Un mundo lleno de habitaciones aún por abrir

Gustavo Martín Garzo, Javier Cercas y Bigas Luna analizan en Oviedo la cultura en el siglo XXI

ALEJANDRO CARANTOÑAOVIEDO.
Gona, Martín Garzo, Cercas, Harguindey, Luna y Manuel Miguel, de Cajastur. ::
                             JESÚS DÍAZ/
Gona, Martín Garzo, Cercas, Harguindey, Luna y Manuel Miguel, de Cajastur. :: JESÚS DÍAZ

Javier Cercas se pregunta hacia dónde va la novela. La respuesta es, claro, que no tiene ni idea. «Es más -dice- habría que ver si la novela va hacia alguna parte».

Él, junto con el también escritor Gustavo Martín Garzo y el director de cine Bigas Luna, es uno de los tres creadores que ayer se reunieron en el Centro Cultural Cajastur de Oviedo para arrojar algo de luz sobre un asunto complicado: el futuro de la cultura.

Es la tercera vez que GONA, la productora audiovisual fundada por Juan Gona, auspicia de la mano de Cajastur estos encuentros. Ángel Sánchez Harguindey era el encargado de moderarlo.

Luna se decantó por las «perversiones que conllevan las nuevas tecnologías». El veterano cineasta, conocedor y entusiasta del terreno, venía sin embargo «quejoso con algunas cosas». Por ejemplo, con la banalización de contenidos y con cierta elevación, de «gratificación» de determinado público al asistir a la degradación de otros humanos en directo.

Gustavo Martín Garzo prefirió no salir de la literatura, y reivindicar la imaginación como «la habitación en el cuento de la esposa de Barbazul. El mundo esta lleno de habitaciones por abrir».

Esta combinación, en fin, llevaba a preguntarse por qué seguir comprando, por ejemplo, la novela de Cercas 'Soldados de Salamina' habiendo una película. ¿Qué opinan los tres de ese acceso abierto por las nuevas tecnologías? Para el propio autor es «como la ley de la gravedad. Pero un libro aporta cosas que una película no».

«Un libro es», retomó Martín Garzo, «una partitura que cada lector interpreta de una forma distina. Una película es la ejecución de esa partitura. Ahora bien, no creo que ambos mundos no puedan convivir. ¡Ojalá yo hubiera tenido un ordenador!»

Y Luna, ya casi emocionado, remataba: «No olvidemos que para hacer una película hay que escribir primero...»

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