Pastor en Illas, premio en Madrid

El párroco Ceferino Fernández recibe un galardón del Centro Asturiano

JOSÉ L. GONZÁLEZAVILÉS.
Ceferino Fernández con el premio en el Centro Asturiano de Madrid. ::
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Ceferino Fernández con el premio en el Centro Asturiano de Madrid. :: LVA

Ceferino Fernández ha sido durante años un asiduo del Centro Asturiano de Madrid. Allí tuvo la oportunidad de conocer y dialogar con Sabino Fernández Campo o con Severo Ochoa, aunque no fueron estas personas el elemento que más le impresionó del centro. «Aquel sitio me marcó mucho. Era como una comunidad», relata a la vuelta de su último viaje a la capital, el que le ha servido para recoger el premio 'Asturiano Predilecto' que entrega esta entidad. «Estaba nervioso pero a la vez tranquilo, porque tenía a los chavales -los cuatro niños que adoptó tras la muerte de sus padres y que ya le han dado algún nieto- delante», afirma.

No sólo ellos le han acompañado en este viaje. Ceferino Suárez lleva sólo tres años haciendo las labores de párroco de Illas pero, en este tiempo, se ha ganado el cariño de la gente hasta el punto de que cincuenta y cuatro vecinos, entre los que se encontraba el alcalde, Alberto Tirador, decidieron recorrer los casi quinientos kilómetros que separan el concejo de la capital para verle recoger el premio. «Me sentía como de familia bien al verlos a todos encorbatados. Fue un día maravilloso que me hizo sentir orgulloso. Encima, ganó el Barcelona», relata con buen humor.

Los tres años que Ceferino Fernández lleva en Illas son sólo una pequeña parte de la vida de un hombre que se ha dedicado a la iglesia y a la gente a tiempo completo. Comenzó su andadura en la parroquia de Faedo, en Cudillero, para trasladarse después a Somiedo. Tras pasar siete años más en Oviedo, se trasladó en 1973 a Madrid donde comenzó a trabajar en poblados chabolistas. «Estuve en El Cerro, El Arroyo y Hormiguero», recuerda. Y fue allí también donde conoció a cuatro personas, sus hijos Pablo, Carlos, Loli y Raúl, que le han cambiado la vida. «Yo no pude enriquecerlos a ellos, pero ellos a mi sí».

La decisión de hacerse cargo de sus vidas le obligó a abandonar los poblados chabolistas para comenzar a dar clases en institutos madrileños. Uno de ellos estaba muy cerca de la sede del Centro Asturiano de Madrid. «Iba a comer allí todos los días», señala.

La frecuencia de sus visitas le llevó también a entablar más estrecha relación con las personas habituales del centro. De aquella etapa recuerda las charlas y los debates «de cierta altura» que se podían entablar con cualquier cuestión relacionada con la política, algo que hoy echa de menos. «Nos estamos aburguesando», señala.

Por aquellas tardes de charlas, por aquella relación con las gentes que poblaban la institución, por el papel solidario que jugó en la época, el Centro Asturiano de Madrid le ha entregado un premio que sus vecinos de Illas han concebido también como suyo.