«El modelo de radio generalista no está en crisis, basta ver cómo crea opinión»

Aboga por una televisión «que equilibre el entretenimiento con los valores éticos» en el ciclo 'Cultura y medios de Comunicación' José Manuel Velasco Presidente de Directivos de la Comunicación (Dircom)

RAFA BALBUENAAVILÉS.
Velasco, antes de su charla de ayer en la Casa de Cultura. ::
                             MARIETA/
Velasco, antes de su charla de ayer en la Casa de Cultura. :: MARIETA

Las jornadas 'Cultura y Medios de Comunicación' que organiza 'El Revistín' en su 30 aniversario fueron inauguradas ayer en la Casa de Cultura. El encargado de pronunciar la conferencia de apertura fue José Manuel Velasco, presidente de la asociación Dircom (Directivos de la Comunicación) y director de Relaciones Corporativas en la empresa Fomento de Construcciones y Contratas. El periodista avilesino habla en esta entrevista sobre el objeto de su ponencia, titulada '¿Cultura de consumo o consumo de cultura?'.

-En la España actual, ¿la cultura se consume o es el propio consumismo el que 'devora' la cultura como cualquier otro producto?

-Ha habido una cultura de consumo que es la que en parte nos ha llevado al punto actual, en el que vemos que lo que se empleó en bienes superfluos y de disfrute inmediato ayudó a inflar un supuesto bienestar del que ahora vemos las consecuencias. Al tiempo que explotó la cultura de consumo, hizo lo mismo el consumo de cultura. Pero esto derivó en la presencia de un producto que, habitualmente, no distingue gastar en lo cultural con hacerlo en entretenimiento o en firmas comerciales.

-¿Y cómo se llega, en lo tocante a los medios de comunicación, a un desequilibrio tan grande entre propuestas culturales y ocio de calidad?

-En el caso de la televisión, es un reflejo de la sociedad que tenemos. Un tanto frívola y superficial, sí, ya que en los últimos años ha cultivado una supuesta riqueza en los excesos, y como tal lo refleja. Yo no creo que la televisión sea mala 'per se'; lo que es malo es que apele a lo más elemental de nosotros. Una televisión que apueste por el entretenimiento debe ser compatible con contenidos que no olviden principios tan básicos como el rigor informativo y la formación de criterio sobre lo que nos rodea, sin deformar la realidad.

-¿Qué pasos habría que dar para mantener una televisión en la que pudiesen convivir en armonía propuestas como 'Sálvame' y 'Redes'?

-Hace falta un trabajo serio sobre los valores culturales que mueven las audiencias. Estos son los que establecen la primacía de unos programas frente a los otros, en términos cuantitativos, pero no de influencia. El puro entretenimiento tiene como 'castigo' que no influye en las decisiones personales de los televidentes, y menos todavía en los que tienen más poder en las administraciones públicas. Estos deben estimular que se fomenten valores como el mérito, el esfuerzo, el pensamiento y demás valores universales, en detrimento de esa visión frívola que vivimos.

-Hablemos del papel que juega la radio en esos mismos términos.

-En el caso de España, se da un fenómeno curioso: la radio generalista no está en crisis, ni lo ha estado hasta ahora, cosa que sí pasa con la televisión, donde triunfan los canales temáticos y las grandes cadenas tienden a centrar su oferta en unos pocos temas. Los modelos, los tiempos y los ciclos son diferentes en ambos medios, y volviendo al tema de la influencia, basta ver la fuerza de la opinión que tienen entre sus audiencias las figuras mediáticas de radio, los 'grandes comunicadores'. Eso nos llevaría a reflexionar también sobre la honestidad y el rigor a la hora de informar al que antes hice mención.

-¿Cómo ve Avilés desde la distancia?

-Quiero expresar mi preocupación por la situación, y hasta mi entristecimiento, por el despropósito que representa que en Avilés existan una Fundación Niemeyer, sin actividad en este momento, y unos edificios como los del Centro que llevaba su nombre sin ocupación práctica, también de momento. La repercusión lograda por la ciudad en medios de comunicación de todo el mundo fue rotunda, y los avilesinos no se merecen lo que está pasando. Por otra parte, la política es la misión más elevada en la sociedad, y su fin no es fomentar crispación sino solucionar problemas.