Así, xente, así

ALEJANDRO CARANTOÑACONCIERTO DE LOS BERRONES

Los Berrones sí están hechos de una pasta especial. Porque algo hay que tener para utilizar el mango de una guadaña («'Guadagna', que dicen en Madrid», según su vocalista, Ramón Blanco) como pie de micrófono; un rastrillo como emblema; una madreña como 'slide' para tocar la guitarra eléctrica y, lo más importante, llevarles una empanada casera elaborada por la madre del bajista, Olegario, a los técnicos de sonido para que todo suene bien.

Esta banda no es ni la que mejor toca, ni la más original, ni la que tiene unas voces más cuidadas. Pero da igual. Da igual que sean como si a Ilegales les hubiera dado por convertirse en malladores de profesión, como si Nacho Vegas invirtiera su tiempo en disputarse la pación con su vecino, fesoria en mano.

Nada de eso importa porque Los Berrones tocan, cinco lustros después, en la Semana Negra y la abarrotan, la revientan de agro-rock y de olor a prao recién segado. No todo el mundo es capaz de escribir una irreverencia del calibre de 'Nun yes tú' y levantar coros de gargantas de todas las edades y afinidades. Ellos llegaron, el miércoles por la noche, a ofrecer lo que saben ofrecer y lo hicieron con amplia generosidad.

Fueron dos horas de concierto, incluido un inesperado bis que apagó el chunda chunda que ya empezaba a colarse desde una carpa aledaña, y que bajó de la barra a la correspondiente go-go.

Con su rock'n'roll monocromático e inmortal fueron dando cuenta de un vastísimo repertorio que se ha ido haciendo mítico, con la irreverencia y las ganas de hacer reír de siempre: estas canciones, presentadas en un formato que bebe, casi, de la tonada: «Vicentón», profieren, «tabes bien trabayando de peón».

Son rurales, son auténticos y descarnadamente sinceros: así fue en el momento dramático, triste, el homenaje del concierto al amigo fallecido en la mina, fue 'A dos nenos', dedicada en esta ocasión a los malogrados Carlos Redondo e Igor Medio, de Felpeyu, fallecidos hace cinco años en un accidente de tráfico.

Trascienden a lo musical, y se colocan en lo artístico. Los Berrones no aspiran a ser los Rolling Stones; tampoco a salir del prao en el que tan cómodos están y tanto reivindican. Esta es su tierra, y es la que cantan. Y para la que cantan: sus himnos son un bocado para paladares locales, hiperlocales, y ya está. Sin exclusiones, sin duda, pero sin concesiones tampoco.