecen cuando se reconstruye la ciudad o quedan ocultos en el subsuelo. De lo que no se habla y no se ve se olvida con facilidad.

-¿Sufrió Gijón bombardeos diarios?

-No. Hubo dos picos en cuanto a intensidad de los ataques. El primero va del 29 de julio de 1936 y el 10 ó el 15 de agosto de 1936. Corresponde con los momentos más fuertes del sitio de los cuarteles de Simancas y El Coto. En ese momento están bombardeando la ciudad un barco de guerra, la aviación nacional y la republicana y la artillería republicana, que ataca los cuarteles, más la artillería que sale de los cuarteles para defenderse. Coincide con el inicio de la guerra, la gente no sabe lo que sucede, no lo ha visto nunca, no sabe qué hacer y muchos huyen de Gijón. El segundo pico se da entre agosto y octubre de 1937, con bombardeos casi diarios, a veces más de uno al día, con la participación de la Legión Cóndor, es decir, la maquinaria bélica más moderna y sofisticada que existía, con bombas de 250 kilos.

-Considerables...

-Más teniendo en cuenta que las que se usaban al principio de la guerra eran de entre 12 y 60 kilos. Por el medio hubo ataques esporádicos. El objetivo principal era el puerto, pero hay una conciencia clara de que la ciudad era un objetivo bélico per se. Ya en agosto de 1936 empieza a haber bombardeos que a la vez que van a atacar objetivos bélicos dejan caer bombas sobre el casco urbano. Por tanto, hay una conciencia rápida de que la ciudadanía está indefensa frente a la estrategia bélica. En noviembre de 1936 se activa una organización coordinada para la protección civil, basada en la habilitación de refugios. Gijón es una de las primeras ciudades bombardeadas de España: el primer bombardeo fue el 22 de julio, y aquí la guerra oficialmente había empezado el 19. Y el último fue el 20 de octubre de 1937. Fueron 15 meses con bombardeos y la población sabe que en cualquier momento puede estar en peligro. Esa es la parte más peculiar, la imprevisión...

-El no saber... Supongo que cuando suenan las sirenas los aviones ya están encima.

-En unos minutos. No hay radares. Y hay avisos que no se corresponden con ataques, pero el efecto de pánico, de miedo, de dejar lo que estabas haciendo, ir al refugio... Todo es igual, aunque luego no cayeran bombas.

-Incertidumbre las 24 horas...

-Sumada a las cartillas de racionamiento, a no saber qué le pasa a la gente que tengas en el frente... A todos los miedos y penalidades que supone la guerra.

«Gente indefensa»

-Víctimas fueron todos, pero ¿se sabe cuántos muertos hubo?

-Aquí en Gijón no es posible llegar a un cómputo total, porque lo que consta son los registros civiles. El forense certificaba la causa orgánica de la muerte, pero no qué te había causado eso. Los números son muy engañosos. Tan grave es que hubiera cinco como quinientos muertos, en una guerra absolutamente innecesaria como esta. Mi objetivo no era buscar cifras...

-¿Qué quería trasladar?

-Intentar dar una visión del efecto de la guerra sobre la gente corriente, que es el mismo hace 75 años aquí y hoy en Libia: gente indefensa a la que de repente se les echa encima una serie de proyectiles, que se los cargan, y queda ahí como si fuera algo normal. Uno de los objetivos era contar la experiencia de esa gente. Por eso hice el trabajo al revés. En lugar de empezar con la documentación, con el archivo, empecé por los testimonios y las entrevistas.

-¿Cuántos ha conseguido?

-En el libro que acompaña la exposición hay recogidos 14, de los que diez son inéditos. Son testimonios de gente que eran niños, que vivieron la guerra en Gijón, en distintos barrios.

-Con la importancia que tiene conseguir testimonios de una generación que va a desaparecer...

-Tienen una media de edad de más de 80 años... Esta década va a ser la última en la que podremos contar con el privilegio de poder registrar esa parte de testimonio oral.