«El Gobierno debe intervenir contra los indignados violentos», dice Sanz Montes

«Ojalá que los políticos asturianos tengan como mira el servicio real al pueblo que les elige y no otro tipo de intereses»

A. VILLACORTAOVIEDO.
Jesús Sanz Montes, en el centro, con el arzobispo emérito, Gabino Díaz Merchán, a su derecha. ::
                             JESÚS DÍAZ/
Jesús Sanz Montes, en el centro, con el arzobispo emérito, Gabino Díaz Merchán, a su derecha. :: JESÚS DÍAZ

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, celebraba ayer sus bodas de plata sacerdotales, un tiempo, el transcurrido desde su ordenación en Madrid, que al prelado le ha pasado «como un suspiro». Y, junto a él, otros seis sacerdotes asturianos conmemoraban sus 25 años de ministerio y doce más, sus bodas de oro, medio siglo de servicio a la Iglesia asturiana. Entre ellos, el padre Ángel García, alma de Mensajeros de la Paz.

La eucaristía de acción de gracias celebrada coincidiendo con la Festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, en la Capilla Mayor del Seminario Metropolitano, los tuvo como protagonistas en el presbiterio, rodeados de decenas de curas que concelebraron y acompañaron ataviados con alba y estola blancas y arropados también por el arzobispo emérito de la Diócesis, Gabino Díaz Merchán.

Era «un día de fiesta», coincidían unos y otros, en el que Sanz Montes dio las gracias a los sacerdotes de su Diócesis una y otra vez y pidió, para ellos, «gracia». Un «jubileo» en el que el arzobispo de Oviedo, siempre informado y al pie de la calle, no pudo dejar de referirse a la actualidad nacional y regional, después de dejar claro que no era «día para meterse en ese jardín». Al menos, no en profundidad.

Con todo, Jesús Sanz Montes se confesó «muy preocupado» por los últimos acontecimientos vinculados al movimiento del 15-M y reclamó al Gobierno «que intervenga». Porque, aunque reconoció sentir «simpatía» por algo que nació como «un movimiento muy heterogéneo» y aseguró que «los motivos pare estar indignados son comunes», le inquieta la deriva de algo que empezó como un ejemplo de resistencia pacífica: «Según ha ido pasando el tiempo, las motivaciones de fondo, las reales, se han ido cribando. Y, cuando se pasa a la violencia, a la extorsión, ya no hablamos de un movimiento que miramos con simpatía, sino con mucha preocupación. Quien puede intervenir, debería hacerlo».

Pero no fue esa la única reclamación en esa «jornada gozosa». A los representantes políticos del Principado les dijo: «Ojalá que unos y otros, cada cual con su sensibilidad política y sus siglas, tengan como mira el servicio real al pueblo y no otro tipo de intereses. El servicio real a una sociedad que les mira, que les escoge y que espera de ellos que hagan una gestión digna de la solución de los problemas que tiene la sociedad».