Pedro Solís, un célebre celebrado

El único personaje de Avilés cuyo nombre perdura por triplicado

A la izquierda, el histórico Hospital de Peregrinos de la calle Rivero. Frontalmente medía (edificio y paredón de huerta) cerca de 50 metros (foto de 'Avilés en el pasado', de Nardo Villaboy)./
A la izquierda, el histórico Hospital de Peregrinos de la calle Rivero. Frontalmente medía (edificio y paredón de huerta) cerca de 50 metros (foto de 'Avilés en el pasado', de Nardo Villaboy).

No es fácil dejar en la Historia de un pueblo tu nombre asociado a una obra y encima monumental y con más de quinientos años encima.

El tiempo lo logró para Pedro Solís, con un edificio religioso. Y le faltó el canto de un duro para que se conservara otro, más relevante y de carácter civil. Pero fue arruinado.

Ocurrió en la calle de Rivero, hacia la mitad del pasado siglo, justo por el tiempo en el que Avilés iba a comenzar a transformarse -y cambiar para siempre su fisonomía- con la llegada, en tropel, de industrias metalúrgicas.

Fue, en 1948, cuando empezó a construirse la fábrica de Cristalería Española. Y fue, en 1948, cuando se terminó destruyendo el Hospital de Caridad -como era conocido popularmente por aquel tiempo- de Rivero, situado a poco de iniciarse la margen izquierda de la espectacular calle avilesina.

Y en el verano de 1948, de aquel noble, histórico y antiguo edificio no quedo ni la fachada. Y de su fachada no quedó ni el escudo. A pesar del desesperado artículo publicado, en 'La Voz de Avilés', el día 20 de agosto de aquel año, por el investigador histórico José de Rújula.

Los privilegios económicos urbanísticos asolaron un edificio que tuvo un destacado protagonismo en la villa avilesina. Había sido construido como Hospital de Peregrinos, en 1515, a expensas de Pedro Solís León, miembro de una adinerada familia, emparentada con la casa de Trasona, con origen en Solís.

Estaba cargado de dignidades y cargos que en aquella época -todo hay que decirlo, para que algo se sepa- se adquirían frecuentemente mediante compra, aunque fuera disfrazada. Aunque tampoco quiera decir que sea el caso.

Este eclesiástico avilesino, canónigo de Toledo, fue: Arcediano de Madrid, Abad de la Colegiata de Santa Marta en Astorga, también de la de Arbás y célebre como protonotario (alto cargo vaticano) del papa Alejandro VI.

Su poderío era notable, a juzgar por las obras que se edificaron a sus expensas: una capilla y el gran (para aquella época) Hospital de Peregrinos.

La primera, de unos 50 metros cuadrados, conocida como la 'Capilla de Pedro Solís', es el monumento gótico más relevante del patrimonio religioso de Avilés y está adosada -en la parte izquierda- a la histórica iglesia de los Padres

Luego está lo del Hospital de la calle Rivero, que le dio mucho caché a Avilés. En origen destinado a atender peregrinos del Camino de Santiago, la histórica autopista cultural europea. Un 'invento' del Rey asturiano Alfonso II, y que tanto desarrollo le trajo a la península ibérica, tanto como el enorme peaje sanitario (en forma de epidemias) tuvo que pagar por él.

Con el tiempo del Hospital se aprovecharon, sanitariamente, los avilesinos. Incluso, en 1841, se convirtió en Hospital de Caridad, hasta que entre 1927 y 1933 asumió dichas funciones el nuevo de la calle Cabruñana.

Y el histórico de Rivero fue conquistado por el abandono. Acuartelamiento en la guerra civil, escuela pública temporal, caballerizas... Y demolición, inexorable.

Siete años más tarde un decreto de Estado español, de 27 de mayo de 1955, iba a actuar de escudo protector del patrimonio histórico avilesino, blindándolo de actuaciones este tipo.

Llegó tarde para aquel Hospital de Peregrinos, financiado por Pedro Solís.

Pero, su nombre perdura en el actual albergue de peregrinos -nada que ver, del cielo a la tierra, arquitectónicamente-, en una capilla gótica y en una calle, aunque no céntrica.

Pero no quedó arrumbado en el zaquizamí histórico, tan atiborrado de silencios.

Excepción que apetece aplaudir con las orejas.