La cruz de Pienzu

CARMÉN PIÑÁN Y BERNARDO CANGA

El pasado sábado, en pleno monte, veíamos a un lado, majestuoso, el Picu Urriellu, y recordábamos, con cariño a Pío Canga y a José Ramón Lueje (sus primeros escaladores tras la guerra civil); y, al otro lado, la mirada se dirigía embelesada a la sierra del Sueve y, en lo alto, brillante por la luz del sol, estaba su maravillosa Cruz del Pienzu. Y , qué casualidad, a los pocos minutos una llamada telefónica (con poca cobertura), de Pío Canga hijo, nos decía, con tristeza, que se había muerto Miguel Díaz Negrete. Un buen amigo, de los de verdad, de los que siempre nos apoyaba y motivaba en la defensa de los restos de las calzadas y puentes romanos que aún quedan en Asturias (tan olvidados oficialmente) o del Voluntariado de Protección Civil (tan denostado por algunos) o en la defensa de nuestra Naturaleza (tan degradada actualmente por muchos) o nos animaba en la realización de las marchas jovellanistas. Siempre en positivo y cariñosamente, nos decía que «seguid adelante, no desmayéis». Qué gran arquitecto se pierde Asturias, pero también que gran patrono de la Fundación Foro Jovellanos y, sobre todo, qué gran persona.

Hace unos meses, a las 9 de la mañana nos llamó para que pusiésemos en este periódico, si nos parecía bien, la reproducción del boceto original que acaba de encontrar de la Cruz del Pienzu por él diseñada hace ahora algo más de medio siglo. A su edad, a las 9.30, nos mandaba el dibujo de esa cruz por correo electrónico.

La sierra del Sueve tiene unos 100 kilómetros cuadrados de extensión y su máxima altitud es el Picu Pienzu, que con 1.149 metros sobre el nivel del mar es una de las principales cotas (no volcánicas) más cercana a la costa, de todo el planeta. Pero es su alta cruz, de 16 metros, en la cima del Pienzu, lo que suele llamar la atención a los viajeros. Allí, en lo alto, se ve majestuosa esta cruz metálica colocada a instancias de la familia Vitorero, de Lastres, en 1955; y diseñada por el entonces joven arquitecto gijonés Miguel Díaz Negrete. Esta cruz sustituyó a otra de madera derribada por un rayo (ya había ocurrido lo mismo con otra anterior) y querían que esa nueva fuese sólida y resistente, como así fue. La familia Vitorero, afamada en Lastres (localidad ahora merecidamente Pueblo Ejemplar de Asturias) siempre fue pionera en todo y filántropa como ninguna. Esa cruz serviría de orientación a los navegantes (dado que el Pienzu se ve muy dentro del mar) y como promesa al regreso de familiares emigrados a América. Se pensó en Miguel Díaz Negrete para ese proyecto, dada su buena reputación en la zona, al ser entonces arquitecto en el Ayuntamiento de Colunga; municipio donde se asienta Lastres y el mismo Picu Pienzu. En este pico se suelen ver los gamos y los asturcones con facilidad, y es una excelente atalaya para divisar gran parte de la costa asturiana (según el geólogo Schulz se podía contemplar, en un día muy claro, desde Galicia hasta Vizcaya) y también los Picos de Europa y la zona oriental de la Cordillera Cantábrica. Hace 55 años, el día de su inauguración, se celebró una gran romería en el Sueve (tanto en el Pienzu como en su base, en la famosa majada de Mergullines) con misa de campaña, grupos folclóricos y cientos de excursionistas, muchos de ellos venidos de Gijón en una multitudinaria excursión colectiva organizada por la sin par Agrupación Montañera Astur Torrecerredo. La abundante sidra y la gaitas (entre ellas la del Gaiteru de Libardón) dieron la bienvenida a la Cruz diseñada por el arquitecto Miguel Díaz- Negrete.

Te seguiremos recordando siempre con cariño, Miguel. ¡Cómo brillaba el sábado la Cruz del Pienzu!