Urnas para el cambio

Rajoy es el gran favorito, hasta el punto de que no lograr la mayoría absoluta sería un fracaso, y Rubalcaba tratará de que se olviden los últimos cuatro años.

JUAN NEIRA
Zapatero, aplaudido por Rubalcaba durante el último debate sobre el estado de la nación. ::
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Zapatero, aplaudido por Rubalcaba durante el último debate sobre el estado de la nación. :: REUTERS

Cuando aún no se habían apagado los ecos de las vuvuzelas autonómicas se oye ya a los heraldos de las elecciones generales. A los seis meses de los comicios regionales se renovarán las Cortes Generales. Zapatero luchó a brazo partido contra su destino, para terminar concediendo a Rajoy la primera victoria: la legislatura concluirá en otoño. Desde la apertura del presente curso parlamentario el objetivo del PP era acortar el mandato de Zapatero. El estado mayor socialista reiteró que se agotarían los cuatro años de la legislatura, pero el peso de la realidad pudo más que sus deseos.

Semestre

La secuencia del último semestre es terrible. En Navidades, ante un grupo de periodistas, Zapatero comentó que ya había tomado una decisión sobre su futuro y que la conocía otra persona. Una declaración misteriosa que fue interpretada de forma inequívoca: el presidente no se presentará a la reelección. A partir de entonces se recrudeció la petición de elecciones anticipadas y en las filas socialistas comenzó el debate sucesorio. En el último fin de semana de marzo, Zapatero reunió a la elite del empresariado. La cita más multimillonaria habida nunca en La Moncloa: el 45% del PIB nacional en torno a una misma mesa. Ante tan selecto auditorio, Emilio Botín pidió que se prolongara la legislatura hasta marzo de 2012. Seis días después, el 2 de abril, ante el comité federal, Zapatero desnudó su comentario navideño declarando que no sería candidato. La grey socialista entró en ebullición y el antagonismo entre Rubalcaba y Chacón hacía presagiar unas primarias como las de Almunia y Borrell, el aparato contra las bases.

En ese clima se llegó a la cita electoral de 22-M, en la que el PP tuvo la mayor victoria de su historia borrando al PSOE del mapa autonómico. Puestos a precisar, digamos que los socialistas aún gobiernan en el País Vasco y Andalucía porque en esos territorios no se celebraron las elecciones, pero del resultado habido en los ayuntamientos vascos y andaluces (perdieron en todas las capitales de provincia) cabe colegir que el relevo en el poder es sólo cuestión de calendario.

Debacle

Nada más recibir el mazazo electoral, Carmen Chacón renunció a concurrir a las primarias y el sanedrín socialista señaló a Rubalcaba como candidato para presidir el Gobierno. Faltaba aún el tramo más duro del castigo de los mercados, con la prima de riesgo española escalando hasta los 370 puntos por encima del bono alemán, la ruina de Caja Mediterráneo, la rebeldía de las comunidades autónomas a devolver dinero al Estado y la absoluta orfandad de Zapatero que no encuentra el Cirineo que le ayude a cargar con la cruz de gobernar. En ese escenario recoge Rubalcaba el testigo y queda el Ejecutivo de Zapatero reducido a la labor de Gobierno en funciones.

Nunca el PSOE encaró unas elecciones en un contexto tan adverso. Tiene el mejor candidato para las elecciones en que está el resultado más claro de las últimas tres décadas. Rubalcaba ha empezado una larga carrera preelectoral precedida de la doble debacle socialista acontecida en las elecciones catalanas (otoño 2010) y los comicios autonómicos de mayo. Derrotas debidas, fundamentalmente, a la desastrosa gestión de Zapatero. En noviembre, cuando toca valorar la gestión del Gobierno central, tratará Rubalcaba de que se olviden de los últimos cuatro años y se fijen en sus propuestas, con guiños al electorado de izquierda y a los 'indignados'. ¡Qué tarea más difícil!

Asturias

El anuncio de Zapatero prolonga el síndrome electoral, porque el relevo en las instituciones autonómicas se celebró hace unas pocas semanas y ya hay fecha para la apertura de las urnas. La misión de gobernar estará entorpecida por las tácticas electorales, resultando muy difícil llegar a acuerdos entre partidos sobre cualquier asunto. Esta reflexión sirve tanto para el Estado, como las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Rajoy parte como gran favorito hasta el punto de que si no logra la mayoría absoluta sería un fracaso. Con un panorama económico tan lábil la tendencia de voto está sujeta a sensibles modificaciones.

En Asturias, hay un mayor nexo que en otros territorios entre las elecciones autonómicas y generales. El cambio radical del mapa electoral ocurrido el 22-M no ha sido bien digerido por los partidos perjudicados y el anuncio de las generales tiene el aire de una segunda vuelta de los comicios autonómicos. Las posibles alianzas en la Junta General del Principado están detenidas hasta ver lo que deparan las urnas en noviembre. Las críticas a Álvarez-Cascos por exhortar a los afiliados de Foro Asturias a preparar las elecciones generales se ha visto que carecían de fundamento, porque la convocatoria ya está encima de la mesa. No se entiende que los principales dirigentes del PSOE y del PP tengan derecho a pronunciar discursos en clave electoral y el líder de Foto Asturias tenga que actuar como si la cosa no fuera con él ni con los intereses del Gobierno regional.

De momento, Cascos ya se ha adjudicado el primer éxito al lanzar el lema («Más Asturias, mejor España») de Foro Asturias para las elecciones generales un día antes de que Zapatero anunciara la convocatoria. Gobernar es prever. No es tiempo, aún, de hacer quinielas electorales, pero ya podemos afirmar que la campaña en Asturias será distinta a todas las habidas hasta ahora, porque competirán candidatos que buscan la mayoría parlamentaria para sus líderes madrileños, con otros que quieren ir a Madrid para arrancar beneficios para Asturias. Toda una novedad.