De dirigir la reforma de la Laboral a la barra de un bar

El arquitecto Sergio Barragán, artífice de la transformación de la Laboral y del Teatro Jovellanos, abre un bar para ganarse la vida

MARCOS MOROGIJÓN.
El arquitecto Sergio Barragán, acodado en una mesa de la vinatería que acaba de abrir en el barrio de Moreda. ::                             JOSÉ SIMAL/
El arquitecto Sergio Barragán, acodado en una mesa de la vinatería que acaba de abrir en el barrio de Moreda. :: JOSÉ SIMAL

Llevaba año y medio sin visar un solo proyecto. El arquitecto Sergio Barragán Arévalo, coordinador, entre otros, de las rehabilitaciones de la Laboral y del Teatro Jovellanos, vio de repente cómo se quedaba sin trabajo de lo suyo tras 25 años de ejercicio de la profesión.

La caída de la facturación en su estudio y la falta de horizonte de mejora por el parón inmobiliario y de la obra pública le llevaron a invertir sus últimos ahorros en una nueva vinatería, El Obenque, que acaba de abrir al público en el barrio de Moreda, con su sello personal en el diseño y la decoración del local. «Te levantabas por la mañana mirando a las gaviotas y sin ingresos. Había que buscar una salida y la hostelería por ahora me la ha dado», explica el arquitecto de 53 años, que lleva afincado en Asturias desde 1991.

Asegura que, desde el punto de vista técnico, la adecuación de un antiguo kiosco de prensa de la calle del Desfiladeros de Los Beyos en bar de vinos y tapas no ha supuesto excesiva complicación. «Ya tenía experiencia en locales de este tipo porque diseñé el proyecto del restaurante La Galana, en la plaza Mayor», señala. Además, Barragán estaba acostumbrado a las grandes magnitudes por los cuatro años a pie de obra que pasó al frente de los trabajos desarrollados en la Ciudad de la Cultura. «He pasado de dirigir a mil personas a tener una sola camarera a mi cargo. Y de 3.000 unidades de obra en cada proyecto de rehabilitación de la Laboral, como el teatro o el Centro de Arte, he pasado a controlar sólo 150 en la puesta a punto de la vinatería», resume. En la puesta en marcha del bar ha adelgazado seis kilos. «No se me caen los anillos por servir vinos, cortar jamón o limpiar los inodoros», afirma Barragán, a quien siempre le ha atraído el mundo de la enología y que echa de menos ese espíritu de lucha en las generaciones jóvenes. En cierto modo, para él es un poco como retrotraerse a la época estudiantil, cuando ya se costeó parte de la carrera sirviendo copas e incluso repartiendo pizzas. La decisión de abrir el negocio en Moreda, el barrio en el que reside desde hace un año, fue por proximidad y también por la ausencia de competencia en la zona donde resalta que «es muy fácil de aparcar porque no hay ORA».

No tiene cocina y el embutido lo trae de Extremadura (el jamón) y de Salamanca ( el chorizo). La capacidad es para 25 personas. «El secreto de este negocio es tener producto de calidad a buen precio», arguye el técnico, que ha bautizado a su bar como El Obenque -los cables que sujetan el mástil de un barco velero- en homenaje a su afición a las regatas.

El planteamiento de su negocio dice que surge «desde la premisa de hacer las cosas poco a poco y bien desde el principio y aplicando el raciocinio en la gestión con una camarera con nueve años de experiencia y a la que se le paga las ocho horas estipuladas por convenio». Asegura que su caso no es único y que tiene otro colega de profesión que ha encaminado los pasos en la misma dirección con la apertura de otro bar en la calle de San Bernardo.

Opciones de Brasil y Australia

El también autor del proyectodel Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, en Ribadesella, estuvo sopesando proseguir su actividad profesional fuera de España antes de embarcarse en la hostelería. Brasil, en plena vorágine constructiva como sede mundialista y olímpica, y Australia fueron las opciones que acabó desechando. «Me pilla mayor para dar el salto», admite.

En los años de bonanza Barragán y Asociados, su estudio de arquitectura, llegó a tener 17 empleados. En agosto de 2010 facturó 300.000 euros y un año antes, 800.000. El arquitecto tiene ahora la empresa «en stand-by» sin darla de baja en la Agencia Tributaria por si algún día puede reflotarla. «El conocimiento y la experiencia adquiridas nadie me las quita», se consuela, mientras se pone el mandil y acude, solícito, a cortar jamón detrás de la barra. «Dirigí el proyecto de rehabilitación más importante de Asturias y ahora toca servir vinos», concluye .