Un aljibe y torre de control en Cimadevilla

Las excavaciones en la Fábrica de Tabacos desvelan la existencia de restos óseos de seis personas y un depósito para almacenar agua

DIEGO FIGAREDOGIJÓN.
La arqueóloga Carmen Fernández Ochoa, durante su conferencia. ::
                             L. S./
La arqueóloga Carmen Fernández Ochoa, durante su conferencia. :: L. S.

Cuando las Agustinas Recoletas habitaron por fin el convento de Cimadevilla, construido entre 1669 y 1733 -y que un siglo más tarde acogería la Fábrica de Tabacos-, no imaginaban que bajo la fuente de su jardín, en el claustro, se encontraban los restos de un aljibe edificado durante la ocupación romana del cerro de Santa Catalina y sus alrededores. Sin embargo, al igual que siglos atrás hicieran los habitantes de la ciudad, supieron sacar provecho al acuífero o fuente de agua natural existente en el subsuelo del convento.

Aprovechando dicha fuente, los romanos construyeron un depósito de seis por seis metros para almacenar agua, con cuatro de profundidad. Además, la reconstrucción del aljibe mostró que la estructura contaba con dos pisos sobre el depósito, con lo que a su función principal de gran pozo del asentamiento, los investigadores plantean la hipótesis de un objetivo secundario: una torre de control. «Tiene un posible carácter estratégico, porque desde lo alto se podría ver el mar», explicó ayer la arqueóloga Carmen Fernández Ochoa durante las jornadas 'Gijón, entre la Antigüedad y la Edad Media', que continúan hoy en el Centro de Cultura Antiguo Instituto.

Además, gracias a la topometría láser, la localización del aljibe, que en un primer momento parece haber sido construido «torcido» respecto a la estructura del convento, cobra todo sentido. «No está colocado de cualquier manera», sino que está en el centro de la ciudad, en el corazón de la Cimadevilla romana, es decir, en el punto donde se cruzarían perpendicularmente las dos calles principales del asentamiento, una de las cuales desembocaría en la puerta de la muralla.

Con todo, la caída del imperio trajo cambios al aljibe de Cimadevilla. Entre mediados y finales del siglo V se abandona su uso y se destruye la torre sobre el depósito. Así, una parte queda inutilizada y otra permanece al descubierto. En esta última comienzan a almacenarse desperdicios y se convierte en un basurero. Gracias a ello el equipo de investigación de la Fábrica de Tabacos puede hoy analizar aspectos de enorme importancia histórica: en el antiguo aljibe se encontraron restos de utensilios y mobiliario -entre ellos una silla- así como de diversos animales, plantas y semillas.

Ya de época del convento -siglo XVIII-, se han encontrado restos óseos de seis individuos. Dos de ellos, varones de entre 36 y 50 años, en sendas tumbas. Ambos vestían un hábito o sudario y calzaban sandalias de cuero. De los otros cuatro, con al menos una mujer entre ellos, solo se conservan algunos huesos, hallados en un osario junto a una de las tumbas. El análisis de los dos esqueletos completos ha dibujado la posibilidad de que fueran sacerdotes.