¡Que me oscurece! ¡Ay de mí!

RAMÓN AVELLO

El 'Cancionero musical de la lírica popular asturiana' no sólo posee un valor folclórico con la recopilación de unas quinientas canciones de Asturias, sino también una interesante y original propuesta de clasificación melódica. Frente a clasificaciones de la canción popular basada en los textos o en las funciones que ésta desempeña, desde acunar a un niño en una nana a despedir un muerto en un réquiem, Torner agrupa las canciones por su dibujo o línea melódica, ya que «quizá es éste el único medio seguro», escribe el folclorista asturiano, «para llegar a conocer el genio musical de cada pueblo». Torner divide las melodías asturianas en siete grupos; al primero, uno de los más genuinamente asturiano, pertenece la melodía que dice: «¡Que me oscurece! / ¡Ay de mí que me oscurece / a la salida del monte! / Penosina de la aldea, /dame posada esta noche.... /». Canción de la más remota antigüedad con la que se abre este 'Cancionero'. El sentido cósmico de la letra, con esa subjetivización de la naturaleza, es de una alta delicadeza poética, muy frecuente en la canción tradicional asturiana. En Asturias se personaliza desde a una nieve que «cae serenina» a un pino verde que nos consuela y comparte nuestra pena arrimándonos a él.

He vuelto a escuchar esta tonada en la voz de Joaquín Pixán, en la 'Oda a Jovellanos', cantata para tenor, coro y orquesta, auspiciada por el propio Pixán, con música de Jorge Muñiz y texto de Antonio Gamoneda. La 'Oda a Jovellanos' ha sido grabada por la OSPA, el Coro de la Fundación y Joaquín Pixan como solista, todo ello bajo la dirección de Óliver Díaz. Entre las conmemoraciones musicales del bicentenario de Jovellanos, esta composición posee una voluntad estilística propia de nuestro tiempo, y está escrita con intención de sobrevivir a los actos del bicentenario. Frente a la mera intención laudatoria que suelen inspirar estas cantatas de homenaje, se nos presenta en la 'Oda a Jovellanos' una semblanza más compleja del polígrafo gijonés, «clavo de oro en la conciencia lívida de España», esbozado como inconformista, rebelde, preso de sus circunstancias y amante de su tierra y de su pueblo.

Volviendo a la tonada, el «Que me oscurece», ha transitado por varias películas rodadas en Asturias, como 'El portero' o 'Cenizas del cielo', y tiene una pintoresca genealogía. Julián Orbón emplea esta melodía en el segundo movimiento, 'Conductus' de su obra 'Tres versiones sinfónicas', compuesta en 1954. Orbón quiere evocar la música medieval, y para ello toma un motivo de Perotín, maestro de capilla de Notre Dame de París, en el siglo XIII. Lo sorprendente es que este motivo es el mismo que el de la canción de Torner.

Más atrás en el tiempo, encontramos la misma melodía «Que me oscurece», en un disco editado por Armonia Mundi bajo la dirección de Gregorio Paniagua sobre la música arábigo andaluza. Una melodía del periodo califal o nazarí, interpretada por el rabel y que reproduce nota a nota esta melodía viajera. Tan nuestra y tan asturiana, pero que también se encontraba desde cientos de años en el códice de un polifonista medieval y en una 'nuba' arábigo andaluza.

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