Encuestas

JOSÉ JAVIER ESPARZA

En la mayor parte de las disciplinas humanas, uno cuenta con público porque se le quiere: José Tomás, Fernando Alonso, Arturo Pérez Reverte o Cristiano Ronaldo, por ejemplo, tienen seguidores que aprecian a estos personajes. En la tele es distinto. En la tele tienes seguidores, pero no necesariamente te quieren, sino que incluso pueden odiarte. Una encuesta reciente de Kantar Media -la empresa que controla los audímetros- dice que Telecinco y La Sexta son las cadenas más odiadas por los españoles. Pero, oiga, ¿no es Telecinco la cadena más vista? ¿Cómo es posible que sea a la vez la más odiada? Bueno, pues precisamente de eso se trata. Otra encuesta más reciente aún, esta de una empresa de seguros, acaba de decirnos que Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez son los personajes menos queridos por los españoles como compañeros de viaje. ¿Y acaso no gozan ambos sujetos de innumerables espectadores? Sí, pero ya digo: en la tele, una cosa es la notoriedad y otra el amor, y hay muchísima gente que ve programas que detesta. Esto, para los críticos de televisión, es algo bien conocido: ese lector que te escribe y te dice «ponga usted a parir a este programa, que es una basura; yo lo veo todos los días y le aseguro que es impresentable». Bien, y si es impresentable, ¿por qué lo ve usted todos los días? La incongruencia parece notable, pero es que la tele funciona así: el negocio se basa en la estrategia de la atención, o sea, que haya mucha gente mirando, y para eso no es preciso despertar simpatía, sino, simplemente, curiosidad. Acabado el trance, el espectador puede levantarse del sillón maldiciendo en arameo, pero eso, para la cadena, es perfectamente irrelevante: lo único importante es que el programa haya puntuado en cuota de pantalla. Y si para puntuar hay que volver a despertar las maldiciones del espectador, nadie dude de que el proceso se repetirá veinte, doscientas veces y las que haga falta. Es el clásico «Que hablen de mí aunque sea mal», que ahora en la tele se formula ya de este otro modo: «Que hablen de mí aunque sea bien». Extraño mundo.