«Bastantes tostones me he tragado como para soltar ahora yo uno»

Iñaki Uriarte Escritor. Aparece el segundo volumen de los diarios del autor vasco

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA
«Bastantes tostones me he tragado como para soltar ahora yo uno»

Las palmaditas en la espalda de tres amigos de Bilbao y de un poco impresionable crítico avilesino animaron a un reacio Iñaki Uriarte a publicar el año pasado el primer volumen de sus diarios. Se trataba de unas notas íntimas, escritas para nadie, como si el autor «hablara solo». Aquel libro previsiblemente minoritario no tardó en vender su primera edición y obtener un unánime respaldo crítico. Los diarios de Uriarte fueron uno de los fenómenos más felices de la pasada temporada. Pepitas de Calabaza publica ahora su continuación: 'Diarios, segundo volumen: 2004-2007'.

- Después de lo bien que fue el primer libro, ¿publica este segundo con mayor convencimiento?

- Bueno, con cierta esperanza de que a los que les gustó el primero les guste también éste. Tal vez falten ahora algunos elementos de sorpresa que había en el primero, pero creo que el tono es el mismo. Al fin y al cabo, completan los nueve años que escribí sin la menor intención de publicar.

- La publicación de aquellas notas tuvo repercusiones inesperadas. Le llevó a Estados Unidos y su nombre aparece incluido en la reciente 'Historia de la Literatura' de Gracia y Ródenas.

- Dos sorpresas enormes y muy agradables. Cuando recibí el e-mail del Instituto Cervantes de Nueva York le escribí a Eduardo Lago, su director, para preguntarle si no se había equivocado. En la Universidad de Brown, le di el libro a Domingo Ródenas, que asistió a la charla que ofrecimos Kirmen Uribe y yo. Le gustó mucho, se lo pasó a Jordi Gracia, que se entusiasmó, y me incluyeron en esa 'Historia...'. Supongo que, de todo el libro, soy el autor citado con menos líneas publicadas. Cuando Domingo Ródenas me dijo que iban a incluir una mención a mis diarios me quedé estupefacto.

- Jordi Gracia sitúa sus diarios entre los moralistas franceses y «un Pla socarrón y vividor». ¿Le agrada la compañía?

- Claro. A los moralistas franceses los leo habitualmente. Aunque alguno, La Rochefoucauld, por ejemplo, me parezca demasiado amargo, o agrio. De todas formas, mi gran autor francés es Montaigne, más templado y alegre que los moralistas. Y que no intentaba dar lecciones. «Yo no enseño, yo cuento», dijo. Pla me encanta y me provoca una sonrisa constante. No creo que haya muchos libros en la literatura española del siglo XX más perdurables que su 'Cuaderno gris'. Dicen que las principales cualidades de su estilo son la sencillez, la ironía y la claridad. Yo trato de imitarlo en eso, aunque la ironía es algo que no se puede imitar, claro, te sale o no.

- Su estilo es limpio y antirretórico. Suele decirles a sus amigos escritores que usted no sabe 'escribir'. ¿Lleva mucho trabajo hacerlo sencillo?

- Es que es verdad eso de que no sé escribir, si me comparo con ellos. Yo no tengo ese don del lenguaje que tienen los buenos escritores. Por eso escribo tan corto y sencillo. A un buen escritor le das un tema, la primavera, o un cenicero, por ejemplo, y te escriben en media hora un buen folio. Yo no sé hacer eso. Yo escribo una página y me sale como un cristal un poco sucio. Luego lo froto y lo froto, procurando que quede limpio. Y respecto a si me lleva mucho trabajo, yo no lo llamaría trabajo. Cualquiera que haya limpiado alguna vez una ventana de su casa sabe lo gratificante que es.

- Sus ideas sobre la política, el mundo del dinero o la deriva ideológica de su generación están entre el pequeño libertario y el tercero excluido. ¿Siempre en dirección contraria?

- No sé si en dirección contraria, pero sí trato de que sea la mía. Si no, ¿para qué escribir un diario? De política hablo poco. Es lo que más viejo se queda al leerlo al año siguiente. Pero algo sí digo, claro, porque es de lo que estamos hablando todo el día. Eso de «pequeño libertario» me gusta, me recuerda a aquello que la policía franquista le puso en la ficha a Fernando Savater cuando lo detuvieron: «anarquista moderado».

- ¿Y la evolución ideológica de su generación?

- Allá cada cual. No me gusta mucho el término de generación. Me remito a una entrada del diario donde cuento que mi madre, a sus 90 años, me dijo un día: «Por fin ahora entiendo algo que cuando me lo decían antes no lo creía. Me señalaban a una señora mayor muy fea y me decían: Esa, de joven, fue guapísima».

- Consigue decir semejantes cosas en un tono infrecuente por aquí: contundente, pero poco agresivo.

- La primera versión de algunas de las cosas que escribo es muchas veces más pendenciera. Pero luego se me pasa. También para eso sirve llevar un diario, para aliviar los cabreos.

- Aun así, hay en los diarios algún que otro retrato bastante irónico. ¿Algún enfado?

- El único enfado que me ha llegado es el de alguien a quien yo creía haber puesto muy bien.

- Dice José Manuel Benítez Ariza que la dificultad de llevar un diario estriba en avanzar «sobre la falsilla de lo ya escrito».

- Una vez me di cuenta de que había escrito un párrafo exactamente igual a otro del mes anterior. Cada uno tiene sus obsesiones y sus manías, que se repiten al escribir un diario. Y luego está el personaje que va saliendo de ahí, y que no soy exactamente yo, pero es el que sigue escribiendo. Luego, al releerme, lo que tengo es una especie de eso que llaman experiencia astral. Me veo desde fuera, con cierta familiaridad y también con cierta extrañeza, soy yo y no soy yo.

Versión de sí mismo

- ¿Ese personaje es una versión favorecedora de usted mismo?

- Sí. Me saco favorecido en los papeles. Aunque tampoco sabes nunca exactamente qué es lo que te favorece o no te favorece. Hay una entrada en este segundo volumen en que menciono los atuendos increíbles que se ponen las mujeres en las bodas. Y todas ellas salen de casa creyendo que están más guapas de lo habitual.

- Sus diarios son breves. Cada volumen abarca cuatro o cinco años y no llegan a las doscientas páginas.

- Eso es una cortesía para el lector. Bastantes tostones me he tragado en la vida como para andar soltando ahora uno yo. Y también es una especie de truco. El novelista americano Elmore Leonard dice. «Lo que pienso que el lector se va a saltar, lo quito». Yo trato de hacer lo mismo.

- Desecha dos terceras partes de lo que escribe.

- Bueno, es que parte de lo que apunto no son más que citas de libros o artículos. O desahogos del día a día que, leídos un poco más tarde, no vale la pena tener en cuenta.

- Desde hace un año sabe que ahí afuera hay lectores que esperan leer sus notas. ¿Afecta eso a su escritura?

- No lo sé. No he releído nada de lo que he apuntado desde que salió el primer libro. Ha sido poco, y supongo que una buena parte tonterías relacionadas precisamente con la publicación de aquel libro. Es posible que publicar me haya atontado un poco. Por lo menos, me ha metido en un lío para seguir con el diario.