Cometas por la Laboral

Los donostiarras llegaron al Teatro de la Laboral con un repertorio centrado en su coreado último trabajo La Oreja de Van Gogh presentó ayer su último disco con viejos éxitos

ALEJANDRO CARANTOÑAGIJÓN.
El popular grupo, con Leire Martínez a la cabeza, anoche en la Lab oral. ::
                             PAÑEDA/
El popular grupo, con Leire Martínez a la cabeza, anoche en la Lab oral. :: PAÑEDA

El teatro de la Laboral acogió ayer, con su imponente acústica al abrigo del irregular clima norteño, la presentación del último disco de La Oreja de Van Gogh, 'Cometas por el cielo'.

Los donostiarras, que reivindican en su directo el buen ambiente que reina entre ellos, acometieron un repertorio pensado para sus seguidores más acérrimos y transeúntes casuales, radiofórmula mediante.

Porque a pesar de las sonrisas que reinan entre ellos, no dejaron de aupar y de apoyar a su cantante, Leire Martínez, que defendió con solvencia y encanto todas y cada una de sus líneas. La presencia de un público mayoritariamente fan, que llegaba con los deberes hechos y las ganas de corear a flor de piel, no permitió saber cuál será exactamente el alcance de un 'Cometas por el cielo' que supone, en cierta medida, un giro en el sonido de la banda donostiarra.

Con todo, el trabajo de ensayo se hizo patente en una textura bastante compacta a lo largo del repertorio, algo que el respetable agradeció. Eso sí, los coros más enérgicos recayeron en lo más granado y conocido del repertorio de La Oreja de Van Gogh.

Entre los estribillos más pegadizos de su primera época y la intención de madurar con el último disco de estudio, con la sucesora de Amaia Montero plenamente integrada en la formación, media un trecho que se esforzaron en trazar con cierto orden, a través de un repertorio extenso y representativo de su producción.

Se mantuvieron, asimismo, fieles a algunas de su más teatrales costumbres: introducción instrumental, entrada vocal y público en el bolsillo, primero. Luego, el ineludible tramo acústico a mitad del recital para marcar el ritmo e infundir color a la velada gijonesa. No había hueco para la improvisación en el pop bien apretado que hacen los de San Sebastián; solo había sitio para volcar la fórmula que tan buen resultado les ha dado en los últimos quince años, y para la diversión más desinhibda y cantarina de incondicionales y espectadores casuales.

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