Del Paleolítico a la Asturias moderna

El Centro de Interpretación del Arte Rupestre Tito Bustillo abrió sus puertas hace una semana como eje del proyecto 'Paraíso Rupestre' Diez candidatos compiten por convertirse en el nuevo icono de la región

AIDA COLLADORIBADESELLA.
Arriba, el comienzo del recorrido de la Planta Centro de Arte y el Camarín de las Vulvas. Abajo, el exterior del nuevo museo. ::                             N. ACEBAL/
Arriba, el comienzo del recorrido de la Planta Centro de Arte y el Camarín de las Vulvas. Abajo, el exterior del nuevo museo. :: N. ACEBAL

¿Puede una oda al Paleolítico convertirse en el icono de la Asturias moderna? Sí. Al menos, en este caso. Porque, no por chocante, la candidatura del Centro de Interpretación del Arte Rupestre Tito Bustillo pierde fundamento. Su razón de ser, la de adaptar al hoy el arte de ayer -o de hace miles de años-, la de acercar a los asturianos y al mundo el patrimonio de la región, le dan la autoridad necesaria para presentar su propuesta entre las diez que la campaña 'Asturias 2.1' despliega ante los habitantes del Principado para que elijan aquella que mejor represente su espíritu de progreso.

Fuera de toda duda está el valor de las cuevas de Tito Bustillo, que en 2008 fueron incluidas por la UNESCO en el selectísimo listado de Patrimonio de la Humanidad. Pero sus características, como la dificultad de acceso a la mayoría de los conjuntos artísticos y la de compaginar las visitas, y por tanto su apertura al mundo, con la complicada conservación de las pinturas, impiden que puedan ser mostradas en su totalidad y a todos los interesados.

Con este objetivo, el Centro de Interpretación del Arte Rupestre Tito Bustillo abrió sus puertas hace sólo una semana. Para que lugares tan emblemáticos como el Camarín de las Vulvas, la Galería de los Caballos y el misterioso Antropomorfo cuenten con un cómodo y trabajadísimo marco desde el que ser contemplados.

Eso sí, a través sólo de fieles reproducciones. Y parece que ése ha sido motivo suficiente para las primeras críticas. Algunos de los que ya han visitado el museo no creen que la importancia real de la caverna quede reflejada en el centro de interpretación. A otros les parece «bonito». Sin más. Incomparable con la realidad que tan bien conocen los riosellanos y más orientado a escolares que a historiadores. Aunque muchos, por el contrario, se quedaron absortos con el grafismo, el sonido, la tecnología y supieron apreciar desde el primer momento la complejidad de la muestra.

No es de extrañar que el equipamiento -en el que se han invertido 11 millones de euros, cofinanciados entre el Gobierno asturiano y el Ministerio de Fomento- sea el eje vertebrador del proyecto 'Paraíso Rupestre', en el que estarán representados todos los yacimientos rupestres del Oriente. Tras 15 años de espera, el museo se alza en la margen izquierda del río Sella, a 250 metros de la cueva de Tito Bustillo. Un total de 6.500 metros cuadrados para disfrutar de sus tres plantas. En la baja se encuentra el vestíbulo y, en la más alta, la cafetería y un mirador con vistas privilegiadas. Pero es la Planta Centro de Arte la que constituye una gran caja negra que alberga en seis áreas los 1.700 metros cuadrados útiles de espacios expositivos, un aula de talleres, una sala polivalente y una más para las muestras temporales. La escasez de plazas de aparcamiento podría ser un problema, pero hay más en camino. Ahora, los asturianos podrán juzgarlo por sí mismos.