El valor de la Estación del Norte

Construida entre 1872 y 1874, prestó servicio hasta 1990. Posteriormente, se convirtió en museoLa terminal es uno de los 100 principales elementos del patrimonio industrial español

GIJÓN.
Visitantes del Museo del Ferrocarril contemplan el viaje de una de las máquinas de vapor ::
                             PIÑA/
Visitantes del Museo del Ferrocarril contemplan el viaje de una de las máquinas de vapor :: PIÑA

«Siempre fue una estación un poco frustrada», se lamenta el director del Museo del Ferrocarril, Javier Fernández. Y es que tuvo que esperar más de un siglo para ver cómo se completaba el proyecto arquitectónico con el que había sido concebida. Para entonces, además, ya había dejado de prestar servicio y empezaba a transformarse en museo. Pero pese a este handicap, constituyó un importante instrumento para el desarrollo económico e industrial de la ciudad. Ahora, tras casi 140 años en pie, este valor ha sido reconocido por el Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH, según sus siglas en inglés), que la ha elegido como uno de los 100 elementos más destacados del patrimonio industrial español. La Estación del Norte de Gijón entra así en una exclusiva lista en la que comparte honores con elementos como el Puente de Vizcaya, Patrimonio de la Humanidad.

La Estación del Norte empezó a construirse en 1872 y entró en servicio en 1874 como terminal de una línea que entonces discurría entre Gijón y Pola de Lena, con paradas en Oviedo y Mieres. En 1881 el trayecto que partía junto a la playa de Pando se prolongó hasta Puente Los Fierros y en 1884 las locomotoras ya empezaron a subir el puerto de Pajares. Gracias a las 'alemanas', las máquinas que estuvieron en servicio en esta línea hasta 1925, Gijón quedaba unido por primera vez por ferrocarril a León y a Madrid.

Ya por aquel entonces un edificio solitario daba servicio a los viajeros pese a las reiteradas peticiones, que se repitieron durante décadas, para que la compañía construyera un volumen gemelo, tal como se había propuesto en los planos iniciales. A medida que fueron pasando los años y crecía el tránsito de viajeros, este segundo edificio se fue haciendo más necesario para separar las llegadas de las salidas, pero la empresa jamás lo llegó a construir. De hecho la estructura original del cuerpo principal de la estación ha llegado a nuestros días, al menos en el exterior, con contadas modificaciones.

El primer cambio notable tuvo lugar en la última década del siglo XIX, ya que a la par que se ensanchaba el andén se colocaban dos marquesinas, una en el exterior, que atechaba un pequeño espacio frente al acceso principal, y otra en el interior, cuya estructura aún se conserva -si bien se retiró la uralita que la cubría- y que servía de parapeto frente a la lluvia para los viajeros que esperaban el ferrocarril. Otra alteración tal vez más notable es la que tuvo lugar en vísperas del Mundial de Fútbol de 1982, cuando, al igual que ocurrió en otras ciudades, se acometieron reformas en el edificio. Su característico color rojo del ladrillo visto que había sobrevivido más de un siglo fue cubierto por un enfoscado gris que posteriormente fue pintado con los colores que muestra actualmente el histórico bloque.

Con el paso de los años fueron apareciendo y desapareciendo edificaciones junto a la vieja estación, como diversos almacenes, el fielato e incluso la cantina que hasta los años 50 funcionó en la actual plaza de la Estación del Norte. También en su interior hubo constantes modificaciones, si bien se mantuvo de forma general una distribución en la que la planta alta se dedicaba a viviendas y oficinas y la baja a despachos como el del jefe de estación, el del telégrafo y el de paquetería, y estancias de viajeros como la recepción, la cantina, la sala de espera y la zona de equipajes.

La Estación del Norte despidió su último tren, un expreso con destino a Madrid, en la madrugada del 28 al 29 de enero de 1990 y durante unos meses se utilizó como sede provisional de la Policía Local, mientras se construía la actual jefatura. En 1992 empezaron las obras de reforma para transformarlo en Museo del Ferrocarril, que comenzaron con la construcción del segundo volumen y la marquesina que une ambos bloques, y se prolongaron hasta 1998. Ahora, tras más de doce años dedicado a recuperar la historia del ferrocarril, se reconoce su valor como patrimonio industrial.