La foto de tu boda

Notarios del amor. Viajan de país en país y cobran como estrellas de rock. Los mejores fotógrafos de bodas abren sus archivos y nos cuentan sus trucos

Anahí Navarro. Una pareja de novios de Texas mantiene un momento de intimidad ante la cámara. «Les recuerdo porqué están ahí. Se casan porque se quieren, porque se desean»./
Anahí Navarro. Una pareja de novios de Texas mantiene un momento de intimidad ante la cámara. «Les recuerdo porqué están ahí. Se casan porque se quieren, porque se desean».

Dijo Henri Cartier-Bresson que tomar una fotografía es «alinear la cabeza, el ojo y el corazón». Si además hay que poner en posición a dos novios, una madrina, la dama de honor, el cura y los testigos, un reportaje de boda puede convertirse en un infierno. O en un arte. Y no hay segundas oportunidades. «Todo ocurre rápido y si no estás muy atento, el día te pasa por encima». Lo dice la mexicana Anahí Navarro, una de las estrellas invitadas al III Congreso Internacional de Fotógrafos de Bodas (Bodaf) que se celebra estos días en Madrid organizado por la Unión Europea de Fotoperiodistas de Bodas. Anahí es testigo de cómo los tiempos de los posados llanos y los reporteros que se buscan la vida han cambiado. Hoy en día, artistas como Roberto Valenzuela o Vinicius Matos firman autógrafos en la puerta del hotel en el que se desarrolla el congreso. Roma, Donegal (Irlanda), Tarifa, Madrid... Viajan por todo el mundo para retratar enlaces de gente capaz de gastarse 20.000 euros en un buen álbum.

En España, la creatividad está creciendo. Es la primera vez que el país acoge este congreso, celebrado en años anteriores en México, y sus mejores artistas están de enhorabuena. En la convención de la Wedding and Portrait Photografers International (WPPI) de Las Vegas, los granadinos José Luis Guardia Peinado y José Luis Guardia Vázquez (padre e hijo) han conseguido varios galardones y el Gran Award a la mejor instantánea ha sido para Enrique Oliver, artista de Valencia.

Cuatro de los mejores cámaras del mundo abren a V su archivo.

Anahí Navarro

Es mexicana y trabaja en Texas

Captar la pasión

La novia besa al novio, apoyados en una puerta al tiempo que se levanta el vestido y asoman un pícaro liguero y los zapatos rojos. «Me gusta esta imagen porque busqué la pasión». Lo cuenta Anahí Navarro (Ciudad de México, 1977), que explica cómo consiguió el gesto cómplice de Veronica y Brent, los amantes de su imagen, residentes en Brownsville (Texas). «Los llevo a un apartado e intento recordarles porqué están ahí. Al final, se están casando porque se quieren y se desean, cosa que no siempre es evidente, pues la sensualidad y el deseo están fuera de la boda, normalmente». Hay mucha pasión ese día «aunque no se vea casi nunca». De hecho, ni siquiera se llaman esposos, sino novios, pese a estar casados. Los besos son castos, las miradas recatadas... Si la fotógrafa consigue asomarse a la intimidad que vendrá después, en la noche de bodas, «es un momento mágico». Aunque en ocasiones se olviden de que la reportera está delante. «A veces los he tenido que mandar parar».

Roberto Valenzuela

Es de México y trabaja en Beverly Hills

Efectos especiales

La atleta Angie Stewart y su novio Darin, entrenador personal de famosos, pasean por un bosque de Savannah (Georgia), de donde es ella, el día de la ceremonia. Todo es perfecto. La alfombra de hojas, los troncos de los árboles encuadrando a los novios, la espesura de ramas que dejan colarse la luz... Pero, ¿cómo consiguió los rayos luminosos? Robert Valenzuela, (Ciudad de México 1976) fotógrafo en Beverly Hills (California) consigue los haces de luz gracias a los efectos especiales, pero de los que se hacían antes. No hay nada de Photoshop. El artista le pidió al chófer que pasara por el camino con el todoterreno a toda velocidad. «Justo cuando pasó, les dije que vinieran andando hacia mí». El polvo que levantaron las ruedas y que tamizó la luz hizo el resto. Golpes de efecto como este han hecho de Roberto Valenzuela uno de los mejores fotógrafos de bodas del planeta. El año pasado contó 40 contratos, cada uno de 7.000 euros, sin contar los viajes, que corren de la cuenta de los novios. Esta semana estará en Roma y de ahí a Irlanda. El que lo quiera en su boda puede ir preparando 20.000 euros. Y no ha sentido la crisis. «No se nota si sabes lo que estás haciendo, si eres un profesional».

Vinicius Matos

Brasil

El perro espontáneo

Vinicius Matos (Sao Joao del Rey, Brasil, 1975) es un tipo que se mueve por el mundo buscando la espontaneidad. Aquel día estaba en Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais, en Brasil, en la puerta de la iglesia, cuando un perro callejero decidió sin razón aparente colarse en el templo y subirse encima del velo que arrastraba la novia en su entrada del brazo del padrino. La familia, escandalizada, le pidió a Vinicius que retirara al inoportuno can. «Ni me lo pensé. Obviamente, en lugar de quitarlo, tiré la foto». El resultado es una imagen surrealista y bella «de la que no se olvidarán nunca». «La espontaneidad es la base de mi trabajo, lo que busco constantemente, aunque «para eso hay que estar muy pendiente de lo que sucede en cada momento y estar muy preparado, pues no es fácil encontrarla en una ceremonia como una boda, en donde todo está preparado». En ese camino, Matos ha dado con el éxito. Cobra unos 4.000 euros en Brasil por cada trabajo al que se desplaza con dos fotógrafos y un asistente. El pasado año retrató a medio centenar de parejas.

Andrés Parro

Cádiz

Un intruso en el salón

Cuando Andrés Parro (San Fernando, Cádiz, 1972) les plantea a las novias su intención de hacerles fotos en casa mientras se preparan, la mayoría declina la invitación. «No quieren que vea su casa. Dicen que es muy fea, o humilde, o que los muebles son antiguos...». Siempre les responde lo mismo: «Tú, tranquila». Luego se cuela en la vivienda, como un ladrón de las escenas más íntimas de la boda. «Hay muchos nervios: la novia que se prepara rodeada de familiares... Siempre hay unas cinco o seis personas por habitación e imagínate al padre en el salón viendo una de vaqueros y quejándose de lo que le cuesta la boda». Para romper el hielo, Andrés lleva con él un reproductor de música en el que enchufa la música de los Kings of Convenience. «Entonces, todo se convierte en un videoclip. Yo me borro del mapa. La imagen elegida la tomó desde uno de sus lugares invisibles, mientras un escuadrón de mujeres rodeaban a Irizima, una madrileña que llegó a casarse a El Puerto de Santa María y que no puede reprimir la risa cuando le intentan colocar la combinación. «Pasamos un buen rato».

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