Tito Bustillo estrena sin convencer

Los primeros visitantes inauguran el equipamiento con valoraciones contrapuestasEl museo riosellano ha iniciado sus jornadas de puertas abiertas defraudando a algunos vecinos

EVA SANROMÁN ESANROMAN@ELCOMERCIODIGITAL.COMRIBADESELLA.
Uno de los primeros grupos que partició en las visitas guiadas del centro de interpretación escucha un audiovisual en una sala. ::                             ACEBAL/
Uno de los primeros grupos que partició en las visitas guiadas del centro de interpretación escucha un audiovisual en una sala. :: ACEBAL

Los primeros visitantes del recién inaugurado Centro de Interpretación de Tito Bustillo vagaban ayer entre una iluminación uniforme, una pantalla holofilm de doble cara, emulaciones, reproducciones ficticias y arte mueble la caverna descubierta por el grupo de montaña Torreblanca en 1968. Intentaban ver en medio de un oscurísimo recorrido, únicamente interrumpido por columnas y trust de acero, la arquitectura colorista de estética high tech que se reparte por las seis áreas distintas en las que se divide el museo. Y todo con el objetivo de conocer la historia de una de las cavernas más importante del Norte.

La progresiva reducción de las visitas al interior de la grandiosa gruta evidenciaba la necesidad de la apertura de un museo de iguales características. La inaccesibilidad a ciertas zonas de la pictórica caverna trajo consigo la casi exigencia de mostrar al mundo la riqueza que se escondía bajo el sótano de la tierra riosellana. Se creó con ese fin el imponente museo tras quince años esperando un equipamiento tan digno como el tesoro de Tito Bustillo y con su apertura se inicia una nueva etapa, la de la adaptación a la exigente opinión pública. Los caballos, los bisontes, los uros, los renos, las vulvas... las pequeñas cosas que han hecho grande Tito Bustillo han defraudado a algunos y han alegrado a otros. Los primeros no creen que la majestuosidad y la importancia real de la caverna esté reflejada en el recién abierto centro de interpretación. A los segundos no hay nada que les llame la atención, el museo de Tito Bustillo les parece, simplemente, «bonito».

Ayer se iniciaba la primera de las trece jornadas de puertas abiertas previstas en el museo. El ex alcalde José Miranda junto a Tony Silva y Paco Ruisánchez, ambos miembros en su día de la activista plataforma creada para realzar la importancia de Tito Bustillo, fueron los primeros en acceder a la visita guiada que inauguró realmente el museo de la caverna. Los primeros, a las 10.15 horas de la mañana, en participar en los 45 minutos de recorrido por los que se alargan los años de historia de la caverna aledaña atravesada por el río San Miguel.

El rumor del arroyo no pasa desapercibido en el centro de interpretación. Ni tampoco el goteo constante del agua que se filtra por el macizo de Ardines que resguarda a la gruta. «Es muy bonito todo», señalan María Luz Fernández y Efigenio Pérez. Sin embargo, «es muy distinto a la cueva», aunque a su juicio no es por nada, simplemente porque «no es lo mismo ver una foto de un lugar que estar en ese lugar». Ellos conocen la cueva y, sin duda, se quedan con la realidad. A conocerla vendrán «en junio» los tinerfeños José María Suárez y Antonio González después de visitar ayer el museo aprovechando su estancia en Ribadesella. «Está todo muy bien explicado», defienden, aunque realmente no concretan nada que les haya llamado especialmente la atención. A Beatriz Mateos y a Javier Sarmiento sí les ha llamado mucho la atención algo: «el centro, desde fuera, parece un centro comercial», por dentro «los grafismos, el sonido y la tecnología» y las técnicas usadas para explicar el interior de la cueva les ha gustado «mucho». A Roberto Cuenca, Mayrim Pimentel y Beatriz Hernández «todo» les ha gustado «especialmente», pero para Beatriz lo más llamativo «es la maqueta geográfica en movimiento» que muestra al visitante cómo empezó todo.

Sin embargo, «no está bien explicado», critica Roberto Gómez. «Se explican cosas que no son ciertas» y el dato ha indignado a este riosellano que, como todos, esperaban ansioso el día en el que su cueva tuviera un lugar digno en el panorama museográfico. El día ha llegado, pero el sitio que le corresponde, a su juicio, se ha quedado excesivamente corto. «Sobre diez le pongo un dos a este centro», subraya, «porque es un chiringuito, su contenido es una ridiculez empezando por la sala de inicio donde se muestran recortes de periódicos, o luego pijadas en láser, la cueva necesitaba otra cosa y aquí no está representada». Su opinión es compartida por Raúl Menéndez, otro riosellano que, sobre diez, califica el centro «en 5» y cree que es más «para escolares que para historiadores». Ambos salen de su visita del museo «decepcionados y desilusionados» y reprochan una cosa más: «que ni tan siquiera los empleados son de Ribadesella».