Tello Rodrigo vuelve a conquistar Wembley

Incondicional azulgrana, contrató el viaje y el alojamiento dos meses antes y consiguió una entrada a 40 minutos del comienzo de la final El viajero avilesino revive el triunfo europeo del Barça

JAVIER GUTIÉRREZAVILÉS.
Tello Rodrigo vuelve a conquistar Wembley

«No sé por qué soy del Barça. Nací así y es el recuerdo que tengo desde pequeño. Decidí ir un par de meses antes de la final. Me hacía ilusión volver a Wembley después de 19 años y me saqué el alojamiento y el billete de avión con el riesgo de que el Barça no llegara, pero tenía esperanzas». Es Tello Rodrigo, un avilesino de 40 años que el pasado sábado 28 de mayo fue uno de los afortunados que disfrutó en la grada del mítico estadio de Wembley de uno de los partidos más espectaculares de la historia del F.C. Barcelona. Pero no sólo eso.

Para él fue revivir el primer viaje a una gran final del Barça, la que cambió la historia del club azulgrana: la de 1992, también en Wembley, ante la Sampdoria de Génova. Además, también estuvo en la final de la Recopa de 1997 en Rotterdam, con exhibición de Ronaldo Nazario ante el París Sant Germain, y en dos finales de la Copa del Rey, en 1997 y 1998, con especial recuerdo «del título ganado en el Santiago Bernabeu ante el Betis».

Todo ello sin olvidar que Tello es un viajero nato, siendo el único avilesino que estuvo en el punto más alejado de la tierra de nuestra ciudad, en Nueva Zelanda. Un hecho que mereció un reportaje en este periódico: «Me gusta viajar, he estado en todos los continentes y trato de hacer una salida al año».

Los aledaños del nuevo Wembley eran un hervidero de 'reventas' y aficionados en busca de una entrada, hasta miles, por lo que la tarea de acceder al campo no fue fácil: «No pude disfrutar de la tarde, ya que desde tres horas antes estuve buscando entradas con un chico de Chicago que viajó para el ver el partido. Pedían más de 1.000 euros, pero es cuestión de esperar a que el precio sea adecuado. A falta de 40 minutos lo logré, pagando más que los 200 euros que costaba la entrada en taquilla», sin querer dar muchos más detalles.

La primera vez

La otra experiencia, la de 1992, la vivió «en un autocar de Peñas de Asturias. Fueron veinte horas de viaje, pero mereció la pena», recuerda con nostalgia. A la hora de decantarse por una de las dos experiencias, dice sin tapujos que «la primera siempre es la primera. Además, lo disfruté más por la edad que tenía, por el viaje y un cúmulo de circunstancias».

A la hora de comparar el viejo estadio con el nuevo, tal y como aclara, el actual no tiene parangón: «Los 'culés' siempre tendremos un gran cariño por el antiguo campo, pero el nuevo Wembley es precioso, espectacular, los accesos, los servicios que hay por dentro. Desde luego, vale lo que se pagó por él. La visión desde cualquier parte del campo es excepcional», asegura.

Sobre el partido dice que «vi la mayor lección de fútbol ofrecida por el Barça. Tienen el oficio suficiente para jugar las finales como hay que hacerlo. Se te hace raro echar la vista atrás y recordar generaciones y generaciones que se echaron a perder. Sin embargo, no creo que vuelva a haber una hornada de canteranos con esta calidad para hacer grande al Barça y a la selección española. El mayor orgullo de los aficionados ahora mismo es que el mundo entero admira la manera de jugar de este equipo».

No se quiere olvidar «del trato que nos dieron los londinenses, fue fenomenal. Los barcelonistas tomamos Trafalgar Square al término del partido y lo celebramos en los pubs de la zona. Tampoco me quiero olvidar del señorío que mostró la afición del Manchester, que nos felicitó tras el partido y al día siguiente nos mostraban su admiración. Fue una afición señorial», remata este 'culé' que disfruta viajando y apoyando a su equipo allá donde juegue. Wembley ya es como su segunda casa.