Luz sobre el arte rupestre

Este viaje al pasado arranca con el descubrimiento, para adentrarse en la geología de las cuevas, el arte mueble, el gran panel y los tesoros pictóricos ocultos El Centro de Tito Bustillo se sirve de las más novedosas técnicas museográficas para mostrar todo el pasado oculto en la oscuridad de una cueva repleta de arte EL COMERCIO 'abre' las puertas del nuevo museo de Ribadesella cuando solo faltan dos días para su inauguración

M. F. ANTUÑA
En la parte final de la visita, se recrea la cueva en color blanco y se crean tres pequeñas capillas dedicadas a varias galerías artísticas. ::                             FOTOS LUIS SEVILLA/
En la parte final de la visita, se recrea la cueva en color blanco y se crean tres pequeñas capillas dedicadas a varias galerías artísticas. :: FOTOS LUIS SEVILLA

Se ha buscado iluminar el pasado, poner los focos sobre las pinturas y grabados de 20.000 años ha para acercarlos a hoy con las más modernas técnicas museográficas. El Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, que el martes se inaugura oficialmente, está ya listo para mostrar lo oculto, lo que una visita a la cueva aledaña no permite ver, y para enseñar los cómos y los porqués de aquellos artistas paleolíticos y las cuevas que habitaron y decoraron con caballos, bisontes, uros, renos y vulvas.

Paneles de metacrilato fresados y rodeados de led (diodo emisor de luz) para ofrecer una iluminación uniforme, una pantalla holofilm de doble cara, emulaciones y reproducciones de las galerías de la cueva y de su arte mueble se sirven sobre una arquitectura muy colorista de estética high tech que huye del artificio para dejar a la vista columnas y trust de acero. Eso es solo una parte del nuevo equipamiento cultural cuya visita se realiza en aproximadamente 45 minutos y que se estructura en seis áreas o ámbitos muy diferentes. Así es el viaje al pasado.Todo empieza en el pasado más reciente, en 1968. Entonces, los miembros del grupo montañero Torreblanca hallaron de forma casual las pinturas que hoy son motivo de culto. Al descubrimiento se dedica la primera de las áreas del centro. Aquí se muestran los únicos originales que se podrán ver en todo el recorrido: los cascos de algunos de los expedicionarios, sus lámparas de carburo, piquetas, martillos... Se envuelve todo en un ambiente de espeleología, con las piezas expuestas sujetas por cuerdas atadas con nudos de escalada, con una iluminación ad hoc y con algunos de los protagonistas en pantalla de doble cara relatando cómo fue aquel día en el que «al descongarse por una sima... una joya del paleolítico». Es esa frase la inspiración de este espacio que se acompañan de un buen número de paneles con los recortes de prensa con informaciones del hallazgo. Esos paneles, como los de todo el equipamiento, son muy especiales. «Son paneles de metacrilato a los que se les hace un fresado y se les incorporan unas tiras de led en el perímetro», relata Juan Trueba, de la empresa Empty, que se ha encargado de la museografía. El fresado de la pieza hace que la luz vaya hacia el espacio central logrando uniformidad en la iluminación. Se trata de un sistema que se empleaba en el cine y está empezando ahora a utilizarse en los museos.

La siguiente escala se adentra en la geología, en el complejo sistema kárstico del macizo de Ardines en el que se inscribe esta cueva formada por el cauce subterráneo del río San Miguel. Dos enormes mesas dan explicaciones cumplidas. La primera de ellas acoge una gran maqueta del macizo sobre la que se realiza una proyección a través de la que se explica cómo han llegado a formarse las singulares oquedades adornadas por estalactitas, estalagmitas, columnas y coladas. «Esta maqueta está hecha de una sola pieza, es una lámina completa a la que se ha realizado un escaneado en 3D y mediante una máquina de cuatro ejes se ha ido tallando», detalla Trueba. La maqueta toma vida con las proyecciones que aportan más información, tanta como la instalación aneja en la que se representa sobre una mesa retroiluminada toda la cueva y sus difernes galerías. Hay más paneles sobre las paredes negras que conducen al espacio dedicado a saber un poquito más sobre los habitantes de las cuevas paleolíticas.

La tercera parte de la visita se adentra en la vida diaria de los cazadores y artistas que durante el periodo Magadaleniense moraron sus frías paredes calizas. Los resultados de la investigación ven la luz de forma triangular. El porqué de esa geometría se esconde en la geología: «Hemos intentado hacer un ejercicio de arquitectura que consiste en sintetizar al máximo lo que es una formación geológica, y la cristalización se hace a base de triángulos», dice Trueba. Emula las vitrinas con esa forma a las cristalizaciones de un sistema kárstico y en ellas se instalan punzones, buriles, pinceles... De todo lo hallado se han hecho reproducciones con materiales originales como hueso, asta, sílex y cuarcita para exponer junto a ilustraciones con escenas en las que se indica cómo se empleaban esas piezas.

Con toda esa información, comienza el viaje a través de la cueva. Que nadie espere una excursión realista al pasado. No lo es. Se ha evitado acudir a la réplica y se ha jugado con la alegoría, con la evocación. Por eso se ha construido un túnel también recurriendo al juego con los triángulos en el aparecen algunas vitrinas que aportan nueva información sobre esos lienzos sobre piedra de hace 20.000 años. Los visitantes sin duda se sorprenderán en este camino con la manera elegida para obtener información. Recibirán a la entrada una especie de cartulina con el símbolo de la llama que hará las veces de los cuencos que los inquilinos paleolíticos empleaban para alumbrarse en el oscuro interior. Al aproximarla a las vitrinas, una cámara infrarroja la detecta, y ésta se iluminan.

El camino conduce a la sala donde se muestra el panel principal de Tito Bustillo y en la que se presenta mediante un audiovisual sobre una pantalla de seis metros por dos. Dura seis minutos y medio el vídeo que se proyecta y que ha sido realizado en sistema Watchout. «Se ha hecho un rodaje in situ con actores y es una producción muy espectacular», señala Trueba. Hay mucha información en esta sala, en la que también se aporta luz sobre cuáles eran las técnicas que empleaban los artistas prehistóricos.

La parte más espectacular del centro es posiblemente el área quinta. Allí se muestra el arte oculto, ese al que es muy difícil de acceder en la cueva real por razones de orografía y conservación. Se ha creado una escenografía en tonos blancos, para emular el aspecto de una cueva, pero al mismo tiempo alejarlo de la realidad. «Se ha dejado en blanco a posta para que el visitante sepa que es una ambientación, que no estamos reproduciendo la cueva». Se ubican allí tres capillas alrededor de una especie de plaza central en las que se muestran las galerías de los Antropomorfos y los Caballos y el Camarín de las Vulvas.

Solo la última es una réplica exacta. La primera no lo es del todo pero sí tiene mucho de fidedigno. Panales gráficos explican al visitante lo que va a ver, que es una estaláctica con una forma antropomórfica a la que se ha incorporado una luz interior para simular el aspecto que presentaría al ser enfocada por una linterna. Los paneles gráficos, en este caso y en todos, aportan imágenes del original.

La galería de Los Caballos se expone de una forma muy especial. Si bien se ha reproducido de forma exacta y a tamaño real la piedra sobre la que se grabaron las siluetas de los animales, éstos no aparecen en ella, sino que van tomando forma a través de una proyección. «Nos parecía interesante imitar lo que pasa en la visita real, que el guía te tiene que enseñan donde están los caballos», indica Juan Trueba.

Queda solo una galería pendiente y es la más misteriosa de todas, el Camarín de las Vulvas, una pequeña oquedad reproducida al milímetro por la empresa Tragacanto, la misma que ha realizado las reproducciones del Parque de la Prehistoria de Teverga y de Altamira. Aquí no hay alegorías. Todo es exactamente igual que en la cueva.

Queda una última etapa en un camino que termina con tecnología punta, con mesas con tableros tactiles que permiten acceder a todo tipo de información. El momento del adiós busca hacer resumen, balance y despejar dudas.

Hay tienda, no podía faltar, hay espacio para talleres infantiles y hay una terraza espectacular donde se ubica la cafetería y que ofrece unas vistas espléndidas del puente sobre el río Sella.