Análisis de 'egas'

Egagrópila de Lechuza. ::
                             MAVEA/
Egagrópila de Lechuza. :: MAVEA

Como los pájaros no tienen dientes ni manos, la mayoría de ellos tragan directamente el alimento, tanto partes blandas como duras imposibles de digerir. En el estómago separan los restos incomestibles y los vomitan en forma de bola (que es la forma del estómago): esta bola se llama egagrópila. Pero como ese nombre técnico no es muy manejable, nosotros solemos denominarlas 'egas'.

Las egas son muy diferentes según lo que haya comido el pájaro y según la especie. Así, bastantes veces se puede saber de quien es la ega sólo por su forma y aspecto. Algunas rapaces se ayudan de las garras y arrancan la carne de las presas, por lo que sus egas tienen pocos huesos y son más difíciles de identificar.

Bastantes especies tragan piedras a propósito (ej., gorriones), para que sirvan de mortero en su molleja (zona del estómago), donde van triturando las semillas y algunos otros alimentos duros. Por lo tanto, muchas aves necesitan lugares donde recoger pequeñas piedras, cascajos. En las zonas de caza suelen coger los perdigones que caen de los cartuchazos, y en las de pesca los pesos-plomos que con frecuencia se pierden, lo que supone un grave problema de envenenamiento por plomo. Esto se está evitando prohibiendo el uso de cartuchos con plomo y suministrando cascajo en reservas naturales.

Algunas aves se purgan con hierbas (por ejemplo, las rapaces), incluso tragándose sus propias plumas (por ejemplo, somormujos), para que los huesos afilados en el primer caso, y las espinas de los peces en el segundo, se enganchen en esas masas de hierbas y plumas y no dañen su interior.

Todo tipo de objetos

Cuando la competencia por el alimento es grande, los pájaros tragan aprisa tanto la comida como objetos que están junto a ella, sobre todo en los basureros. Así, en egas de gaviotas encontramos todo tipo de objetos: mecheros, todo tipo de metales, monedas, huesos de todo tipo, cristales (algunos enormes), plásticos variados, etc.

¿Para qué sirve analizarlas? Por una parte, para saber lo que comen las aves en diferentes épocas del año y en diversas zonas, y por otra parte para conocer qué presas hay en esos momentos del año. Así, una manera de estudiar las comunidades de pequeños roedores, es viendo el porcentaje de su aparición en las egagrópilas.

¿Cómo se analizan? Hay dos métodos: seco y húmedo. El húmedo consiste en poner a remojo la ega y esperar horas a que el agua vaya separando el pelo y pluma de los huesos. En el taller que está dando Mavea esta semana en el Centro Comercial El Atrio, lo estamos haciendo en seco, es decir, abriendo la ega a mano. Hay gente a la que le da asco en un principio, hasta que se da cuenta que las egas suelen estar bastante limpias y no huelen. Engancha tanto analizarlas, que muchas veces los más escrupulosos son los que luego nos piden egas para llevar a casa (sin que su madre las detecte).

Así, primero separamos los huesos del resto. Entre los huesos nos interesan especialmente los cráneos, ya que los roedores se identifican fácilmente por sus cráneos. Ayudándonos de una lupa, vemos la forma de sus dientes y podremos utilizar una clave para identificar la especie. También nos interesan las caderas, para diferenciar a los machos de las hembras.

Al final, apuntamos cuantos ejemplares de cada especie se comió esos días, y así podemos hacer un estudio a lo largo del tiempo.