Trigo, vid y olivas

La investigación vegetal de la Fábrica de Tabacos revela una típica base alimentaria romana cultivada en Cimadevilla

DIEGO FIGAREDOGIJÓN.
Los investigadores de Tabacalera Miguel Ángel López, Paloma García, Yolanda Álvarez, Fernando Gil, Josefina Rascón, Esther Checa, Elena López-Romero, Carmen Fernández Ochoa, Arturo Morales, José Antonio Suárez, Andrea González, Eufrasia Roselló y Almudena Orejas. ::
                             CITOULA/
Los investigadores de Tabacalera Miguel Ángel López, Paloma García, Yolanda Álvarez, Fernando Gil, Josefina Rascón, Esther Checa, Elena López-Romero, Carmen Fernández Ochoa, Arturo Morales, José Antonio Suárez, Andrea González, Eufrasia Roselló y Almudena Orejas. :: CITOULA

Como auténticos romanos. Los habitantes de uno de los asentamientos estratégicos del imperio a lo largo de la costa del 'mare tenebrosum', siglos más tarde conocido como Gijón, no se privaron de los placeres terrenales que todo romano sabía apreciar en su justa medida. Trigo para el pan, vides para el vino y olivas para el aceite. Restos, todos ellos, encontrados en el aljibe y más tarde depósito de desperdicios que fue erigido en el centro de Cimadevilla -bajo el claustro del convento que más tarde ocuparía la Fábrica de Tabacos-.

Años de excavaciones e investigación fueron desgranados en estos dos últimos días en las jornadas 'Gijón, entre la Antigüedad y la Edad Media' que el equipo arqueológico y multidisciplinar participante en la excavación celebró en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. Ayer le tocó el turno a los resultados preliminares del equipo arqueobiológico especialista en vegetales: los restos de madera, semillas y polen que fueron acumulándose en el antiguo depósito de agua desde mediados del siglo V hasta algún momento indeterminado de la Edad Media.

Además de los restos de trigo, uva y oliva, característicos de la dieta romana, en el 'muladar' de Cimadevilla también se encontró polen procedente de cultivos de diversos cereales -imposibles de determinar-, así como praderas para el ganado, robles, abedules, alisos y olivos. Las semillas, perfectamente conservadas por la elevada humedad del depósito, pertenecen hasta a 75 especies diferentes. Cuatro de ellas, cultivadas por el ser humano: los ya mencionados uva y trigo, así como mijo y cerezas. Entre los frutos silvestres destacan moras, frambuesas, saúco y verbena.

Los restos más grandes, correspondientes a los diversos utensilios -una silla, recipientes, calderos...- y las ramas de árboles cercanos, corroboran los estudios de polen y semillas. Todo ello demuestra que los habitantes de Cimadevilla durante el final del imperio y el comienzo de la Edad Media cultivaban sus propios alimentos 'a la romana' y en las inmediaciones del asentamiento.

¿Torre de control?

Tras la sesión de conferencias, todos los ponentes participaron en una mesa redonda donde se debatieron diversos asuntos, algunos propuestos por los asistentes a las jornadas. El principal tema de discusión discurrió en torno al objetivo secundario del aljibe hallado en el subsuelo de la Fábrica de Tabacos. Los muros encontrados indican que el depósito de agua tuvo unos dos pisos de altura -unos siete u ocho metros, quizá diez-, por lo que los investigadores no descartaron una función de torre de control sobre la ciudad.

Además, su edificación en línea recta respecto a la puerta de la muralla también suscitó diversas hipótesis en cuanto a la estructura del asentamiento -la calle que cruzaría perpendicularmente la línea dibujada entre el aljibe y la puerta conduce a la zona de la iglesia de San Pedro, es decir, las termas romanas-. Para intrincar aún más el asunto, no se excluye la posibilidad de que la torre contara con un piso extra de madera, algo común en las edificaciones militares de la época.

Con todo, la investigación apenas acaba de comenzar, y los profesionales están seguros de que «Tabacalera volverá».