El racismo del ecologismo rancio (I)

JUAN ANTONIO VALLADARES ÁLVAREZGANADEROS, DOCTOR EN ECOLOGÍA Y PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE PASTORES

De nuevo hemos tenido que aguantar los ganaderos otra perorata desinformada, llena de insensibilidad y prejuicios y además racista de una persona que se cree defensora de los Picos de Europa: Laura López Varona, secretaria y apoderada de la Asociación para la Defensa Jurídica del Medio Ambiente (ULEX). Y lo digo sin acritud, con todo el cariño del mundo y esperando que su experiencia sobre el terreno la ilustre e ilumine. A diferencia de ella, justificaré cada una de mis denuncias con argumentos que espero resulten de peso. Es verdaderamente estúpido decir que el principal problema del Parque Nacional de los Picos de Europa -en su vertiente asturiana- somos los ganaderos, así de claro debe decirse. Esa afirmación sólo se puede hacer desde la ignorancia más profunda de la realidad o desde una mala fe cargada de racismo. Doy por hecho que la persona que ha atacado a los ganaderos de una forma tan desaprensiva lo ha hecho impulsada por el primero de los supuestos. También quiero dejar clara mi convicción de que el ecologismo irracional cede cada vez más a posiciones conservacionistas mucho más tolerantes debido, básicamente, a un aumento de conocimiento y contacto con la realidad.

El ecosistema de los Picos de Europa ha sido siempre silvopastoril. Con la retirada de los hielos tras la última glaciación, hace unos 10.000 años, llegaron los primeros pastores a estos puertos. Parece ser que los mismos pueblos que habitaban cotas más bajas fueron ocupando en veranadas los montes a medida que el hielo les cedía el paso. Llegaron antes los pastores que especies tan emblemáticas como el haya, así que si hay hayedos aquí es ciertamente porque la actividad ganadera tradicional lo ha permitido. Es una evidencia geobotánica. La actividad pastoril de las culturas que han habitado este paraje desde entonces se ha mantenido constante y, lo que es más valioso, encadenada. Nosotros somos los indios de Asturias. Somos la cultura arraigada secularmente en el terreno, la conocedora e impregnada de su tierra, la integrada, la que vive en y de la naturaleza que los ecologistas de postín apreciáis en los carteles y en vuestras visitas turísticas -porque, aunque se viva en Cangas de Onís, se puede ser un turista cuando se sube a los Picos-; la que ha permitido que los que llegáis de otras culturas ajenas a nuestros montes podáis apreciar los Picos en todo su esplendor, aunque que muchas veces sin comprenderlos bien.

Pocas culturas rurales occidentales han mantenido una continuidad existencial así. La riqueza y la sabiduría de esta cultura se demuestra, entre otras cosas, por la sostenibilidad manifiesta de nuestra gestión del territorio -esa sostenibilidad que vosotros creéis cumplir y culminar reciclando latas y usando a veces la bici, con todo mi respeto a ello-. Somos parte de un ecosistema silvopastoril en nuestros montes como lo son los maasáis de su sabana. Ambos coincidimos también en que las culturas foráneas que han arramblado en nuestros territorios nos intentan expulsar de él. Primero nos quitan el legítimo autogobierno asambleario autoproclamándose ellos como los poderes legítimos: «hay que expulsar -o asimilar- a los salvajes» -decidieron-. Luego, como si fuéramos nosotros los advenedizos, se nos dice lo perjudiciales que somos para «su» Parque Nacional. Es realmente patético, inmoral, soberbio, insultante, injusto.

La secretaria y apoderada de la Asociación para la Defensa Jurídica del Medio Ambiente (ULEX) ama el matorral. Ya lo manifiesta el espinoso nombre de la Asociación que representa (Ulex spp., nuestras árgomas o cotoyes pero en nomenclatura científica binomial). Se nota que no tiene que subir y bajar por el monte lejos de los senderos, empujando al ganado que no se comió el lobo ese año. Se nota que la supervivencia de su ganado no depende del pasto. Se nota que su supervivencia no depende de la de su ganado. Si así fuera, quedaría maltrecha su presunta «independencia» de criterio, cuando sus animales no coman y sus tobillos se llenen de heridas por un exceso de Ulex producto de un desequilibrio ecológico que en nuestro ecosistema silvopastoril trajo la arrogancia del hombre blanco: ¡Eh, ignorantes, nosotros os enseñaremos a gestionar el monte! -dijeron-, y lo llenaron de pinchos. ¿Quién es el que realmente puede utilizar esta exclamativa sentencia, ellos o nosotros? ¿Los indios o el séquito del general Custer? Porque si los ignorantes son los pastores, los que han modelado conjuntamente con las otras especies que habitamos estas y otras montañas el paisaje que dicen que aman, no entiendo. Como decía el indio Seatle, debe ser porque soy un salvaje que no entiendo. No sé si lo saben en su Asociación, pero han escogido el nombre de la planta que, cuando ocupa superficies notables en grandes densidades, menos favorece la diversidad biológica y más los incendios. La menor biodiversidad de nuestros montes es, efectivamente, la de las laderas cubiertas de Ulex, una etapa de sustitución vegetal que no va a ninguna parte.

Creen que su criterio es el correcto porque son «independientes», ya que no tienen «intereses» en el territorio, algo falso. En primer lugar, su criterio no es independiente de intereses, aunque estos sean intangibles. En segundo lugar, el interés del indio por seguir viviendo en su ecosistema silvopastoril es precisamente lo que nos legitima como máximos decisores sobre lo que llamáis Parque Nacional pero que realmente es nuestro hábitat de verano desde hace miles de años.

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