El destierro de la Cruz de la Victoria

Fue desmontada hace más de doce años y nunca se repusoAlmacenada en piezas en un taller, se salvó de acabar en el vertedero y sigue sin ser restaurada ni ubicada en la iglesia de la Laboral

Imagen de la Cruz de la Victoria, de Espinós. ::                             E. C./
Imagen de la Cruz de la Victoria, de Espinós. :: E. C.

No hay dinero para restaurar el escudo de Asturias. El destino de la Cruz de la Victoria que, durante decenios, estuvo ubicada sobre la puerta principal de la iglesia de la Universidad Laboral, es más que sombrío. Sus días de gloria, que empezaron mediados los años cincuenta del siglo pasado, han pasado a la historia. En 1998, ante el evidente deterioro que presentada por el paso de los años, el jefe de conservación decidió que era el momento de desmontarla. El objetivo era hacerlo con medios propios y con prontitud, pero los buenos deseos pronto se fueron al traste. La Cruz de la Victoria, obra del escultor José Espinós Alonso, estaba demasiado deteriorada y no había, y sigue sin haber, dinero para afrontar su restauración. En el mes de julio de 1999 se tramitó el primer permiso para su reparación. Hubo más trámites administrativos, pero con nulos resultados.

Ahora, más de diez años después, los 'pedazos' de la Cruz de la Victoria forman parte del 'legado oculto' de la Universidad Laboral. Están almacenados a la espera de tiempos mejores. Después de dos lustros, hasta el 'alma' de la obra, cruz de hierro improvisada que preside la puerta de la iglesia de la Laboral, amenaza, por efectos del óxido, con venirse abajo.

La Cruz de la Victoria fue encargada por Luis Moya al escultor madrileño José Espinós Alonso en 1952, todavía en los tiempos de bonanza económica del régimen, cuando todo era poco para la Laboral de Gijón. Fue construida, ya en el año 1956, en bronce/latón. Se compone por un círculo central y cuatro brazos con bridas de sujeción al bastidor. El frente está formado por planchas de latón y, soldados a éstos, los soportes de las cibas de vidrio colorescente. En total, una figura del escudo de Asturias de unos 200 kilogramos de peso y una envergadura de más de tres metros y medio de alto por tres metros de ancho.

Era, por supuesto, la única imagen de Asturias ubicada en el patio de la Laboral, en medio de un mar de simbología del régimen y de imágenes de santos. Dos ángeles se situaban a ambos costados, en señal de homenaje.

En ese momento, hace ya más de diez años, casi por casualidad, el experto vidriero gijonés Javier Rivas recopiló los restos de la Cruz, que fueron a acabar en una esquina, junto con otros trastos, en el antiguo taller de soldadura.

En el taller de soldadura

Allí durmieron durante muchos años hasta que se iniciaron las obras del Centro Internacional de Arte. Las palas entraron en la zona, incluido el citado taller, y, por suerte, no se llevaron por delante los restos de la obra de Espinós. Nadie, o casi nadie, se acordaba ya de aquellos restos que merecieron algún que otro presupuesto de rehabilitación, pero nunca había fondos para reparar y recolocar en su lugar original el escudo de Asturias.

Los destrozos de la Cruz de la Victoria son ahora importantes. Sería necesario desde desmontar el bastidor metálico para su reparación hasta hacer lo propio con cada una de las piezas para después limpiarlas, darles un baño electrolítico y de pintura y, además, reponer buena parte de las piezas que se han perdido. Sobre todo los borosilicatos, esas piedras resistentes a los cambios de temperatura que se perdieron tras el rayo y los continuos traslados de los últimos años. En total, en torno a los 30.000 euros para reponer el emblema en su lugar original.

Hasta ahora, al menos, no hay habido dinero para ello o el Principado consideró prioritarias otras obras en la Laboral, con presupuestos mucho más millonarios.

José Espinós, autor de la escultura, nació en Madrid en 1911 y falleció, también en la capital, en 1969. Fue un incansable trabajador del hierro y del latón y tiene obras en muchos lugares de España, pero sobre todo en Madrid, donde intervino en el Valle de los Caídos y en el Palacio de la Moncloa. También es el autor del Monumento a los hombres de la mar, en Laredo, y otros trabajos en San Sebastián, Burgos, Zamora y La Coruña, entre otras ciudades. Su obra de Gijón, de la Laboral, está almacenada y eso que se trata del símbolo de Asturias.

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