25 años de acordes mayores

El Conservatorio Profesional de Música celebra sus bodas de plata con un gran concierto en la Laboral

A. VILLACORTAOVIEDO.
Un momento del concierto de ayer en la Laboral. ::
                             JOAQUÍN  PAÑEDA/
Un momento del concierto de ayer en la Laboral. :: JOAQUÍN PAÑEDA

68 profesores, 19 especialidades instrumentales y cerca de 700 alumnos. Las cifras hablan por sí mismas de lo conseguido por el Conservatorio Profesional de Música de Gijón que, en sus 25 años de existencia, ha logrado convertirse en el mayor de Asturias. Y, para celebrar sus bodas de plata y conmemorar la festividad de Santa Cecilia, patrona de los músicos, ayer organizó un concierto por todo lo alto en la Laboral, «un homenaje a la música asturiana», resumía la directora del centro público, Julia Álvarez, poco antes de su inicio.

Álvarez volvió la vista atrás y recordó que el conservatorio gijonés comenzó su andadura durante el curso 1986-1987 compartiendo instalaciones con los alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria El Piles y que, en aquellos momentos, dependía directamente del entonces Ministerio de Educación y Ciencia, un estatus que mantuvo hasta 2000, año en el que las competencias educativas fueron transferidas al Principado. Durante aquel primer curso, el conservatorio impartió solo enseñanza de grado elemental y ya en el siguiente se instaló en el antiguo cuartel 'Héroes de Simancas', en El Coto, donde permanecería las dos siguientes décadas.

En este segundo periodo, cuando se convirtió por fin en Conservatorio Profesional, el claustro de profesores vio incrementado notablemente su número y los doce iniciales pasaron a ser casi treinta.

El curso 2008-2009 fue el de su segundo cambio de ubicación con el traslado a la Laboral, una última etapa que también llegó con la implantación de la gaita, hace cinco años, una especialidad sin tradición en los conservatorios y que hoy goza de una excelente salud.

Carlos Rubiera también cantó

Pero no solo la gaita pega con fuerza. De hecho, según Julia Álvarez, «en los últimos tiempos, se ha percibido un importante cambio de tendencia y, además de los instrumentos clásicos como el piano, el violín y la guitarra, cada vez tienen más tirón el resto de los de cuerda y los de metal. Prueba de ello es que tenemos cubierta la matrícula», contaba, orgullosa, Álvarez.

Quizá por eso y a pesar de los recortes que aquejan a buena parte de los centros públicos, «han respetado la plantilla y todas las plazas necesarias están cubiertas», otro «motivo de satisfacción» para la dirección del conservatorio, el único adscrito a la Consejería de Educación del Principado donde se imparten las enseñanzas elementales y profesionales de música.

Ayer fue el turno de trasladar las actividades que realizan a lo largo de todo el año al gran público en la Ciudad de Cultura a través de una proyección, a la que siguió un recital protagonizado por Xuacu Amieva, acompañado a la gaita por un violín eléctrico y al que asistió el concejal de Cultura, Carlos Rubiera. El edil, que estudio seis años en el conservatorio, fue uno de los protagonistas del concierto.

De manera espontánea se subió al escenario y cantó una balada asturiana con la soprano Inmaculada Laín y Minerva Martínez, al piano. La voz de Inmaculada Laín, «una soprano brillante, que también fue alumna», y los acordes de la orquesta y el coro del conservatorio, bajo la dirección de Antonio Ribera, hicieron el resto en un recital «muy especial» en la que se estrenó un himno celta compuesto por Juan Carlos Casimiro.

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