Un enlace con vistas al mar

La ceremonia contó con 150 invitados y la pareja abandonó en barco el arenal tras una simpática lluvia de pompas de jabón Una asturiana y un americano se casan en la playa colunguesa de La Griega

MIGUEL ROJOCOLUNGA.
Además de los invitados, fueron muchos los bañistas que siguieron el enlace de Pilar Llanes y Hoyt Peckham en La Griega. ::
                             JOSÉ FRANCISCO/
Además de los invitados, fueron muchos los bañistas que siguieron el enlace de Pilar Llanes y Hoyt Peckham en La Griega. :: JOSÉ FRANCISCO

Sólo con oirles hablar, se reconoce al instante que los corazones de Pilar Llanes y Hoyt Peckham -ella de origen asturiano, él americano del estado de Maine- además de latir unidos, se mecen con las olas de todos los mares del mundo. Ella es geóloga marina, y realiza estudios por todos los rincones del planeta. Él es biológo marino, trabaja en la conservación de las especies protegidas y está especializado en tortugas marinas. Además, ambos son surferos. El mar les unió, y a la hora de casarse no querían una boda al uso. Desde el principio soñaron con unirse en matrimonio en una playa. «Cuando descubrimos Lastres y Colunga, nos encantó», reconocía Hoyt Peckham. También habían valorado una boda en Cudillero, pero La Griega se adaptaba mejor a sus sueños.

Así, tras meses de organización y arriesgándolo todo a una carta con el tema del tiempo -si llovía y había tormenta la boda se iría al garete-, la pareja escogió el pasado sábado y cursó unas 150 invitaciones alrededor de todo el mundo. Familares y amigos de España, Estados Unidos, Irlanda, Cuba, Perú, Argentina, Chile, México, Irlanda, Luxerburgo y algún que otro país se embarcaron con destino a Madrid, donde llegaron el jueves. No pudieron venir los invitados japoneses, con la agenda repleta desde el tsunami que asoló la isla. Siguen colaborando y estudiando para evitar nuevos desastres.

A su llegada disfrutaron de un espectáculo flamenco antes de viajar en un autobús a Asturias el viernes, donde fueron agasajados en la localidad colungesa de Sales con una tremenda espicha en el lagar de Sidra Crespo que dejó a todos impresionados. Una tuna compuesta por antiguos universitarios, laboriosamente compuesta a través de Facebook por Jesús y José Estrada, tíos de la novia, dada la bienvenida musical. Las letras no se les habían olvidado, puesto que, como decían, «un tuno es tuno hasta la muerte», y solventada la duda de si podrían entrar todos en sus respectivos trajes, acudieron en hora a la cita.

También se quedaron impresionados los invitados con el paisaje del Oriente asturiano, que recorrieron al día siguiente antes de acudir a la playa de La Griega, donde tendría lugar la ceremonia. Allí, la banda de gaitas, entonó el 'Asturias Patria Querida' a la llegada de la pareja. El montaje incluía las sillas y un arco bajo el que se unirían los novios, adornadas las una y el otro con estrellas de mar. La estética, así como la megafonía, fue obra de la empresa gijonesa Sí, Diseña tu Boda, que dirige Rocío Blanco. «Supo captar muy bien lo que queríamos», celebraba ayer Pilar Llanes, aún con la emoción a flor de piel. Y es que todo salió «perfecto», desde la ceremonia con reminiscencias budistas, que se inició con un recuerdo a los ancestros, hasta la salida en lancha del arenal.

Porque hubo un gesto -unas velas en su memoria- hacia los tres abuelos que no pudieron ver casarse a la pareja, y un gran ramo de flores para la ovetense María Díaz, abuela de ella, que en julio alcanzará los 90 años. Después se mezclaron en un frasco arena de una playa de Maine y arena de La Griega, simbolizando la unión indisoluble de la pareja que se prometía amor. Lo hiceron bajo el arco de la playa, tras ir acercándose paso a paso con cada frase de la ceremonia. Catorce pasos les separaban, siete frases les unieron para siempre.

Tras los votos y los anillos, pompas de jabón en vez de arroz -«por no manchar nada», explicaban-, y una accidentada salida en zodiac: una ola les pasó por encima y cuatro invitados mojaron su traje hasta el cuello para ayudarles a subir a la embarcación que les trasladaría a Lastres. Después, a disfrutar de la cena en el Palacio de Luces, donde cada mesa llevaba el nombre de uno de los lugares del mundo en el que la pareja recordaba haber sido feliz en alguna ocasión, uno de ellos Cudillero. En definitiva, una boda con vistas al mar que «nunca olvidaremos», celebraban ayer los ya marido y mujer.

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