El asombroso Llaranes, por tierra, mar y aire

Un barrio antiquísimo, cargado de singularidades históricas

ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI
La construcción del poblado de Ensidesa, en Llaranes en la década de los 50 del pasado siglo, marcó un antes y un después del barrio./
La construcción del poblado de Ensidesa, en Llaranes en la década de los 50 del pasado siglo, marcó un antes y un después del barrio.

Fue cuando nos cayó Ensidesa encima, a finales de aquella primavera de 1950, cuando creen, algunos, que nació Llaranes. El desconocimiento histórico sobre los barrios tradicionales de Avilés es cosa habitual. Llaranes es un ejemplo -cruel- de esa ignorancia.

Pegó un salto en aquella década, cuando la Empresa Nacional Siderúrgica S.A., universalmente conocida por su acrónimo Ensidesa -una de las mayores siderúrgicas del mundo- plantó aquí un poblado para sus primeros empleados. El diseño arquitectónico y el uso, lo convirtieron en ejemplo de patrimonio urbano, citado como modélico y singular, en congresos (nacionales e internaciones) sobre aspectos sociales y urbanísticos. Todo un episodio aparte.

Por aquellos años, no es que Ensidesa mandase mucho, es que lo mandaba casi todo. Por ejemplo en Llaranes: donde a pesar de haber un San Lorenzo, como se verá, construyó dos Santas Bárbaras: templo religioso uno y deportivo el otro (su campo de fútbol) hoy rebautizado con el nombre del ex presidente del club, 'Muro de Zaro'.

Pero Llaranes es lugar que se remonta a tiempos del imperio romano. Aquí se han descubierto restos de monedas romanas, conservadas en el Museo Arqueológico de Asturias. La distancia en el tiempo que separan al antiguo Llaranes, aquel Larius, aquel Leranes (topónimos romanos) del actual, se mide por siglos. Tela, mucha tela.

Ya figura en documentos del siglo XI. Muchísimo antes de que se construyera, por ejemplo, el Avilés del barroco, aquel que vio nacer espectaculares calles (Rivero o Galiana) y monumentales palacios (Camposagrado y Ferrera).

Y luego está la constitución de la parroquia de San Lorenzo, de cuya herencia queda la actual capilla, en el 'Llaranes viejo', con esa pincelada prerrománica de su 'ventanina'. Un interrogante, mayúsculo, sobre su pasado.

En siglo XIX, un documento eclesiástico cita textualmente al 'barrio de Llaranes de Sabugo'. Por lo que se puede deducir que el modo de vida de sus habitantes no solamente era el campesino, sino que practicaban la pesca, lo que facilitó una estrecha relación con el pueblo de Sabugo, extramuros de la villa de Avilés. Después de todo la Ría llega hasta Llaranes.

Los marino no le es ajeno. Incluso un mercante fue bautizado con su nombre. El granelero-bulkarrier 'Llaranes' surcó los mares, desde su botadura en 1971 en Sevilla hasta el 9 de septiembre de 1994, cuando constaba como varado en Alang (India) listo para desguazar.

También hay otra cosa, de mucho vuelo. Porque el barrio es pionero en la historia local de la aviación. En 1914, desde los campos del valle de Llaranes despegó -y luego aterrizó- la avioneta que voló, por vez primera, sobre Avilés y sus alrededores. Era un aparato de la marca Pomerd y estaba pilotada por Rodrigo González.

Y hay otra cosa que, también, le da mucho restallo: el cine.

Llaranes aparece en la histórica película (muda) rodada en 1924 en Avilés, Salinas y Soto del Barco, con motivo de la visita que las autoridades norteamericanas del Estado de Florida hicieron a nuestra ciudad para homenajear a Pedro Menéndez de Avilés, fundador de la -hoy- ciudad más antigua de los Estados Unidos: San Agustín de La Florida.

Una de las secuencias está rodada en Llaranes, en terrenos que hoy ocupan la Plaza Mayor y la avenida principal del poblado, y entonces finca de Gonzalo Heres, un indiano al que apodaban 'El Diamante'.

Por tanto, es el primer barrio avilesino que aparece en la gran pantalla. Cincuenta años más tarde, el Grupo Foto-Cine Ensidesa (miles de socios), con sede social en el barrio, convocaría anualmente certámenes internacionales de cine amateur.

Manca ¿eh?

Porque lo de Llaranes es un mazazo histórico a la ignorancia. Y que bien mirado, pueda alcanzar categoría milagrosa.

Asombroso, lo veo yo.

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