Conjunción planetaria

RAMÓN AVELLOCRÍTICO MUSICAL

Había una lógica y múltiple expectativa en el Concierto Homenaje a Kraus que con tanto acierto organizó la Asociación Lírica Asturiana 'Alfredo Kraus' que preside Carlos Abeledo, el sábado pasado en el Teatro Filarmónica de Oviedo. Una expectativa que se transformó, nada más abrir la boca Leo Nucci, en un continuado entusiasmo. «Leyenda vida», «¡Monstruo!» «¡Portento!», «barítono de los barítonos», son calificativos que le pueden cuadrar a Nucci, un genio del canto de una personalidad inabordable que nos ofreció, al menos, cuatro perfiles muy definidos: El barítono cómico, con agilidad, homogeneidad de registros y una gracia teatral que no necesitaba complemento escénico para transmitir la risa y el humor. Con un poco de mímica y mucho de voz, bastaba. Otro perfil, el del barítono de carácter, potente, hondamente expresivo que reflejó, como nunca he oído, el odio y el temor en el aria 'Cortesanos, vil raza maldita'de Rigoletto, o en el recitativo 'Enemigo de la Patria', de Andrea Chénier. El tercer perfil el del barítono sentimental, seguro de si mismo, elegante y ligeramente decadente de las canciones napolitanas y, finalmente, la del hombre comunicativo, cordial, espontáneo y vital que provoca en quien le escucha, un torbellino de simpatía y de emociones.

No es fácil intervenir después del terremoto Nucci, y, pese a ello, el tenor Celso Albelo, mucho más que una promesa, cumplió su misión tanto con sutileza belcantista y emoción. Su voz es la de un tenor lírico ligero. Agudos brillantes, pero con una densidad vocal que acrecienta el lirismo. Sutilezas en los matices, con control de las intensidades con una 'media voz' muy bien regulada y un color tímbrico muy hermoso, especialmente en 'Una furtiva lacrima', muy 'braveada' por el público, son algunas de las cualidades de este joven tenor canario. Albelo puede ser brillante, sin rehuir fuegos de artificio en vibrantes finales, pero también intimista y delicado, como en la milonga 'Canción del Arbol del Olvido', de Ginastera.

Como parte esencial a la labor de los cantantes, debemos destacar la labor del pianista Juan Francisco Parra. Más que acompañante, pianista 'integrante' que recrea sonoridades orquestales y acompasa prácticamente con la misma respiración a los cantantes y complementa la voz con el canto del teclado, siempre con seguridad, claridad y pulcritud. Parra fue como esa «tercera pata de un banco» en una conjunción planetaria de voces en recuerdo y homenaje a Alfredo Kraus.

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