El bosque de ribera

Río Magdalena. Imagen de algunos árboles talados. ::                             MAVEA/
Río Magdalena. Imagen de algunos árboles talados. :: MAVEA

El concejo de Avilés es uno de los más pequeños de Asturias y uno de los más urbanizados, por lo que sus áreas naturales han quedado reducidas a la mínima expresión. Los escasos retazos de campiña son sepultados por urbanizaciones y los pocos bosques están siendo sustituidos por eucaliptos e infraestructuras.

Parques urbanos aparte, sólo nos quedan algunas pequeñas manchas de castaños y varios bosques de ribera: las alisedas. Así, éstas son uno de los últimos reductos arbóreos del concejo. El papel de este tipo de bosque es múltiple: mantiene a la fauna forestal, ya que los animales típicos del bosque no tienen hábitats adecuados en muchos kilómetros a la redonda; retiene la erosión, ya que las raíces se disponen formando una red sobre la orilla, y evita que las crecidas de los ríos arrastren la tierra; enriquece el suelo, pues los alisos tienen en sus raíces una simbiosis con una bacteria fijadora del nitrógeno atmosférico, por lo que las alisedas aumentan la fertilidad del terreno.

Sin embargo, los pasados días 18 y 19 de mayo pudimos comprobar una importante tala de numerosos árboles del bosque de ribera del río Magdalena (este río alberga la mayor masa boscosa que nos queda en Avilés). Sin ningún tipo de estudio preliminar de impacto ambiental, sólo por la petición de un vecino, se talaron decenas de árboles y arbustos del bosque de ribera, algunos de más de 50 años, en un tramo de más de 300 metros, sin conocer la razón que justifique esta agresión.

El bosque de ribera es un ecosistema protegido por la Comisión Europea por sus especiales valores medioambientales. Además, estas talas vulneran la Directiva Marco del Agua, cuyo objetivo final es lograr que los ríos y arroyos recuperen su buen estado ecológico. Mediante estas talas tan exageradas se consigue precisamente lo contrario.

También nos sorprendió que estas talas y desbroces se produjesen en la época de cría, viéndose numerosos nidos tirados. Hemos comprobado la destrucción de nidos de numerosas aves: zorzal común, mirlo, chochín, petirrojo, curruca capirotada, ánade real y gallineta, entre otros. Esto supone una muestra más de lo mal que se hacen estas actuaciones en las riberas de los cauces, precisamente por un organismo dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, que debería de ser el principal encargado en velar por estos valores medioambientales ahora afectados.

Por si todo ello fuera poco, muchos árboles han sufrido podas exageradas, en una época del año en la que esta acción conlleva mucho peligro. Es muy probable que muchos de ellos contraigan enfermedades.

Todo esto supone una afección muy negativa al ecosistema, tanto a la flora como a la fauna, así como al suelo del bosque (compactación, erosión, pérdida de materia orgánica), cometiendo un atentado contra la biodiversidad y la riqueza natural. Hechos similares los hemos denunciado reiteradas veces, pero vemos que la Administración hace caso omiso de forma continuada.

Hemos solicitado que se restituya el bosque en lo posible, plantando al menos las mismas especies y número de ejemplares talados. En la Edad Media había una ley que obligaba a plantar tres árboles por cada uno talado, pero mucho nos tememos que hemos retrocedido en este aspecto. Es una muestra más de la escasa sensibilidad ambiental de la sociedad en la que vivimos.

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