Gaitas de toda Asturias despiden en Santurio al maestro Velasco

Durante el oficio sonó el himno de Asturias, y el cuerpo fue recibido y despedido por la banda de gaitas Noega El adiós a Alberto Fernández reúne a una nutrida representación del folclore

ALEJANDRO CARANTOÑAGIJÓN.
La banda de gaitas Noega, acompañada por gaiteros muy unidos al constructor, a la llegada del féretro a la iglesia parroquial de Santurio. ::
                             PURIFICACIÓN CITOULA/
La banda de gaitas Noega, acompañada por gaiteros muy unidos al constructor, a la llegada del féretro a la iglesia parroquial de Santurio. :: PURIFICACIÓN CITOULA

El ataúd fue recibido, a eso de las cinco de la tarde, por el único sonido que podía romper el silencio del funeral del maestro Alberto Fernández Velasco: gaitas.

Sobre el prado aledaño a la iglesia parroquial de Santurio estaba situada la banda de gaitas Noega, fundada en 1991 por Alberto Fernández Varillas, hijo del fallecido constructor. Y junto a ellos, otros gaiteros que quisieron rendir su propio homenaje a quien les brindara el más especial de los instrumentos: allí estaban Pedro Pangua, Pablo Carrera, Jorge Suárez, Flavio R. Benito, Rubén Alba, los hermanos Javier y José Manuel Tejedor, Xuacu Amieva, Óscar Fernández...

Tampoco se quisieron perder la despedida otras figuras del folclore asturiano, como Javier de Arroes, Gustavo Eguren, Héctor Braga, Carlos García, Michael Lee Wolfe y el actual concejal de Educación, Cultura, Juventud y Festejos del Ayuntamiento de Gijón, Carlos Rubiera, además de miembros de la OSPA .

Durante la celebración de la misa en una iglesia abarrotada sonaron el 'Ave María' de Schubert y el himno de Asturias, prácticamente al final.

Al terminar, la misma formación dio el último adiós al maestro Velasco antes de ser conducido al cementerio municipal de Deva, donde recibió sepultura en la intimidad familiar.

Su hijo se despidió, al terminar la ceremonia, de todos y cada uno de los gaiteros, además de recibir el pésame de los asistentes, venidos de toda Asturias y de fuera de allí.

Ayer era un día para el recuerdo. Xuacu Amieva, quien se convirtió hace 25 años en el primer gaitero asturiano en ganar en el Festival Intercéltico de Lorient, con una gaita de Velasco, subrayaba la «pérdida irreparable» que supone su desaparición. Recuerda el día en que le conoció, en una feria en Oviedo donde el constructor tenía dos gaitas expuestas. «¿Puedo probar una?», le preguntó. «Si sabes tocar, sí», le respondió Velasco. Entonces nació una amistad profesional y personal que llega hasta hoy.

Pablo Carrera, por su lado, se quedaba con la «sorpresa» que supone su muerte. Encargaron su primera gaita a los 11 años, y el constructor, ya afamado por entonces, tardó seis años en entregársela: «Así tienes tiempo de convertirte en un buen gaitero», le guiñó.

Carrera recuerda la anécdota con Jorge Suárez, que añade al carácter cercano y familiar de Velasco su minuciosidad: «Empayuelaba a la carta: podías pasarte cinco o seis horas en el taller con él, y no marchabas hasta que no estuvieras satisfecho. Vamos, no te dejaba marchar: tenía todo el tiempo del mundo».

El también gaitero Óscar Fernández relata su primer encuentro: «Me vio tocar con una gaita vieja y me dijo: 'Yes buen músicu pero fáltate una gaita de les míes'». Fernández ganó entonces el trofeo MacAllan, en Lorient, con una gaita de Vicente Prado, el Praviano, y al volver se encontró con una gaita de Velasco sobre la cama. «Fue mi premio».

Flavio R. Benito, por su lado, le adjudica el calificativo de «ejemplar»: «En 1986 me hice con un puntero suyo de 32 centímetros con el que armé mi primera gaita: él es el 'culpable' de todo».

Por último, Pablo Rodríguez Alonso, director de la banda de gaitas Noega, recordaba emocionado la «indiscutible obsesión» de Velasco por obtener la «máxima perfección en su trabajo», además de la sinceridad y cariño («Como un abuelo», dice) con la que trató a todas las generaciones de gaiteros.

Desde ayer, el maestro Velasco ya decansa en paz.

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