«Lucharé para que en España se escuche y se respete nuestra voz»

Cascos asume la Presidencia del Principado con un discurso marcadamente regionalista en el que llama a «la unidad y el esfuerzo»

ANDRÉS SUÁREZ
Cascos pronuncia su discurso de toma de posesión, con Goñi, Aguilar y Areces a su espalda, en la Junta General del Principado. ::                             EFE/
Cascos pronuncia su discurso de toma de posesión, con Goñi, Aguilar y Areces a su espalda, en la Junta General del Principado. :: EFE

Francisco Álvarez-Cascos ocupa desde ayer el despacho central de la sede de la Presidencia del Principado, en la ovetense calle de Suárez de la Riva. El líder de Foro tomó posesión del cargo en un sobrio acto celebrado en la Junta General, marcado por una nutridísima asistencia de representantes de la vida política, social y económica de la región y que coronó una semana de intensa actividad en la sede parlamentaria. Cascos, flanqueado por el presidente saliente y el de la Cámara, Vicente Álvarez Areces y Fernando Goñi, y por la ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Rosa Aguilar, se estrenó con un discurso que no entró en exceso en harina política y sí se caracterizó por dos rasgos principales. Por un lado, una apelación a «la unidad y al esfuerzo», al trabajo conjunto para contribuir a superar el delicado escenario económico. Por otro, un marcado perfil regionalista, encajado en el sentimiento de pertenencia a España, y resumido en una frase: «Vamos a luchar porque en España se oiga, se escuche y se respete nuestra voz».

Quiso la meteorología respetar el acto de toma de posesión de Cascos, dentro de un julio hasta ahora más otoñal que veraniego. Sol y calor, tanto dentro como fuera de una atestada Junta General, vestida con sus mejores galas pero en un contexto de austeridad, por voluntad expresa del ya presidente. Ambiente de euforia entre las filas casquistas, algún gesto de emoción entre los socialistas al escuchar las palabras de despedida de Areces y, sobre todo, mucho respeto y cortesía institucional. Para la batalla parlamentaria ya habrá tiempo.

Cascos optó por prometer el cargo en lugar de jurarlo y tomó el micrófono para pronunciar su discurso, observado desde su derecha por sus más fieles partidarios y desde su izquierda por los consejeros del Gobierno saliente, viviendo sus últimas horas en el cargo. Quizá porque no era el lugar y porque, como él mismo dijo, sus proyectos ya fueron expuestos en los días precedentes durante el debate de investidura, el jefe del Ejecutivo se decantó por una intervención en la que hizo un profundo repaso del «hecho regionalista asturiano», trasladó ese sentimiento a la realidad actual y explicó sus claves para hacerlo cuajar y los objetivos a alcanzar.

El espíritu regionalista impregnó sus palabras, con referencias a Jovellanos, Melquíades Álvarez e incluso Manuel Llaneza. «Hay muchas cosas bien hechas por nuestros predecesores, tenemos un pasado donde mirarnos con orgullo», apuntó. Una base de la que partir, explicó, para «continuar la noble tarea histórica de hacer una Asturias mejor, más culta, ilustrada, justa y próspera». Una Asturias, agregó en una rápida traslación a la actualidad, «donde no quepan ni la indignación -una alusión directa y clara al descontento social plasmado en el 15M- ni la marginalidad ni la exclusión».

Una serie de ambiciosos objetivos que Cascos apeló a alcanzar desde «la ilusión, el esfuerzo y el sacrificio», llamando a los asturianos a ser conscientes de que «navegamos en el mismo barco, remando en la misma dirección». Una convocatoria que, aseguró, no es retórica ni vacía de contenido, sino que constituye «un clamor, un grito que nos inste a la unidad y la reflexión».

Cascos prometió «energía y coraje» para encarar los nuevos tiempos y garantizó que no utilizará la herencia recibida como «parapeto para esconder la inoperancia, sin borrar el pasado para dibujar sobre blanco un futuro mejor».

A partir de ahí, quiso dejar bien claro el papel que debe jugar el Principado -al que en varias ocasiones se refirió como 'país'- en la España de hoy y de mañana. Un papel activo, luchando para que «en España se oiga, se escuche y se respete nuestra voz, y puedan decidir nuestros votos para hacer una Asturias mejor para todos los asturianos».

Habló Cascos de transformar Asturias en una tierra «de acogida, más que de despedida para sus hijos», y comprometió su «insobornable empeño» en contribuir al «resurgimiento de nuestro país». Todo ello partiendo de un principio claro: «La mejor España no se entendería sin Asturias y Asturias no la entendemos sin España».

De ahí que, recién asumido el cargo, se dirigiese directamente a la ministra de Medio Ambiente y la emplazase a comenzar una etapa de relaciones entre el Principado y el Gobierno de España marcada por la «cooperación institucional». Ofreció a Aguilar «colaboración leal», pero también le avanzó una «exigencia responsable» para asegurarse el ser tratados «sin privilegios, pero sin ser marginados». Y, a modo de primer gesto, con un «profundo significado político» en unos tiempos «difíciles para la convivencia institucional», anunció que, haciendo uso de sus prerrogativas en el ámbito del protocolo, los ministros que visiten Asturias presidirán los actos en los que participen. Así lo hizo ayer la propia Aguilar, siendo por ello la encargada de cerrar el acto.

Complicidad

Aguilar y Cascos, por cierto, demostraron un punto de complicidad, evidenciado por ambos entre alusiones a sus respectivas trayectorias políticas. Y es que el acto estuvo marcado por la elegancia y la cortesía, con conversaciones afectuosas entre quienes, como el propio Cascos y Areces, han sido encarnizados rivales políticos.

Pero, al menos por un día, se aparcó la batalla política, reservada para próximas sesiones parlamentarias que se presumen intensas en virtud de la situación de minoría del Ejecutivo de Foro. También lo hizo Cascos en su discurso, dispuesto a «aglutinar» en su acción de gobierno «a la mayoría de los asturianos», especialmente «a aquellos zarandeados por la crisis y las decepciones».

Será un Gobierno, remarcó, que trabajará «pensando en todos los asturianos de fuera y de casa, y no sólo en unos pocos», que actuará «salpicándose en el barro de la realidad, sin dejar de mirar al horizonte que nos traerá tiempos mejores si todos sabemos invocarlos y forjarlos». Un equipo que, proclamó con énfasis, «se dejará el pellejo para que la Asturias de hoy sea mejor que la de ayer».

Tuvo además tiempo Cascos para recordar a quienes le precedieron en el cargo cuyas riendas ahora toma. A Rafael Fernández (ya fallecido), Pedro de Silva, Juan Luis Rodríguez-Vigil, Antonio Trevín, Vicente Álvarez Areces y también a Sergio Marqués, con quien en el pasado vivió sonados enfrentamientos y que ayer era el único ex presidente que no estaba presente. «De todos he aprendido y a todos les ofrezco mi colaboración y les solicito su consejo», afirmó.

Fotos

Vídeos