Intento de fusión monumental

RAMÓN AVELLOCRÍTICO MUSICAL

Media hora antes del concierto de la OSPA y Oviedo Filarmonía, una cola gigante serpenteaba desde la puerta del Auditorio por la plaza de la Gesta. Indudablemente la idea de unificar en un concierto las dos orquestas profesionales asturianas, bajo la dirección del titular de Oviedo Filarmonía Marzio Conti contó con la asistencia y el aplauso del público. Una idea que se debe repetir, aunque con un mayor hincapié en el programa. Concretando, la suma de dos orquestas no debe ser una duplicación ampliada, sino una unidad propia. Para ello, habría que elegir un repertorio de lo que podríamos llamar «pulmón sinfónico», por ejemplo una 'Octava' de Mahler o, si se quiere en plan ligero, una selección de preludios wagnerianos u obras del postromanticismo que por su densidad no se pueden abordar por una de las orquestas en solitario.

En el concierto Marzio Conti estuvo comedido en los tiempos, claro en el color, huyendo de sonoridades planas y homogéneas y exigente en los matices e intensidades, con fortísimos, especialmente en las obras de Respighi y Halffter verdaderamente épicos. Del programa, la 'Alborada del gracioso', de Ravel, pese a la precisión rítmica resultó confusa en los pizzicatos y en general poco palpitante y agitada. Una Alborada como pisando huevos. Mucho mejor el 'Tiento y la batalla', de Halffter, en la que el compositor evoca y de alguna manera 'deconstruye' dos piezas para órgano de Cabezón y Cabanilles. La trompetería de la 'batalla' fue de una intensidad desbordante. En las obras de Respighi, esa voluntad de estilo unificador de Marzio Conti, pasó a un primer plano. Versiones muy poéticas, delicadas pero ofrecidas con una atmósfera sinfónica envolvente. 'Los Pinos del Janículo', en la que tras un nocturno se anuncia un tímido amanecer en el canto de un ruiseñor fueron de una mágica sonoridad. Como final, una propina densa: el coral final de 'El pájaro de fuego', toda una gama de intensidades hasta unos fortísimos resplandecientes.