El marqués de Vadillo se reúne hoy con su modelo en el Museo de Bellas Artes

El Museo tiene en depósito el cuadro, representación del corregidor de la villa de Madrid, realizado por el asturiano Miguel Jacinto MeléndezLa pieza, un trabajo preparatorio del famoso retrato, será presentada hoy por Emilio Marcos Vallaure

PACHÉ MERAYOOVIEDO.
Primer retrato de Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, más conocido como el marqués de Vadillo, realizado a en las primeras décadas del siglo XVIII por el asturiamo Miguel Jacinto Meléndez./
Primer retrato de Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, más conocido como el marqués de Vadillo, realizado a en las primeras décadas del siglo XVIII por el asturiamo Miguel Jacinto Meléndez.

Uno de los principales retratos de la nobleza española, a los que se dedicó con pleitesía dieciochesca Miguel Jacinto Meléndez (Oviedo, 1679-Madrid, 1734) en los últimos años de su vida, se reencuentra hoy con su modelo en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Se trata de una de las obras en las que el asturiano, nombrado en 1712 pintor de cámara del rey Felipe V, da representación a Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, conocido como el marqués de Vadillo, caballero destacado en la corte, que fue corregidor de la Villa de Madrid bajo su reinado.

El cuadro, propiedad de las colecciones municipales de la capital, colgado durante años en el Museo de Historia, se encuentra ya en las paredes de la principal pinacoteca asturiana, donde responde a uno de los muchos depósitos que enriquecen sus colecciones. Hoy, a las doce del mediodía, esta obra que data de las primeras décadas del siglo XVIII, será encarada con otra, considerada antecesora, que responde a uno de los trabajos preparatorios que el artista realizó para consolidar definitivamente el retrato en la pieza en la que el corregidor quedó inmortalizado. El modelo será presentado al público por el consejero de Cultura y ex director del Museo de Bellas Artes, Emilio Marcos Vallaure.

Según los expertos, este retrato que se reúne con su modelo y otro segundo que también pintó Miguel Jacinto Meléndez del marqués son un «espléndido ejemplo» del género retratista español. El de Vadillo, que por cierto fue mecenas del mismísimo Pedro de Ribera, impulsando muchas de sus obras, (como la ermita de la Virgen del Puerto, donde está enterrado), es también uno de los dos mejores retratos que el creador asturiano realizó en la etapa en la que dedicó prácticamente todo su talento a representar a grandes caballeros y damas de la corte, con algunas excepciones centradas en la pintura religiosa.

Otro bien pudiera ser uno de los muchos que dedicó a Felipe V (uno de sus principales clientes), además del mentado segundo retrato que hizo al marques de Vadillo, en el que dicho rey depositó tal confianza que le hizo ganar unos poderes morales y reales muy por encima de los que tuvieron sus antecesores corregidores. No en vano Francisco Antonio Salcedo y Aguirre fue uno de los más destacados de su siglo.

La figura del pintor

Miguel Jacinto Meléndez, del que se conocen 22 importantes retratos, perteneció a una dinastía de creadores y resulta más que interesante para comprender algunos aspectos de la evolución de la pintura española en el cambio dinástico tras la muerte de Carlos II.

Como advierte José de la Mano, especialista en la obra de Meléndez: «Pendientes de una revisión historiográfica que valore en su justa medida las aportaciones de los pintores de los reinados de Carlos II y Felipe V, Miguel Jacinto Meléndez es uno de los más destacados representantes de una generación de pintores que, educados estéticamente durante el reinado de Carlos II, desarrollarán su labor durante el reinado de Felipe V».

Es precisamente en ese período cuando «la incipiente y novedosa política estética de los Borbones, todavía llena de balbuceos, modifica el panorama artístico hispano».

Miguel Jacinto Meléndez nace en Oviedo en 1697, hijo del «muestrense» Vicente Meléndez de Ribera y de Francisca Díaz de Luxío. Su familia emigra a Madrid siendo él un niño y allí se forma en el arte de la pintura de la mano del pintor José García Hidalgo, en la Academia del Conde de Buena Vista. Lo hace como todos sus contemporáneos copiando estampas y dibujos, luego al natural y, finalmente, copiando cuadros de grandes maestros del siglo XVII. A principios del XVIII (1712) se le nombra pintor del Rey (Felipe V) sin sueldo. La llegada de Luis I supone un repunte en su actividad. Deberá realizar toda una serie de retratos oficiales al nuevo soberano para colocar en las principales instituciones del reino. De hecho, fallece en 1734 con una posición económica desahogada, dejando un legado de pintura y ninguna deuda.

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